Un dogma, en su sentido estricto, es una enseñanza en la que la Iglesia presenta una verdad revelada de manera definitiva y obligatoria para la Iglesia universal1. La negación de un dogma se considera herejía y está sujeta a anatema1. Esta comprensión moderna del dogma, que incluye componentes doctrinales y jurídicos, tiene sus raíces en la Sagrada Escritura, particularmente en la autoridad de «atar y desatar» que Jesús confirió a su Iglesia (Mt 16:19; 18:18)1.
Los dogmas son verdades divinas inmutables, lo que significa que su esencia no cambia con el tiempo, aunque la comprensión de su significado completo pueda desarrollarse gradualmente2. La Iglesia enseña que la revelación divina se dirige a la mente humana y expresa una verdad objetiva y real2. Por lo tanto, los dogmas no son meras guías para la acción, sino verdades que deben ser creídas mentalmente2.
La autoridad del Magisterio de la Iglesia, que proviene de Cristo, se ejerce plenamente al definir dogmas, ya sea proponiendo verdades contenidas directamente en la revelación divina o verdades que tienen una conexión necesaria con ella de manera definitiva3.

