Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo afirma que los dones del Espíritu «completan y perfeccionan las virtudes de los que los reciben» y hacen a los fieles «dociles en obedecer las inspiraciones divinas». En el apartado sobre la vida en el Espíritu, se menciona que el hombre interpreta los datos de la experiencia «asistido por la virtud de la prudencia, por el consejo de personas competentes y por la ayuda del Espíritu Santo».
Enseñanzas papales
Juan Pablo II recordó que la prudencia, como virtud fundamental, se enriquece con el don sobrenatural del consejo, que «profundiza nuestra virtud de prudencia y la hace más disponible a la moción del Espíritu Santo».
Francisco explicó que el don de consejo es «el regalo mediante el cual el Espíritu Santo habilita nuestra conciencia a hacer una elección concreta en comunión con Dios», y enfatizó que la oración es la condición esencial para preservar este don.
Francisco también describió el consejo como «un tesoro para toda la comunidad cristiana», señalando que el Señor habla no solo al corazón individual sino también «a través de la voz y el testimonio de los hermanos».
Relación con la virtud de la prudencia
Según la teología tomista, el don de consejo «corresponde a la prudencia, ayudándola y perfeccionándola» al mover la mente humana por un principio superior, el Espíritu Santo. Steven A. Long explica que la prudencia humana, limitada por la razón discurrida, necesita ser «movida por un principio superior» para juzgar correctamente los actos particulares.