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Dominica Jubilate (Domingo de Júbilo)

Dominica Jubilate, también llamada Domingo de Júbilo o Domingo Jubilate, es el nombre tradicional del tercer domingo después de Pascua en el calendario del rito romano anterior a la reforma litúrgica de 1969. La denominación procede de las primeras palabras del introito de la misa: «Jubilate Deo omnis terra», «Aclame a Dios toda la tierra», tomado del Salmo 65 según la numeración de la Vulgata. El nombre pertenece al sistema tradicional de identificar determinados domingos por su introito y no constituye la denominación oficial de un domingo concreto en el calendario romano actual.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDominica Jubilate (Domingo de Júbilo)
CategoríaEvento
Nombre CompletoDomingo de Júbilo
DescripciónDesignación litúrgica basada en el introito "Jubilate Deo omnis terra" tomado del Salmo 65 (Vulgata). Nombre tradicional del tercer domingo después de Pascua en el rito romano anterior a la reforma litúrgica de 1969. Literalmente “Domingo del Júbilo” o “Domingo de la Aclamación”
Contexto HistóricoForma parte del antiguo sistema de identificar domingos por su introito; dejó de usarse oficialmente tras la reforma litúrgica de 1969.
Fecha de CelebraciónTercer domingo después de Pascua (fecha variable cada año).
Importancia LitúrgicaMarca el tercer domingo del tiempo pascual, prolongando la alegría de la Resurrección y subrayando la universalidad de la alabanza cristiana.
OrigenProcede de las primeras palabras del introito de la misa, extraídas del Salmo 65 según la numeración de la Vulgata.
SalmoSalmo 65 (Vulgata) - corresponde al Salmo 66 en numeración hebrea.
TextoJubilate Deo omnis terra; psalmum dicite nomini eius; date gloriam laudi eius.
TipoFiesta litúrgica, Domingo, Tiempo Pascual, Tiempo Pascual (entre la Pascua y Pentecostés).
Uso LitúrgicoEn la Misa tradicional el introito Jubilate, aleluyas adicionales, lectura de 1 Pedro 2,111-19 y evangelio de Juan 16,16-22; está incluido en el Misal Romano de 1962.

Tabla de contenido

Denominación y significado

La expresión latina Dominica Jubilate significa literalmente «Domingo del Júbilo» o «Domingo de la Aclamación». El verbo jubilare no designa únicamente una alegría interior o un sentimiento de satisfacción. En el lenguaje bíblico y litúrgico expresa una alegría que irrumpe en la voz, en la alabanza y en la celebración pública de las obras de Dios.

El introito comienza con las palabras:

Jubilate Deo omnis terra; psalmum dicite nomini eius; date gloriam laudi eius.

«Aclame a Dios toda la tierra; cantad la gloria de su nombre, dadle honor con alabanzas».

La invitación posee un alcance universal. No convoca solamente a Israel ni a una comunidad local, sino a toda la tierra. La liturgia interpreta esta universalidad a la luz de la expansión de la Iglesia y de la proclamación del Evangelio a todos los pueblos. San Agustín relaciona el júbilo del salmo con la Iglesia extendida por todas las naciones y explica que la verdadera alegría cristiana nace de un corazón que reconoce las obras de Dios.2

Para san Agustín, el júbilo no consiste en producir un sonido vacío. La voz exterior debe corresponder a una alegría interior iluminada por la fe:

«¿De qué sirve aclamar y obedecer este salmo si no comprendemos qué es el júbilo, de modo que solo nuestra voz aclame y no nuestro corazón?».2

Lugar en el tiempo pascual

El tercer domingo después de Pascua

En el calendario romano tradicional, Dominica Jubilate ocupa el tercer domingo después del Domingo de Pascua. Forma parte de la serie de domingos pascuales que prolongan litúrgicamente la alegría de la Resurrección hasta la Ascensión y Pentecostés.

La antigua tradición litúrgica latina asignaba nombres propios a varios domingos de este período:

  • Primer domingo después de Pascua: Dominica in albis, posteriormente conocida como Domingo de Quasimodo o Domingo de la Octava de Pascua.
  • Segundo domingo después de Pascua: Domingo del Buen Pastor, llamado también Misericordias Domini por las primeras palabras de su introito.
  • Tercer domingo después de Pascua: Jubilate.
  • Cuarto domingo después de Pascua: Cantate.
  • Quinto domingo después de Pascua: Vocem iucunditatis.

