Primer milenio: reconocimiento y formas de ejercicio
Durante los primeros siglos, la preeminencia de la Iglesia de Roma aparece relacionada con la predicación y el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en esa ciudad. Un estudio sobre la recepción del primado recoge como testimonio temprano la intervención de Clemente de Roma ante la comunidad de Corinto, hacia finales del siglo I, y recuerda la importancia que otros autores cristianos atribuyeron a la tradición apostólica romana.
La conciencia de un vínculo particular entre la sede romana y Pedro se hizo explícita de manera progresiva. El mismo estudio sitúa a mediados del siglo III testimonios que relacionan expresamente el primado romano con los pasajes evangélicos referidos a Pedro; desde entonces, esa fundamentación petrina pasó a ocupar un lugar principal en la explicación católica del primado.
Conviene distinguir, en la historia del primer milenio, la autoridad doctrinal de las formas administrativas de ejercerla. La primera concierne a la función de testimoniar y custodiar la fe, así como a la relación de la sede romana con la comunión de las Iglesias. La segunda comprende los modos concretos de intervención, coordinación y gobierno, que dependen también de las circunstancias eclesiales e históricas. Los testimonios históricos muestran un desarrollo de la comprensión y expresión del primado, no una forma administrativa idéntica en todas las épocas.,
La historia de las sedes patriarcales ayuda a precisar esta distinción. La tradición católica reconoce la importancia de antiguas sedes como Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, así como la autoridad regional que adquirieron mediante la tradición, las costumbres y las decisiones eclesiásticas. La teología católica distingue esos primados regionales, de desarrollo histórico y canónico, del primado universal romano, que atribuye a la institución de Cristo.,
En el curso del primer milenio, las formulaciones sobre la autoridad romana alcanzaron expresiones más desarrolladas. Un estudio histórico identifica el pontificado de Nicolás I, en el siglo IX, como un momento significativo de esa evolución, y describe el proceso como el paso de una convicción vivida en la Iglesia a una formulación más explícita. Esto permite hablar de desarrollo doctrinal sin concluir que la primacía surgiera entonces por primera vez.
De la tradición a la definición dogmática
La doctrina recibió una formulación solemne en el Concilio Vaticano I, en la constitución Pastor aeternus, promulgada en 1870. El concilio definió la institución de la primacía en Pedro, su transmisión a los obispos de Roma y la naturaleza de esa autoridad.,
La definición no pretende convertir cada práctica administrativa de una época en una institución inmutable. Distingue el fundamento permanente del primado de sus modalidades históricas. Un documento de la Curia romana explica que las formas de ejercicio deben comprenderse atendiendo tanto al desarrollo doctrinal como a las circunstancias cambiantes, y que la experiencia del primer milenio no puede trasladarse sin más al presente.