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Domingo de Gaudete

El Domingo de Gaudete es el tercer domingo del tiempo de Adviento en el calendario litúrgico romano. Recibe su nombre de la primera palabra del canto de entrada de la misa: Gaudete, «alegraos». La liturgia invita a vivir con gozo la espera del nacimiento de Jesucristo y de su venida gloriosa, porque «el Señor está cerca». El color litúrgico propio es el rosa, como expresión de una alegría serena en medio del camino de preparación adviento.1

Advent wreath with violet and rose candles 3
Ver información de la imagenCorona de adviento con velas violetas y rosas - 3 luces, c. 2015. Correo electrónico del autor, PHILIP János, CC0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDomingo de Gaudete
CategoríaEvento
DescripciónTercer domingo del tiempo de Adviento, marcado por el color rosa y la alegría. Alegría cristiana por la cercanía del Señor
Contexto HistóricoEvolución del Adviento a cuatro semanas y la introducción de la pausa gozosa
ImportanciaMarca una pausa de alegría dentro de la espera y vigilancia del Adviento
OrigenIntroito latino del evangelio a los Filipenses (Filipenses 4,5)
SimbolismoColor rosa, tercera vela de la corona de Adviento, introito Gaudete
TipoFiesta litúrgica, Tercer domingo del Adviento
Uso LitúrgicoOrnamentos rosas, música moderada, decoración floral sobria

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra latina gaudete significa «alegraos» o «regocijaos». Procede del comienzo del introito tradicional de la misa, tomado de la carta de san Pablo a los Filipenses:

«Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. El Señor está cerca».

La Iglesia emplea este texto para expresar el sentido espiritual del tercer domingo de Adviento: la alegría cristiana nace de la proximidad del Señor, no de una emoción pasajera ni de la ausencia de dificultades.2

El Domingo de Gaudete también recibe el nombre de Domingo de la Alegría. En algunas lenguas conserva directamente la denominación latina, mientras que en español resulta habitual hablar del «tercer domingo de Adviento» o del «Domingo de Gaudete».

Lugar dentro del tiempo de Adviento

El Adviento comprende las semanas que preceden a la Navidad. Su finalidad consiste en preparar a los cristianos para celebrar la primera venida de Cristo en la humildad de Belén y para esperar su segunda venida al final de los tiempos. La liturgia mantiene, por tanto, una doble perspectiva: memoria agradecida de la Encarnación y vigilancia ante la venida definitiva del Señor.1

El tercer domingo ocupa una posición intermedia dentro de las cuatro semanas habituales del Adviento. La cercanía de la Navidad permite que la liturgia introduzca signos particulares de alegría, aunque el tiempo conserve su carácter propio de espera, conversión y vigilancia.

El Adviento no es una segunda Cuaresma

La tradición cristiana antigua conoció formas más prolongadas y austeras de preparación para la Navidad. En ciertos periodos históricos, el Adviento llegó a compararse con la Cuaresma y recibió incluso denominaciones relacionadas con un tiempo penitencial. Con el paso de los siglos, la duración y la intensidad de esas prácticas cambiaron, hasta configurarse el Adviento romano de cuatro semanas.1

Sin embargo, el Adviento no es una Cuaresma en sentido estricto. La Cuaresma posee un carácter penitencial particularmente intenso y conduce hacia la celebración de la Pascua mediante la oración, el ayuno y la limosna. El Adviento, por su parte, es ante todo un tiempo de espera gozosa, esperanza y preparación para la venida del Salvador. También invita a la conversión y a una sobriedad coherente con la espera, pero no reproduce sin más la disciplina cuaresmal.

El Domingo de Gaudete manifiesta precisamente este equilibrio: la Iglesia no abandona la vigilancia, sino que hace visible que la espera cristiana contiene ya una alegría fundada en la certeza de la salvación. San Juan Pablo II relacionó la alegría del domingo con la cercanía del nacimiento del Señor y recordó que el Adviento llama a la alegría junto con la vigilancia, la oración y la caridad.3

La alegría cristiana del Domingo de Gaudete

La alegría de Gaudete no equivale al entusiasmo superficial propio de una celebración meramente festiva. La liturgia invita a alegrarse porque Dios permanece fiel a sus promesas y porque Jesucristo ya ha venido, viene sacramentalmente en la Eucaristía y vendrá al final de la historia.

