La preocupación de la Iglesia por las cuestiones sociales no es nueva, sino que tiene raíces profundas en las Sagradas Escrituras, los Evangelios y los escritos apostólicos, y se ha desarrollado a través de los Padres de la Iglesia y los grandes Doctores de la Edad Media1. Sin embargo, el término «doctrina social» fue acuñado por el Papa Pío XI1, quien la describió como un cuerpo unificado de enseñanzas que se desarrollan mediante la claridad y la aplicación2.
Un hito fundamental en la formalización de la DSI fue la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII en 18911. Este documento marcó el inicio de un nuevo camino en la enseñanza social de la Iglesia, abordando las condiciones de los trabajadores y la cuestión obrera en el contexto de la Revolución Industrial1. Desde entonces, la DSI ha sido enriquecida por numerosos documentos papales y episcopales, que han adaptado sus principios a las cambiantes realidades históricas y sociales3,4.
El Papa Juan Pablo II subrayó que la DSI es una parte esencial del mensaje cristiano y un instrumento válido de evangelización5,6. Su objetivo es ayudar al ser humano en el camino de la salvación, revelando su verdadera identidad a la luz de la fe y el Evangelio6.