La tradición litúrgica antigua contemplaba los cincuenta días entre Pascua y Pentecostés como un único tiempo de alegría pascual. Durante este período, el Oficio divino y la misa incorporaban numerosos aleluyas, y la liturgia presentaba la vida cristiana como una participación progresiva en la victoria de Cristo resucitado.3

La alegría pascual y las pruebas de la vida

El júbilo de este domingo no equivale a una existencia libre de sufrimientos. La liturgia tradicional une dos realidades aparentemente opuestas: la alegría de la Resurrección y la paciencia en medio de las dificultades.

El cristiano se alegra porque Cristo ha vencido el pecado y la muerte, pero todavía peregrina en un mundo marcado por la fragilidad, la injusticia y la prueba. La alegría pascual posee, por tanto, una raíz teologal: nace de la certeza de que el sufrimiento presente no tiene la última palabra.

La catequesis tradicional de este domingo exhortaba a los fieles a vivir con fidelidad las obligaciones de la vida cristiana y a soportar con paciencia las tribulaciones, orientados hacia la alegría definitiva del cielo.1

El introito Jubilate Deo omnis terra

El introito en la misa romana

El introito es el canto o antífona que acompaña la entrada del celebrante y de los ministros. En la forma tradicional del rito romano, normalmente consta de una antífona, un versículo de salmo, el Gloria Patri y la repetición de la antífona.

Su origen está vinculado al canto procesional que acompañaba la entrada del clero en la basílica. Con el paso del tiempo, el salmo procesional se redujo hasta adquirir la estructura habitual del introito.4

Los nombres de numerosos domingos y misas tradicionales proceden de las primeras palabras de este canto. Así ocurre con Ad te levavi, primer domingo de Adviento; Misericordias Domini, segundo domingo después de Pascua; Jubilate, tercer domingo después de Pascua; y Cantate, cuarto domingo después de Pascua.4

El Salmo 65

En la numeración de la Vulgata, el introito procede del Salmo 65, versículos 1-2. En muchas traducciones modernas basadas en la numeración hebrea, el mismo salmo aparece como Salmo 66.

La diferencia numérica no implica una diferencia de contenido. La Vulgata y la numeración hebrea dividen los salmos de manera distinta en algunos casos, especialmente entre los Salmos 9 y 147. Por este motivo, las referencias litúrgicas tradicionales pueden presentar un número diferente del que aparece en las Biblias contemporáneas.

El salmo invita a toda la tierra a aclamar a Dios y a cantar la gloria de su nombre. La alabanza no nace de una emoción superficial, sino del reconocimiento de las obras divinas. La Iglesia escucha en este salmo la voz de todos los pueblos reunidos en la unidad de la fe.

San Agustín interpreta la expresión «toda la tierra» como una imagen de la universalidad de la Iglesia. La alabanza cristiana no queda encerrada en un grupo, una región o una tradición particular, sino que abraza a todos los pueblos llamados a incorporarse a Cristo.5

Los aleluyas del tiempo pascual

Durante el tiempo pascual, el introito y otros cantos de la misa reciben una presencia especialmente intensa del aleluya. En el domingo Jubilate, la tradición romana añade varios aleluyas al texto del introito, como expresión litúrgica de la victoria de Cristo resucitado.4

El aleluya no es un simple adorno musical. La Iglesia lo emplea como una aclamación pascual: proclama que Dios ha actuado en favor de su pueblo y que la Resurrección de Jesucristo inaugura una creación renovada.

Lecturas de la liturgia tradicional

La primera carta de san Pedro

En el Misal Romano de 1962, la epístola del tercer domingo después de Pascua corresponde a 1 Pedro 2,11-19. San Pedro exhorta a los cristianos, como peregrinos y forasteros en el mundo, a mantener una conducta santa y a vivir con rectitud ante las autoridades y ante la sociedad.

La lectura presenta la vida cristiana como un testimonio público. El bautizado no puede separar la fe de su conducta cotidiana. La alegría pascual debe manifestarse en la pureza de vida, en el respeto al prójimo, en la obediencia legítima y en la paciencia ante el sufrimiento injusto.

