Orígenes patrísticos y tradiciones tempranas
Desde el siglo II los Padres de la Iglesia presentan a María como la «nueva Eva», estrechamente vinculada al «nuevo Adán» y anticipadora de la victoria sobre el pecado y la muerte1. Los relatos apócrifos del Transitus Mariae, surgidos en los siglos II‑III, ya aluden a la elevación de su cuerpo al cielo, señalando una intuición de fe entre los primeros cristianos2.
Evolución litúrgica y devocional
En el Oriente la celebración de la «Dormición» y la «Asunción» se consolidó entre los siglos V‑VI, mientras que en Occidente la devoción se difundió rápidamente a partir del siglo XIV, convirtiéndose en una creencia prácticamente universal entre los fieles2. El relato de Alban Butler subraya que, aunque la muerte de María era objeto de debate, negar su asunción corporal se consideraba impío y blasfemo en el siglo XVIII, lo que muestra la profunda arraigación del sentido dogmático antes de su definición formal3.
Camino hacia la definición dogmática
A lo largo de los siglos la Iglesia recogió testimonios de los obispos y del pueblo, manifestando una «unanimidad casi total» que preparó el terreno para la definición infalible. El Papa Pío XII señaló que la petición de los obispos de todo el mundo fue decisiva para proclamar la Asunción como verdad revelada por Dios1.

