Concilios de Florencia y Trento
El dogma se consolidó en los Concilios de Florencia (1439) y Trento (1563), donde la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, afirmó la existencia del purgatorio y la necesidad de los sufrágios de los fieles para ayudar a las almas allí detenidas. El Decreto del Concilio de Trento insiste en que la doctrina debe ser creída, mantenida y proclamada por todos los fieles, y que los sufrágios, especialmente el sacrificio de la Misa, son esenciales para la beneficencia de los difuntos.
Declaraciones papales y documentos magisteriales
El Papa Juan Pablo II, en su Audiencia General de 1999, explicó que el purgatorio es «el proceso de purificación para los que mueren en amor de Dios pero que no están completamente impregnados de ese amor». En su carta al abad de Cluny (1998), el mismo pontífice subrayó que «las oraciones de intercesión y petición… tienen gran valor» y que «las almas detenidas en el purgatorio son ayudadas por las oraciones de los fieles y, sobre todo, por el sacrificio aceptable del altar».