Esta exhortación no convierte toda autoridad humana en absoluta. La obediencia cristiana queda subordinada a la ley de Dios y al bien moral. El pasaje invita, más bien, a evitar la rebeldía egoísta, el escándalo y la conducta que desacredita el nombre de Cristo.

El Evangelio según san Juan

El Evangelio tradicional del domingo corresponde a Juan 16,16-22. Jesús anuncia a los discípulos que por un poco de tiempo no lo verán y que después volverán a verlo. La predicción alude a su muerte, a la tristeza de los discípulos y a la alegría que brotará de su Resurrección.

Cristo utiliza la imagen de la mujer que da a luz: antes del nacimiento experimenta dolor, pero después olvida la angustia por la alegría de que haya nacido un ser humano. La comparación ilumina el misterio pascual. El sufrimiento de la Pasión no constituye una derrota definitiva, sino el camino hacia la gloria de la Resurrección.

El Señor promete a sus discípulos:

«Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría».

La liturgia aplica esta promesa a la vida de la Iglesia. El discípulo puede atravesar momentos de ausencia, oscuridad y prueba, pero la alegría recibida de Cristo posee una profundidad que el mundo no puede arrebatar.

La unidad de las lecturas

Las lecturas forman una unidad teológica clara:

  1. El introito convoca a toda la tierra a la alabanza.
  2. La epístola muestra cómo debe vivir el cristiano en medio del mundo.
  3. El Evangelio explica que la alegría pascual atraviesa el dolor y nace de la victoria de Cristo.

El domingo no presenta una alegría ingenua, ajena al sufrimiento. Propone la alegría cristiana como fruto de la fe, la perseverancia y la esperanza escatológica. El creyente se alegra porque Cristo vive, aunque todavía espere la manifestación plena de la gloria prometida.

El júbilo cristiano

Una alegría fundada en la Resurrección

La alegría cristiana no depende exclusivamente de las circunstancias favorables. El éxito, la salud, la estabilidad económica o el reconocimiento social pueden contribuir al bienestar humano, pero ninguno de ellos constituye el fundamento último del júbilo pascual.

La fuente de la alegría es Jesucristo resucitado. La Resurrección confirma que el Padre ha aceptado el sacrificio del Hijo, ha vencido la muerte y ha abierto para la humanidad el camino de la vida eterna.

Por eso, la Iglesia puede cantar durante la Pascua incluso cuando sus miembros sufren. El canto no niega el dolor; proclama que el dolor ha quedado incorporado al misterio redentor de Cristo y que aguarda una transformación definitiva.

La alabanza como respuesta de toda la Iglesia

El salmo no habla a individuos aislados, sino a la totalidad de los pueblos. La liturgia manifiesta así la dimensión católica de la fe. La Iglesia alaba con una sola voz, aunque reúna culturas, lenguas y tradiciones diferentes.

San Agustín describe el júbilo como la voz de un corazón que experimenta una alegría demasiado grande para expresarla plenamente con palabras. También vincula esa alabanza con la universalidad de la Iglesia católica, extendida por toda la tierra.5

Esta dimensión eclesial impide reducir el Domingo Jubilate a una experiencia privada. El júbilo alcanza su plenitud en la asamblea litúrgica, en la escucha de la Palabra, en la participación en el sacrificio eucarístico y en el canto común.

La relación entre alegría y obediencia

La epístola de san Pedro recuerda que la alegría pascual exige una transformación concreta de la vida. La alabanza pierde autenticidad cuando contradice la conducta del cristiano.

El Domingo de Júbilo invita a examinar:

  • La coherencia entre la fe y las decisiones diarias.
  • El respeto a la dignidad de los demás.
  • La paciencia ante las dificultades.
  • El cumplimiento responsable de los propios deberes.
  • La disposición a sufrir sin abandonar la esperanza.
  • La capacidad de dar testimonio de Cristo en la sociedad.

El júbilo auténtico no se limita a los labios. Incluye el corazón, la inteligencia, la voluntad y las obras.

Diferencia entre el calendario anterior a 1969 y el calendario actual

El calendario romano tradicional

En el calendario anterior a la reforma litúrgica de 1969, los domingos del tiempo pascual recibían con frecuencia una denominación derivada del introito propio de la misa. El tercer domingo después de Pascua era, por tanto, Domingo Jubilate.

