Revelación inicial
Desde los primeros capítulos de la Sagrada Escritura se percibe la unidad de Dios y, simultáneamente, la presencia de tres manifestaciones divinas. En el relato de la creación se menciona el Espíritu de Dios que sobrevuela las aguas (Génesis 1,2), y en el Evangelio de Juan el Hijo se declara idéntico al Padre (Juan 10,30). Estas referencias anticipan la verdad trinitaria sin formularla de manera sistemática1.
Desarrollo en el Antiguo Testamento
El Shema (Deuteronomio 6,4) afirma la unicidad de Dios, mientras que el propio texto menciona al Espíritu de Dios (Deuteronomio 33,2). Los profetas anuncian la venida del Hijo (Isaías 9,6) y la obra del Espíritu (Isaías 11,2), ofreciendo sombras de la plenitud trinitaria que se revelará en la era cristiana2.