La Homilética del tercer domingo de Adviento resume esta triple venida de Cristo:

  • Cristo ha venido en la Encarnación.
  • Cristo viene ahora en la celebración de la Eucaristía y en la vida de la Iglesia.
  • Cristo vendrá de nuevo en gloria.2

Esta perspectiva impide reducir el Domingo de Gaudete a una cuenta atrás para la Navidad. La celebración dirige la mirada hacia el misterio completo de Cristo y enseña que la esperanza cristiana posee un fundamento presente: el Señor está cerca.

La alegría en medio de las dificultades

La exhortación paulina a alegrarse «siempre» no ignora el sufrimiento. La alegría cristiana puede coexistir con la enfermedad, el duelo, la pobreza, la soledad o la preocupación. No exige fingir una felicidad inexistente, sino reconocer que ninguna circunstancia tiene la última palabra sobre la vida de quien espera en Dios.

Las lecturas tradicionales del tercer domingo presentan la llegada del Salvador como una transformación de la realidad herida. El profeta Isaías anuncia que el desierto y la tierra reseca pueden alegrarse y florecer; también promete que el pueblo recibirá «gozo y alegría» y que desaparecerán la tristeza y el lamento.3

La alegría de Gaudete nace, por tanto, de la acción salvadora de Dios. No constituye una obligación psicológica ni una negación del dolor, sino una virtud teologal vinculada a la esperanza.

La liturgia del Domingo de Gaudete

El color rosa

El color litúrgico ordinario del Adviento es el morado o violeta. En el tercer domingo, el sacerdote y los demás ministros que corresponda pueden vestir ornamentos de color rosa, un color más claro que introduce visualmente un momento de alegría moderada.

La Iglesia no presenta el rosa como un color independiente de todos los demás colores litúrgicos, sino como una posibilidad tradicional vinculada a los domingos de Gaudete y de Laetare. La Homilética describe los ornamentos rosas del tercer domingo como una expresión de alegría serena, no estridente.2

El uso del rosa no es obligatorio. Cuando una comunidad no dispone de ornamentos de este color, puede emplear el morado propio del Adviento. La ausencia del rosa no disminuye el carácter litúrgico del domingo.

El introito Gaudete

El introito tradicional comienza con la exhortación:

«Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. El Señor está cerca».

Este canto da nombre al domingo y concentra su mensaje espiritual. La Iglesia proclama que la alegría procede de la proximidad de Cristo. San Juan Pablo II recordó que la denominación «Gaudete» deriva precisamente de las palabras de san Pablo a los Filipenses y que la liturgia invita a alegrarse porque se aproxima la celebración del nacimiento del Señor.4

En la celebración según el Misal Romano vigente, el canto de entrada puede adoptar diversas formas legítimas. El nombre tradicional del domingo permanece unido al texto latino del introito, aunque la asamblea participe mediante un canto en lengua vernácula.

Las lecturas bíblicas

Las lecturas del tercer domingo de Adviento presentan habitualmente tres grandes líneas:

  • La promesa de la salvación, anunciada por los profetas.
  • La alegría ante la proximidad del Mesías.
  • La necesidad de preparar el camino del Señor mediante una vida convertida y coherente.

El profeta Isaías ofrece una imagen de esperanza para quienes atraviesan la desolación: el desierto florece y el pueblo recupera la alegría. Esta imagen adquiere su plenitud en Cristo, que inaugura la reconciliación de la humanidad con Dios.3

La predicación de san Juan Bautista introduce un elemento de discernimiento. La proximidad del Mesías no permite una espera pasiva. Juan llama a reconocer la presencia de Cristo y a preparar el corazón para recibirlo. La tradición litúrgica del domingo presenta al Bautista como testigo de aquel que ya está en medio del pueblo, aunque muchos todavía no lo reconozcan.1

