La esperanza como virtud teológica
La esperanza se define en el Catecismo de la Iglesia Católica como «la virtud teológica por la cual deseamos el reino de los cielos y la vida eterna como nuestra felicidad, colocando nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestra propia fuerza, sino en la gracia del Espíritu Santo»1. Esta virtud no es fruto del esfuerzo humano, sino un don divino implantado en el alma por la gracia (CCC, n. 1817)1.
El don del Espíritu Santo
El propio Espíritu Santo es la garantía de la esperanza: «el amor de Dios que habita en los corazones de los fieles»2. Por ello, la esperanza se alimenta y se renueva en la oración y en la vida sacramental, donde el Espíritu derrama su vida en los creyentes3.
