Inspiración divina y autoridad de la Sagrada Escritura
La Iglesia enseña que Dios es autor de la Sagrada Escritura, actuando a través de los autores humanos que, bajo la guía del Espíritu Santo, transmiten la verdad salvadora sin error1,2. El Concilio Vaticano II declara que «todos los que los autores inspirados afirmen deben ser considerados como afirmados por el Espíritu Santo» y que los libros «enseñan firmemente, fielmente y sin error la verdad que Dios, para la salvación, quiso confesar»1.
Concepto de inerrancia
El magisterio define la inerrancia como la imposibilidad de error en todo lo que la Escritura afirma como verdad doctrinal y moral. Según José Ratzinger, la inspiración implica que «todo lo que los escritores sagrados afirmen debe ser afirmado por el Espíritu, quien no puede decir nada falso»3. Divino Afflante Spiritu reitera que no es admisible limitar la verdad de la Escritura a cuestiones de fe y moral, sino que también abarca los enunciados «seculares» cuando están vinculados al mensaje de salvación4,5.

