La santidad y justicia originales
Antes del pecado, los primeros padres vivían en un estado de santidad y justicia originales. La gracia santificante constituía el don sobrenatural que elevaba la naturaleza humana y la orientaba a la comunión con Dios. El pecado provocó la pérdida de ese don y dejó a la humanidad privada de la gracia original.,
La justicia original no era una propiedad exigida por la naturaleza humana en sentido estricto, sino un don gratuito de Dios. Por eso, la privación de ese don no significa que Dios haya creado una naturaleza mala, sino que la humanidad recibe una naturaleza privada de una elevación sobrenatural que los primeros padres debían transmitir junto con la vida humana.
Herida de la naturaleza humana
El pecado original no destruye completamente la naturaleza humana. La persona conserva la inteligencia, la voluntad, la libertad, la capacidad de amar y la orientación fundamental hacia el bien. Sin embargo, esas facultades quedan debilitadas y desordenadas.
El Catecismo describe las consecuencias de esta herida mediante cuatro realidades principales:
La inclinación al mal no convierte automáticamente en pecaminoso todo deseo o movimiento interior. La persona comete pecado personal cuando consiente libremente en una acción desordenada. El Concilio de Trento precisó que la concupiscencia permanece en los bautizados, pero no constituye pecado personal en quienes han renacido por el bautismo; recibe ese nombre porque procede del pecado y conduce hacia él.
Universalidad
El pecado original afecta a todos los descendientes de Adán. La Iglesia fundamenta esta universalidad en la solidaridad de toda la humanidad con el primer hombre y en la necesidad universal de la redención de Cristo. San Pablo vincula la entrada del pecado, la muerte y la condición pecadora de todos con la desobediencia de un solo hombre.,
La universalidad del pecado original no significa que todos posean el mismo grado de culpa personal ni que todos cometan los mismos pecados. Significa que nadie nace con la santidad y justicia originales y que toda persona necesita la gracia salvadora de Cristo.
Transmisión por propagación
La Iglesia enseña que el pecado original se transmite por propagación, no por imitación. El bautismo de los niños constituye una expresión litúrgica de esta doctrina: los niños todavía no pueden cometer pecados personales, pero reciben el bautismo para la remisión del pecado original.,
La transmisión no funciona como una transferencia física de una culpa personal ni como una herencia biológica en sentido científico. La teología explica que toda la humanidad participa de una misma naturaleza humana. Adán, como origen de esa naturaleza, recibió una justicia original destinada a transmitirse a sus descendientes; al perderla por el pecado, transmitió la naturaleza humana en un estado privado de aquel don.,
Santo Tomás de Aquino explica esta transmisión distinguiendo entre el pecado personal, que procede de la voluntad propia del individuo, y el pecado original, que afecta a la naturaleza humana en cuanto procede de la voluntad del primer padre de la humanidad. El pecado original llega a cada persona mediante la generación porque la naturaleza humana llega mediante la generación.