Jesucristo, plenitud de la revelación
El primer capítulo afirma que Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, comunica la plenitud de la verdad divina. La declaración fundamenta esta doctrina en la Sagrada Escritura: Cristo es «el camino, la verdad y la vida»; quien ve al Hijo ve al Padre; y en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad.
La revelación cristiana no consiste únicamente en un conjunto de ideas religiosas. Dios se revela de modo supremo en una persona histórica: Jesucristo. Sus palabras, sus obras, sus signos, su muerte, su resurrección y el envío del Espíritu Santo forman una única manifestación de Dios y de su designio salvador.
Por esta razón, la Iglesia considera que la alianza nueva y definitiva no será sustituida por otra revelación pública antes de la manifestación gloriosa de Cristo. La revelación puede comprenderse cada vez más profundamente, pero no necesita ser completada por otra religión o por otro mediador salvífico.
Rechazo de una revelación incompleta
La declaración rechaza la teoría según la cual la revelación de Jesucristo sería limitada, imperfecta o incapaz de expresar plenamente la verdad sobre Dios, de modo que necesitaría ser completada por las religiones no cristianas.
Esta afirmación no significa que el misterio de Dios quede agotado por la inteligencia humana. La profundidad de Dios permanece infinita y trascendente. La plenitud de la revelación significa que Dios ha dicho definitivamente quién es y cómo salva en Jesucristo, aunque la humanidad nunca pueda abarcar completamente ese misterio.
La limitación pertenece al lenguaje humano y a la condición histórica de los acontecimientos, no a la identidad divina de quien habla y actúa. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre; por eso, sus palabras y sus acciones poseen un carácter definitivo como revelación del designio salvador de Dios.
Fe cristiana y creencias religiosas
Dominus Iesus distingue entre fe teologal y creencia religiosa.
La fe teologal es una respuesta sobrenatural a Dios que se revela. Incluye la adhesión personal a Dios y la aceptación libre de toda la verdad que Dios ha revelado. La gracia de Dios precede y sostiene ese acto de fe, mientras que el Espíritu Santo mueve el corazón y capacita a la persona para acoger la verdad.
Las creencias presentes en otras religiones pueden expresar experiencias humanas de búsqueda de Dios, del Absoluto y de la verdad. Contienen reflexiones, prácticas y aspiraciones religiosas que forman parte del patrimonio espiritual de la humanidad. La declaración evita, no obstante, identificar esas creencias con la fe teologal, que nace de la aceptación de la revelación del Dios uno y trino en Jesucristo.