Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega, España, alrededor del año 11703,1,2. Pertenecía a una noble familia de Castilla la Vieja1,2. Desde joven, mostró un profundo interés por el estudio de la Sagrada Escritura y una gran caridad hacia los pobres, llegando a vender sus valiosos libros para ayudar a las víctimas de una hambruna1,2. Fue ordenado sacerdote y se convirtió en canónigo del Capítulo de la Catedral de Osma, su diócesis natal, viendo este nombramiento como un servicio humilde y dedicado2.
El gran llamado de Domingo fue predicar el Evangelio del amor misericordioso de Dios en toda su verdad salvadora y poder redentor4. Su celo por el Evangelio y su deseo de una vida genuinamente apostólica lo llevaron a enfatizar la importancia de la vida en común4. En la fundación de la orden, Domingo eligió ser llamado «Hermano Domingo» en lugar de «subprior», lo que resalta su ideal de fraternidad4.
En 1215, Domingo presentó su petición para la aprobación de su incipiente instituto, pero el Concilio de Letrán IV se opuso a la institución de nuevas órdenes religiosas y consideraba la predicación como una función episcopal3. Sin embargo, al regresar a Languedoc, Domingo y sus seguidores adoptaron la antigua Regla de San Agustín, que era adaptable a sus propósitos3,1,2. En agosto de 1216, Domingo volvió a solicitar la confirmación de su orden, y el 22 de diciembre de 1216, el Papa Honorio III emitió la bula de confirmación3.