El aleluya y la música

El Adviento mantiene el aleluya antes del Evangelio, a diferencia de la Cuaresma, en la que este canto queda omitido. Este dato litúrgico manifiesta que la espera del Adviento posee un tono de esperanza gozosa y no equivale a la austeridad cuaresmal. La tradición litúrgica del tercer domingo acentúa especialmente la alegría de la espera y la cercanía del Señor.1

El órgano y los demás instrumentos musicales aprobados pueden utilizarse durante el Adviento, pero con una moderación acorde con el carácter del tiempo, evitando anticipar la alegría plena de la Navidad. La normativa litúrgica vigente no establece una prohibición absoluta de la música instrumental durante todo el Adviento ni una excepción específica reservada únicamente al Domingo de Gaudete.5

Por ello, el órgano puede acompañar el canto de la asamblea y contribuir a la solemnidad de la celebración, siempre que la elección musical conserve la sobriedad propia del Adviento. El Domingo de Gaudete permite una expresión más luminosa de la alegría, pero no convierte la misa en una celebración navideña anticipada.

La decoración floral

La decoración del altar durante el Adviento debe mantener una moderación adecuada. La normativa litúrgica no prohíbe las flores durante este tiempo, sino que pide evitar una ornamentación que anticipe prematuramente la alegría plena de la Navidad. Las flores deben disponerse con sobriedad y colocarse alrededor del altar, no sobre la mesa del altar.6

En consecuencia, el Domingo de Gaudete no exige una decoración floral abundante ni autoriza cualquier forma de ornamentación festiva. La comunidad puede emplear flores con mayor libertad expresiva que en otros momentos del Adviento, pero siempre dentro de los criterios generales de moderación, dignidad y armonía litúrgica.

La prohibición de las flores corresponde a la Cuaresma, con la excepción del Domingo de Laetare, de las solemnidades y de las fiestas. No debe trasladarse esa disciplina cuaresmal al Adviento.6

La corona de Adviento

La corona de Adviento acompaña el camino de las cuatro semanas mediante el encendido progresivo de sus velas. En el Domingo de Gaudete, la tercera vela suele presentar un color rosa, mientras que las restantes acostumbran a ser moradas o violetas. Esta disposición popular expresa visualmente el carácter especial del domingo.

La corona no sustituye a los signos centrales de la liturgia ni debe adquirir una presencia desproporcionada en el presbiterio. Su función consiste en ayudar a la comunidad a percibir el avance del Adviento hacia la Navidad y a recordar que la luz de Cristo crece en medio de la espera.

Espiritualidad del Domingo de Gaudete

Esperanza activa

El Domingo de Gaudete propone una esperanza activa. Esperar a Cristo implica ordenar la vida según el Evangelio, practicar la caridad y renovar la oración. La liturgia une la alegría con la vigilancia, la súplica y la acción de gracias.1

La esperanza cristiana no consiste en aguardar pasivamente un acontecimiento futuro. El discípulo prepara el camino del Señor mediante decisiones concretas:

  • Reconciliarse con Dios y con los demás.
  • Atender a las personas solas o necesitadas.
  • Practicar la generosidad.
  • Abandonar hábitos incompatibles con el Evangelio.
  • Participar dignamente en la Eucaristía.
  • Vivir la alegría sin convertir la Navidad en consumismo.

Alegría y caridad

La alegría de Gaudete posee una dimensión comunitaria. Nadie puede celebrar plenamente la cercanía del Salvador mientras ignora a quienes sufren. El anuncio de la salvación alcanza de modo particular a quienes viven en la tristeza, la pobreza o el desaliento. El mensaje profético presenta la venida de Dios como liberación y restauración del pueblo.3

Por esta razón, una práctica coherente con el Domingo de Gaudete consiste en compartir la alegría recibida. Una visita, una ayuda económica, una palabra de consuelo o una reconciliación pueden hacer visible la cercanía del Señor con más fuerza que una decoración abundante.

