Concepto básico
El don de piedad se describe como la capacidad de amar a Dios como Padre y de obedecerle por ese amor («para hacernos amar a Dios como Padre y obedecerle porque lo amamos»).1 En la tradición patrística y magisterial se subraya que no se trata de mera compasión o piedad sentimental, sino de una relación viva y personal con el Señor que transforma la vida del fiel2.
Distinción entre virtud y don
Según Santo Tomás de Aquino, la piedad es a la vez virtud (una disposición moral adquirida) y don (una gracia infundida). La virtud de la piedad regula la relación con los padres terrenales, mientras que el don eleva esa reverencia a Dios como Padre celestial3. El don, por tanto, completa y perfecciona la virtud, haciendo al cristiano docil para obedecer las inspiraciones divinas4.
