La Revelación como depósito de la fe
La doctrina católica distingue entre la Revelación divina, recibida de Dios, y las elaboraciones intelectuales mediante las cuales la Iglesia la comprende y la expresa. El depositum fidei-depósito de la fe- comprende la totalidad de la Revelación confiada a la Iglesia, transmitida mediante la Sagrada Escritura y la Tradición apostólica.
El depósito de la fe no constituye una hipótesis filosófica perfeccionable por el ingenio humano. El Concilio Vaticano I lo describió como un depósito divino confiado a la Iglesia para que lo custodie fielmente y lo anuncie de manera infalible. Por este motivo, el sentido de los dogmas declarado por la Iglesia debe conservarse siempre, sin abandonarlo bajo el pretexto de alcanzar una comprensión más profunda.1
La Iglesia no recibe nuevas revelaciones públicas que completen o corrijan la Revelación apostólica. Su misión consiste en custodiar íntegramente lo recibido, interpretarlo, extraer sus consecuencias, mostrar sus conexiones internas y rechazar aquello que contradice la fe.2
Qué significa «inmutable»
La inmutabilidad afecta ante todo al contenido esencial y al sentido verdadero de la doctrina revelada. Una doctrina no deja de ser la misma porque adopte una expresión lingüística más precisa, porque reciba una explicación más desarrollada o porque encuentre una aplicación nueva ante circunstancias históricas distintas.
La fórmula clásica del Concilio Vaticano I resume este principio mediante la expresión latina in eodem scilicet dogmate, eodem sensu, eademque sententia: «en el mismo dogma, en el mismo sentido y en la misma interpretación». El Concilio admite el crecimiento de la inteligencia, del conocimiento y de la sabiduría en la Iglesia, pero exige que ese crecimiento permanezca dentro de la misma doctrina y del mismo significado.1
La inmutabilidad excluye, por tanto:
- La negación posterior de una verdad definida.
- La sustitución de una doctrina revelada por una opinión incompatible.
- La reinterpretación de un dogma en un sentido contrario al que la Iglesia ha enseñado.
- La introducción de una novedad que destruya la continuidad de la fe apostólica.
La inmutabilidad no excluye:
- Una explicación más clara.
- Una formulación teológica más exacta.
- Una definición dogmática que delimite una verdad ya contenida en la Revelación.
- Una aplicación pastoral o moral adecuada a nuevas circunstancias.
- Una profundización en las relaciones entre distintas verdades de la fe.