En la forma del rito romano representada por el Misal Romano de 1962, el domingo contaba con textos propios para el introito, la colecta, la epístola, el gradual, el aleluya, el Evangelio, el ofertorio y la poscomunión. La identificación por el introito pertenecía al modo tradicional de ordenar y recordar el año litúrgico.

El calendario romano posterior a 1969

La reforma del calendario y del leccionario promulgada después del Concilio Vaticano II modificó profundamente la organización de los domingos. El nuevo orden litúrgico distribuyó las lecturas dominicales en un ciclo de tres años y amplió considerablemente la selección de textos bíblicos proclamados en domingos y solemnidades.6

El calendario actual denomina este período simplemente tiempo de Pascua y numera sus domingos como «domingo de Pascua» seguido del número correspondiente. La liturgia romana vigente no emplea oficialmente Dominica Jubilate como nombre propio del tercer domingo de Pascua.

Por tanto, conviene evitar dos anacronismos:

  • No debe afirmarse que el tercer domingo de Pascua del calendario actual posee siempre el introito Jubilate Deo omnis terra.
  • No deben atribuirse automáticamente al tercer domingo actual las lecturas, oraciones y cantos del tercer domingo después de Pascua del Misal de 1962.

El nombre Jubilate conserva valor histórico, litúrgico y espiritual dentro de la tradición romana anterior a 1969. Sin embargo, no identifica de manera automática una celebración concreta del calendario romano actual. Las reformas cambiaron tanto el calendario como la distribución de las colectas y de las lecturas.7

El uso actual del término

Actualmente, Domingo Jubilate puede utilizarse legítimamente en contextos históricos, musicológicos o relacionados con la celebración de la misa según los libros litúrgicos anteriores a la reforma de 1969.

También puede aparecer en estudios sobre el canto gregoriano, el calendario tradicional o la espiritualidad del tiempo pascual. El término no designa una fiesta autónoma ni una solemnidad independiente de la Pascua.

Música y canto litúrgico

El introito Jubilate Deo omnis terra pertenece al patrimonio del canto gregoriano. Su función original consiste en acompañar la entrada del celebrante y orientar desde el comienzo la celebración hacia la alegría pascual.

La tradición litúrgica romana concede al canto una función teológica además de estética. El canto permite que la asamblea proclame conjuntamente la fe y manifieste la unidad de la Iglesia. En 1974, la Santa Sede difundió el repertorio Jubilate Deo, preparado por iniciativa de Pablo VI, con una selección de cantos gregorianos destinada a facilitar que los fieles cantaran en latín algunas partes del ordinario de la misa, como el Gloria, el Credo, el Sanctus y el Agnus Dei.8

La misma comunicación presenta el canto gregoriano como un patrimonio propio de la liturgia romana y como un medio para expresar la unidad de la fe en medio de la diversidad legítima de lenguas y culturas.8

El vínculo entre el nombre Jubilate y el canto no es accidental. El domingo recibe su denominación de una aclamación cantada; la música litúrgica hace audible la alegría de la Iglesia y convierte el salmo en oración comunitaria.

Interpretación espiritual

La alegría que nace de la fe

El Domingo de Júbilo enseña que la alegría cristiana nace de una verdad objetiva: Cristo ha resucitado. No depende únicamente del estado de ánimo ni de la prosperidad temporal.

Esta alegría puede coexistir con el duelo, la enfermedad, la persecución o la incertidumbre. El cristiano no necesita fingir que el sufrimiento no existe. Puede llorar y, al mismo tiempo, conservar la esperanza porque la muerte de Cristo desembocó en la vida gloriosa.

La paciencia durante la peregrinación

La imagen del parto utilizada por Jesús expresa una dinámica pascual: el dolor puede preceder a una alegría mayor. La comparación no convierte automáticamente todo sufrimiento en algo bueno, pero enseña que Dios puede transformar la prueba y conducirla hacia la vida.

La paciencia cristiana no equivale a pasividad ante la injusticia. Consiste en permanecer fiel a Cristo, actuar rectamente y no permitir que la tribulación destruya la esperanza.

La dimensión misionera

La expresión «toda la tierra» contiene una orientación misionera. La Iglesia no guarda el anuncio pascual para sí misma. La Resurrección está destinada a todos los pueblos y reclama una respuesta universal.