La presencia actual de Cristo

El Adviento no dirige exclusivamente la atención hacia Belén. Cristo está presente en la Iglesia, en la Palabra proclamada, en los sacramentos y de modo singular en la Eucaristía. La Homilética recuerda que el Señor viene ya en cada celebración eucarística del Adviento.2

El Domingo de Gaudete invita así a reconocer la presencia de Cristo en el presente. La Navidad no traerá a un Salvador ausente hasta ese momento: celebrará sacramentalmente el misterio de aquel que ya ha venido y que continúa actuando en su Iglesia.

Diferencia entre el Domingo de Gaudete y el Domingo de Laetare

El Domingo de Gaudete y el Domingo de Laetare comparten algunos signos litúrgicos, especialmente el posible uso de ornamentos rosas y una expresión moderada de alegría. Sin embargo, pertenecen a tiempos litúrgicos distintos y poseen significados propios.

AspectoDomingo de GaudeteDomingo de Laetare
Tiempo litúrgicoAdvientoCuaresma
SemanaTercer domingoCuarto domingo
PreparaciónNavidad y venida gloriosa de CristoPascua de la Resurrección
Color posibleRosaRosa
Tono espiritualAlegría esperanzada por la cercanía del SalvadorAliento gozoso en medio de la penitencia cuaresmal
Música y floresModeración propia del AdvientoPermiso particular dentro de la disciplina cuaresmal

El Domingo de Gaudete surge en un Adviento caracterizado por la espera gozosa, la vigilancia y la preparación para la Navidad. El Domingo de Laetare aparece en el centro de la Cuaresma como un descanso litúrgico que anima a perseverar en el camino penitencial hacia la Pascua. La tradición denomina a Laetare «domingo de la alegría» por el introito Laetare Ierusalem, «Alégrate, Jerusalén».7

La diferencia no depende únicamente del número de la semana. Gaudete orienta la alegría hacia la Encarnación y la proximidad del Señor; Laetare la relaciona con la luz pascual, el bautismo y el misterio de la redención. La Homilética vincula Laetare con la luz de Cristo, el bautismo y la Eucaristía.8

También difiere la normativa musical y floral. Durante la Cuaresma, el órgano y los instrumentos musicales únicamente pueden acompañar el canto, salvo en el Domingo de Laetare, las solemnidades y las fiestas. En el Adviento, por el contrario, los instrumentos pueden emplearse con moderación durante todo el tiempo, sin anticipar la alegría completa de la Navidad.5

Respecto a las flores, la Cuaresma mantiene una prohibición general para la decoración floral del altar, con la excepción del Domingo de Laetare, las solemnidades y las fiestas. El Adviento pide moderación, pero no establece esa prohibición general.6

Historia litúrgica

La historia del Adviento muestra una evolución de su duración y de sus prácticas ascéticas. En los primeros siglos, algunas Iglesias celebraban periodos de preparación más largos para la Navidad. Con el tiempo, el Adviento quedó configurado en cuatro semanas en el rito romano, aunque antiguas tradiciones conservaron durante siglos una tonalidad penitencial más marcada.1

La tradición del tercer domingo como pausa gozosa dentro de la espera guarda analogía con el cuarto domingo de Cuaresma. La liturgia romana desarrolló signos diferenciados para expresar ese cambio de tono: el texto del introito, el color rosa y una mayor manifestación musical y ornamental, siempre interpretada conforme a la disciplina litúrgica de cada tiempo.

El nombre Gaudete quedó unido al introito latino procedente de Filipenses 4, 4-5. La antigüedad de este canto explica que el domingo conserve una denominación latina incluso en las celebraciones actuales en lengua vernácula.4

Celebración en la vida parroquial

Una parroquia puede vivir el Domingo de Gaudete mediante una celebración sobria y alegre. La liturgia admite diversos recursos pastorales, siempre que respeten la primacía de la Eucaristía y el carácter del Adviento.

Entre las prácticas adecuadas destacan:

  • Emplear ornamentos rosas cuando la comunidad dispone de ellos.
  • Escoger cantos que expresen esperanza y alegría cristiana.
  • Acompañar el canto con el órgano de forma moderada.
  • Mantener una decoración floral sencilla.
  • Proclamar con claridad las lecturas.
  • Ofrecer una catequesis sobre la doble venida de Cristo.
  • Promover obras concretas de caridad.
  • Reservar momentos de silencio para la oración y la espera.

