Orígenes patrísticos
Los Padres de la Iglesia ya defendían la inmortalidad del alma como una verdad revelada. En sus escritos se recurre a la idea de que el alma es «semilla de eternidad» que sólo Dios puede crear y que, por tanto, no puede perecer1.
Desarrollo magisterial
El Concilio Vaticano II reafirmó que el ser humano es «uno, hecho de cuerpo y alma» y que el alma es inmortal, no producida por los padres sino creada por Dios2. La Declaración Dignitas Infinita (2024) subraya que el alma, al ser espiritual, posee una existencia propia que trasciende la muerte corporal3.
Definiciones del Magisterio y documentos oficiales
La Carta sobre cuestiones de eschatología (1979) declara que «un elemento espiritual sobrevive y subsiste después de la muerte… se designa con la palabra ‘alma’»4.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CCC) afirma que el ser humano está «dotado de una alma espiritual e inmortal» desde su concepción5.
El Compendio del Catecismo repite que la alma espiritual no proviene de los padres, sino que es creada inmediatamente por Dios y es inmortal6.

