El color rosa
El color litúrgico ordinario del Adviento es el morado o violeta. En el tercer domingo, el sacerdote y los demás ministros que corresponda pueden vestir ornamentos de color rosa, un color más claro que introduce visualmente un momento de alegría moderada.
La Iglesia no presenta el rosa como un color independiente de todos los demás colores litúrgicos, sino como una posibilidad tradicional vinculada a los domingos de Gaudete y de Laetare. La Homilética describe los ornamentos rosas del tercer domingo como una expresión de alegría serena, no estridente.
El uso del rosa no es obligatorio. Cuando una comunidad no dispone de ornamentos de este color, puede emplear el morado propio del Adviento. La ausencia del rosa no disminuye el carácter litúrgico del domingo.
El introito Gaudete
El introito tradicional comienza con la exhortación:
«Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. El Señor está cerca».
Este canto da nombre al domingo y concentra su mensaje espiritual. La Iglesia proclama que la alegría procede de la proximidad de Cristo. San Juan Pablo II recordó que la denominación «Gaudete» deriva precisamente de las palabras de san Pablo a los Filipenses y que la liturgia invita a alegrarse porque se aproxima la celebración del nacimiento del Señor.
En la celebración según el Misal Romano vigente, el canto de entrada puede adoptar diversas formas legítimas. El nombre tradicional del domingo permanece unido al texto latino del introito, aunque la asamblea participe mediante un canto en lengua vernácula.
Las lecturas bíblicas
Las lecturas del tercer domingo de Adviento presentan habitualmente tres grandes líneas:
- La promesa de la salvación, anunciada por los profetas.
- La alegría ante la proximidad del Mesías.
- La necesidad de preparar el camino del Señor mediante una vida convertida y coherente.
El profeta Isaías ofrece una imagen de esperanza para quienes atraviesan la desolación: el desierto florece y el pueblo recupera la alegría. Esta imagen adquiere su plenitud en Cristo, que inaugura la reconciliación de la humanidad con Dios.
La predicación de san Juan Bautista introduce un elemento de discernimiento. La proximidad del Mesías no permite una espera pasiva. Juan llama a reconocer la presencia de Cristo y a preparar el corazón para recibirlo. La tradición litúrgica del domingo presenta al Bautista como testigo de aquel que ya está en medio del pueblo, aunque muchos todavía no lo reconozcan.
El aleluya y la música
El Adviento mantiene el aleluya antes del Evangelio, a diferencia de la Cuaresma, en la que este canto queda omitido. Este dato litúrgico manifiesta que la espera del Adviento posee un tono de esperanza gozosa y no equivale a la austeridad cuaresmal. La tradición litúrgica del tercer domingo acentúa especialmente la alegría de la espera y la cercanía del Señor.
El órgano y los demás instrumentos musicales aprobados pueden utilizarse durante el Adviento, pero con una moderación acorde con el carácter del tiempo, evitando anticipar la alegría plena de la Navidad. La normativa litúrgica vigente no establece una prohibición absoluta de la música instrumental durante todo el Adviento ni una excepción específica reservada únicamente al Domingo de Gaudete.
Por ello, el órgano puede acompañar el canto de la asamblea y contribuir a la solemnidad de la celebración, siempre que la elección musical conserve la sobriedad propia del Adviento. El Domingo de Gaudete permite una expresión más luminosa de la alegría, pero no convierte la misa en una celebración navideña anticipada.
La decoración floral
La decoración del altar durante el Adviento debe mantener una moderación adecuada. La normativa litúrgica no prohíbe las flores durante este tiempo, sino que pide evitar una ornamentación que anticipe prematuramente la alegría plena de la Navidad. Las flores deben disponerse con sobriedad y colocarse alrededor del altar, no sobre la mesa del altar.
En consecuencia, el Domingo de Gaudete no exige una decoración floral abundante ni autoriza cualquier forma de ornamentación festiva. La comunidad puede emplear flores con mayor libertad expresiva que en otros momentos del Adviento, pero siempre dentro de los criterios generales de moderación, dignidad y armonía litúrgica.
La prohibición de las flores corresponde a la Cuaresma, con la excepción del Domingo de Laetare, de las solemnidades y de las fiestas. No debe trasladarse esa disciplina cuaresmal al Adviento.
La corona de Adviento
La corona de Adviento acompaña el camino de las cuatro semanas mediante el encendido progresivo de sus velas. En el Domingo de Gaudete, la tercera vela suele presentar un color rosa, mientras que las restantes acostumbran a ser moradas o violetas. Esta disposición popular expresa visualmente el carácter especial del domingo.
La corona no sustituye a los signos centrales de la liturgia ni debe adquirir una presencia desproporcionada en el presbiterio. Su función consiste en ayudar a la comunidad a percibir el avance del Adviento hacia la Navidad y a recordar que la luz de Cristo crece en medio de la espera.