La misión nace de la alabanza: quien reconoce las obras de Dios desea que otros también conozcan al Señor. El júbilo litúrgico conduce al testimonio, a la caridad y al anuncio del Evangelio.

Relación con otros domingos de nombre semejante

Dominica Jubilate pertenece a una familia de denominaciones litúrgicas tomadas de los introitos:

  • Gaudete, tercer domingo de Adviento, procede de Gaudete in Domino semper, «Alegraos siempre en el Señor».
  • Laetare, cuarto domingo de Cuaresma, procede de Laetare, Ierusalem, «Alégrate, Jerusalén».
  • Cantate, cuarto domingo después de Pascua, procede de Cantate Domino canticum novum, «Cantad al Señor un cántico nuevo».
  • Vocem iucunditatis, quinto domingo después de Pascua, procede de Vocem iucunditatis annuntiate, «Anunciad con voz de júbilo».

Estos nombres expresan diferentes matices de la alegría litúrgica. Gaudete y Laetare introducen un respiro de alegría en los tiempos penitenciales; Jubilate, Cantate y Vocem iucunditatis prolongan la celebración gozosa de la Pascua. La tradición documenta también el uso medieval de nombres semejantes para identificar fechas eclesiásticas y civiles.9

Importancia litúrgica e histórica

Dominica Jubilate ocupa un lugar relevante dentro de la tradición del rito romano por varias razones:

  1. Conserva el recuerdo de la estructura tradicional del año litúrgico.
  2. Manifiesta la centralidad del introito en la identificación de las misas.
  3. Prolonga la alegría de la Pascua durante el tiempo de los cincuenta días.
  4. Une la alabanza universal del Salmo 65 con la vida concreta del discípulo.
  5. Presenta la relación entre sufrimiento, paciencia y esperanza cristiana.
  6. Testimonia la importancia histórica del canto gregoriano en la liturgia romana.

El domingo no debe confundirse con una devoción dedicada a una santa llamada Dominica. La palabra Dominica procede aquí del latín litúrgico y significa «domingo», es decir, el día del Señor. El nombre compuesto Dominica Jubilate describe la celebración dominical a partir de su introito y no constituye una referencia principal a una persona canonizada.

Conclusión

El Domingo de Júbilo es el tercer domingo después de Pascua en el calendario romano tradicional, llamado así por el introito Jubilate Deo omnis terra, tomado del Salmo 65 según la numeración de la Vulgata. Su mensaje reúne la alegría universal de la Iglesia, la fidelidad cristiana en medio del mundo y la esperanza nacida de la Resurrección.

La denominación pertenece propiamente al sistema litúrgico anterior a 1969. El calendario romano actual conserva la celebración del tiempo pascual, pero no utiliza oficialmente Dominica Jubilate como nombre fijo ni mantiene necesariamente sus antiguas lecturas y oraciones. En su sentido histórico y espiritual, el término resume una de las convicciones centrales de la fe católica: la Iglesia aclama a Dios porque Cristo ha vencido la muerte, y ninguna tribulación puede arrebatar la alegría que procede de Él.

Citas y referencias

  1. Domingo de júbilo. Enciclopedia Católica, Domingo de júbilo (1913). 2
  2. Agustín de Hipona. Exposiciones sobre los Salmos - Salmo 100, 3. 2
  3. Marea pascual. Enciclopedia Católica, Marea pascual (1913).
  4. Introito. Enciclopedia Católica, Introito (1913). 2 3
  5. Agustín de Hipona. Exposiciones sobre los Salmos - Salmo 66, 2. 2
  6. Santidad Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, abril de 1969, 4 (1969).
  7. Lauren Pristas. Las colectas en la Misa dominical: Un examen de las revisiones del Concilio Vaticano II, 6 (2005).
  8. Sagrada Congregación para el Culto Divino - Carta Voluntati obsequens a los obispos, acompañando el folleto Jubilate Deo, 14 de abril de 1974, Sagrada Congregación para el Culto Divino. Voluntati obsequens, 1 (1974). 2
  9. Domingo de cántico. Enciclopedia Católica, Domingo de cántico (1913).
Modificado el 10 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.21Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/pqwxs1wfk

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