La expresión latina Dominica Jubilate significa literalmente «Domingo del Júbilo» o «Domingo de la Aclamación». El verbo jubilare no designa únicamente una alegría interior o un sentimiento de satisfacción. En el lenguaje bíblico y litúrgico expresa una alegría que irrumpe en la voz, en la alabanza y en la celebración pública de las obras de Dios.
El introito comienza con las palabras:
Jubilate Deo omnis terra; psalmum dicite nomini eius; date gloriam laudi eius.
«Aclame a Dios toda la tierra; cantad la gloria de su nombre, dadle honor con alabanzas».
La invitación posee un alcance universal. No convoca solamente a Israel ni a una comunidad local, sino a toda la tierra. La liturgia interpreta esta universalidad a la luz de la expansión de la Iglesia y de la proclamación del Evangelio a todos los pueblos. San Agustín relaciona el júbilo del salmo con la Iglesia extendida por todas las naciones y explica que la verdadera alegría cristiana nace de un corazón que reconoce las obras de Dios.2
Para san Agustín, el júbilo no consiste en producir un sonido vacío. La voz exterior debe corresponder a una alegría interior iluminada por la fe:
«¿De qué sirve aclamar y obedecer este salmo si no comprendemos qué es el júbilo, de modo que solo nuestra voz aclame y no nuestro corazón?».2


