La Última Cena como institución sacramental
En la cena pascual, Jesús tomó pan y vino y dijo: «Esto es mi cuerpo… Este vaso es la nueva alianza en mi sangre» (Mt 26, 26‑28; Mc 14, 22‑24; Lc 22, 19‑20). Estas palabras establecen un pacto que trasciende el simbolismo: el pan y el vino pasan a ser el Cuerpo y la Sangre de Cristo, alimento espiritual del creyente1.
Testimonio de los apóstoles y de los Padres de la Iglesia
San Ignacio de Antioquía afirma que el pan «no se vuelve una simple sustancia» sino que se convierte en el cuerpo de Cristo2. De igual modo, San Justino Mártir y Tertuliano subrayan la continuidad de la presencia divina en el sacramento, confirmando que «el cuerpo de Cristo se hace real en el pan y su sangre en el vino»2.

