El mandato divino
Desde el Génesis, la Escritura presenta el matrimonio como una unión permanente: «Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gén 2, 24). Jesús reafirma este mandato en los Evangelios: «Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mt 19, 6)1.
El matrimonio como señal del amor de Cristo
San Pablo explica que el matrimonio es una gran señal del amor entre Cristo y su Iglesia (Ef 5, 32)2. Los Padres de la Iglesia y los concilios ecuménicos describieron esta analogía como el «gran misterio» del vínculo conjugal, señalando su carácter sacramental y su destino a la eternidad3.
