Un dogma cristológico es una verdad revelada por Dios y definida por la autoridad de la Iglesia como perteneciente a la fe católica. Estas definiciones no pretenden explicar exhaustivamente el misterio de Cristo, sino formularlo con precisión y excluir interpretaciones incompatibles con la fe apostólica.
La cristología católica parte de una afirmación fundamental: Jesucristo es una única Persona, la Persona divina del Hijo o Verbo eterno. Esta Persona subsiste en dos naturalezas completas, la divina y la humana. Por tanto, la unidad personal tiene prioridad lógica y ontológica sobre la distinción de naturalezas: no existen en Jesucristo dos personas, dos sujetos o dos individuos, sino un solo Hijo de Dios.1
La distinción entre persona y naturaleza resulta esencial:
- La persona responde a la pregunta «¿quién es?»: en Cristo, el Hijo eterno de Dios.
- La naturaleza responde a la pregunta «¿qué es?»: Cristo es verdadero Dios según la naturaleza divina y verdadero hombre según la naturaleza humana.
Esta distinción evita dos errores opuestos: reducir la humanidad de Jesús a una apariencia y dividirlo en un sujeto divino y otro humano.