La alegría litúrgica no necesita ruido constante. El silencio, la escucha de la Palabra y la participación atenta también forman parte de una celebración auténticamente gozosa.

El Domingo de Gaudete y la preparación para la Navidad

La proximidad de la Navidad puede generar una tensión entre el sentido cristiano del Adviento y la presión comercial propia de estas fechas. Gaudete no invita a adelantar sin más las celebraciones navideñas, sino a reconocer que la salvación está cerca y a preparar el corazón para recibirla.

La celebración ayuda a distinguir entre:

  • La alegría cristiana, fundada en Cristo.
  • La satisfacción pasajera, dependiente del consumo o del entretenimiento.
  • La esperanza, que permanece incluso durante el sufrimiento.
  • La euforia, que desaparece cuando cambian las circunstancias.

La Iglesia propone una alegría abierta a Dios y al prójimo. La cercanía del Señor impulsa a la conversión, a la reconciliación y al servicio. Así, la preparación para la Navidad adquiere una dimensión espiritual y social, no únicamente familiar o festiva.

Símbolos principales

Los signos más característicos del Domingo de Gaudete son los siguientes:

  • El rosa: expresa una alegría serena dentro del Adviento.
  • La tercera vela de la corona: simboliza el avance hacia la Navidad.
  • El introito Gaudete: proclama la cercanía del Señor.
  • La música moderadamente más festiva: manifiesta la alegría sin anticipar plenamente la Navidad.
  • La decoración floral sobria: acompaña la celebración conforme a la normativa del Adviento.
  • Las lecturas sobre la salvación: anuncian la acción transformadora de Dios.
  • La figura de Juan Bautista: recuerda que la alegría auténtica requiere preparar el camino del Señor.

Valor teológico

El Domingo de Gaudete manifiesta que la liturgia cristiana no separa la penitencia de la alegría, ni la espera de la presencia, ni la conversión de la esperanza. El creyente aguarda al Señor porque Dios ya ha comenzado su obra salvadora.

La alegría tiene aquí una raíz cristológica: Cristo es la causa y el contenido del gozo. Él ha venido en la Encarnación, viene en la vida sacramental de la Iglesia y vendrá en gloria. La liturgia hace presente esta realidad mediante la Palabra, la Eucaristía, el canto y los signos propios del domingo.2

El Domingo de Gaudete proclama que la espera no conduce al vacío. El Señor está cerca, y esa cercanía permite vivir el Adviento con vigilancia, oración, caridad y alegría.

Citas y referencias

  1. Domingo de Gaudete. Enciclopedia Católica, Domingo de Gaudete (1913). 2 3 4 5 6 7
  2. Parte dos ars praedicandi - III. Los domingos de Adviento - B. El segundo y tercer domingo de Adviento, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 95 (2014). 2 3 4 5
  3. Papa Juan Pablo II. 16 de diciembre de 2001: Visita pastoral a la Parroquia Romana de «Santa María Josefa del Corazón de Jesús» - Homilía, 1 (2001). 2 3 4
  4. Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de Valme en Roma, Papa Juan Pablo II. 15 de diciembre de 1996, Visita a la Parroquia de Nuestra Señora de Valme en Roma, 1 (1996). 2
  5. Capítulo V la disposición y el mobiliario de las iglesias para la celebración de la eucaristía - III. La disposición de la iglesia - El lugar del coro y de los instrumentos musicales, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 313 (2003). 2
  6. Capítulo V la disposición y el mobiliario de las iglesias para la celebración de la eucaristía - II. Disposición del santuario para la sinaxis sagrada (asamblea eucarística) - El altar y sus aprestos, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 305 (2003). 2 3
  7. Domingo de Laetare. Enciclopedia Católica, Domingo de Laetare (1913).
  8. Parte dos ars praedicandi - II. Los domingos de Cuaresma - C. El tercer, cuarto y quinto domingo de Cuaresma, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 73 (2014).
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