Texto apostólico
El apóstol Pablo resume la esencia del dogma en su primera carta a los Corintios: «…que Cristo murió por nuestros pecados… que fue sepultado… que resucitó al tercer día…»1. Esta formulación constituye la base bíblica sobre la que la Iglesia erige su enseñanza sobre la Resurrección.
El Credo y la tradición
El Credo Niceno‑Constantinopolitano proclama de forma inequívoca: «…resucitó al tercer día según las Escrituras»2, reafirmando que la Resurrección es una verdad revelada y transmitida desde los primeros siglos de la Iglesia3. La continuidad entre la Escritura y la Tradición garantiza la integridad del dogma.
