La primacía causal de Dios
Dios es la causa primera porque causa el ser mismo de las criaturas. Ninguna criatura puede producir el ser desde la nada. Toda causa creada actúa sobre una realidad ya existente y dentro de las capacidades que ha recibido.
La causalidad divina alcanza tanto la existencia de las criaturas como su capacidad de actuar. Dios da el ser a las criaturas, conserva sus potencias y sostiene su actividad. La causalidad divina no compite con la causalidad creada, porque Dios actúa en un orden radicalmente distinto del orden de las criaturas.
Las causas segundas
Las criaturas son causas segundas cuando producen efectos propios mediante sus capacidades naturales o libres. Por ejemplo:
- El fuego calienta.
- Una planta crece y produce fruto.
- Los padres engendran hijos.
- El ser humano piensa, decide y actúa.
- Una causa física produce un efecto físico conforme a sus propiedades.
Dios no sustituye estas causas. Al contrario, hace posible que actúen como causas reales. La tradición tomista explica que Dios mueve y aplica las criaturas a sus actos conforme al modo propio de cada naturaleza. Por eso, las criaturas actúan verdaderamente y no como meras apariencias.
Dios constituye la causa primera y las criaturas ejercen una causalidad secundaria e instrumental. Ambas causalidades pueden concurrir en un mismo efecto sin situarse en el mismo plano. Dios causa el ser y la actividad de la criatura; la criatura produce el efecto mediante su propia forma de actuar.
Autonomía de lo creado
La dependencia respecto de Dios no destruye la autonomía de las criaturas. Una criatura es autónoma en sentido limitado cuando actúa conforme a su naturaleza, a sus leyes propias y a sus capacidades. La autonomía creada no significa independencia absoluta, porque ninguna criatura existe ni actúa al margen de Dios.
La verdadera doctrina católica evita dos errores opuestos:
- El ocasionalismo, que reduciría la actividad de las criaturas a una apariencia y atribuiría directamente a Dios todos los efectos particulares.
- El deísmo, que afirmaría que Dios creó el universo y después dejó de sostenerlo o gobernarlo.
Dios causa que las criaturas sean causas. Su acción sostiene la libertad humana, la naturaleza y el orden del mundo, en lugar de anularlos. La causalidad divina y la causalidad creada no compiten, porque Dios constituye el fundamento de toda causalidad creada.