Los atributos divinos son las perfecciones que pertenecen a Dios y que la razón y la revelación permiten conocer de modo limitado. El Concilio Vaticano I enumera varios atributos: omnipotencia, eternidad, inmensidad, incomprensibilidad, infinitud en el entendimiento, en la voluntad y en toda perfección.
Estos atributos no son cualidades añadidas a Dios como propiedades separables. En virtud de su simplicidad, Dios no posee la bondad, la eternidad o la sabiduría del mismo modo que una criatura posee una cualidad. Dios es su propia bondad, su propia sabiduría y su propia perfección.
Omnipotencia
Dios es omnipotente porque posee poder ilimitado sobre todo lo creado. Su poder no depende de otra causa ni encuentra un límite exterior. La omnipotencia divina actúa siempre conforme a la sabiduría y a la bondad de Dios; por ello no significa que Dios pueda realizar contradicciones o actuar contra su propia naturaleza.
La creación constituye una manifestación de esa omnipotencia. Dios creó libremente las realidades espirituales y corporales, incluidos los ángeles, el mundo material y el ser humano, sin necesidad de aumentar su felicidad ni de completar algo que le faltara.
Eternidad
Dios es eterno. No comenzó a existir ni dejará de existir. Las criaturas viven dentro del tiempo y experimentan cambios; Dios trasciende el tiempo y no depende de una sucesión temporal para alcanzar su plenitud.
La eternidad divina no equivale a una duración temporal indefinida. Dios posee su ser de manera plena y permanente. Por eso, la creación no constituye un acontecimiento necesario para Dios, sino el resultado de una decisión libre.
Inmensidad y omnipresencia
Dios es inmenso, es decir, no queda limitado por el espacio. Está presente en todas las criaturas sin confundirse con ellas. La inmensidad divina expresa que Dios supera todo límite espacial y que ninguna realidad puede contenerlo.
La omnipresencia no significa que Dios sea idéntico a todas las cosas. Dios permanece trascendente y, al mismo tiempo, está íntimamente presente a la creación, sosteniéndola en su existencia.
Incomprensibilidad e infinitud
Dios es incomprensible porque ninguna inteligencia creada puede abarcar plenamente su esencia. La Iglesia puede conocer verdaderamente a Dios, pero nunca comprenderlo de forma exhaustiva. La incomprensibilidad no convierte el conocimiento religioso en una mera opinión: las afirmaciones sobre Dios pueden ser verdaderas, aunque nunca expresen todo el misterio divino.
Dios también es infinito en su entendimiento, voluntad y perfección. Su inteligencia no posee límites, y su voluntad no depende de una carencia ni de una necesidad exterior. La infinitud divina significa plenitud absoluta de ser y de perfección.
Inmutabilidad
Dios es inmutable. No cambia para perfeccionarse, corregirse o pasar de una imperfección a una plenitud mayor. Todo cambio implica adquirir o perder algo; Dios, que posee la plenitud del ser, no puede ganar ni perder perfección.
La inmutabilidad no significa indiferencia ante las criaturas. Dios puede actuar en la historia y entrar en relación con el ser humano sin sufrir una transformación en su esencia divina.
Bondad y felicidad absoluta
Dios es sumamente bueno y plenamente feliz en sí mismo. No creó el mundo para obtener una perfección que no poseía, sino para comunicar libremente su bondad. El Concilio Vaticano I enseña que Dios creó para manifestar su perfección mediante los bienes que concede a las criaturas.
La criatura recibe el ser y todos sus bienes de Dios. Dios, en cambio, no recibe de la criatura ningún aumento de perfección. La relación entre Dios y el mundo es, por tanto, una relación de dependencia de la criatura respecto del Creador.
Inteligencia y voluntad
Dios posee entendimiento y voluntad perfectos. No es una fuerza ciega ni una necesidad impersonal. Conoce todas las cosas y actúa libremente, de acuerdo con su sabiduría y su bondad. La afirmación conciliar de que Dios es infinito en entendimiento y voluntad rechaza las concepciones materialistas o panteístas que reducen la divinidad a una ley anónima de la naturaleza.