El Credo y la confesión de fe
En el Credo la referencia a Dios como creador del cielo y la tierra se sitúa como la primera declaración de fe, subrayando que la creación es el punto de partida de toda la revelación divina1. Esta confesión se encuentra también en el Símbolo Niceno‑Constantinopolitano, que profesa que «Dios es Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles»3.
El Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo recoge de forma sistemática este dogma:
En el número 47 se afirma que la existencia de Dios puede conocerse con certeza por la luz natural de la razón2.
En el número 295 se declara que Dios creó el mundo «de la nada» y que su acto creativo procede de su libre voluntad4.
En el número 49 se recuerda que sin el Creador la criatura no existiría, lo que refuerza la necesidad de reconocer a Dios como origen de todo ser5.
En el número 286 se destaca que la inteligencia humana puede responder a la pregunta del origen mediante la razón, aunque la fe ilumina y confirma esa certeza6.
La tradición patrística y magisterial
El Enchiridion Symbolorum (Dz 800) proclama que «Dios es el creador de todas las cosas visibles e invisibles, que por su poder omnipotente creó cada criatura de la nada»7. Asimismo, el Enchiridion (Dz 790) afirma que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son «el creador, el hacedor, el gobernante y el dispensador de todas las cosas corporales y espirituales»8.
El Papa Juan Pablo II, en su Audiencia General del 5 de marzo 1986, subrayó que la verdad de fe sobre la creación se opone radicalmente a las teorías materialistas y confirma que «el mundo tiene su inicio en el Creador, que es Dios Uno y Trino»9.
