El cisma donatista se originó en el norte de África en el año 311, en el contexto de la brutal persecución de Diocleciano1. El primer edicto de Diocleciano, emitido el 24 de febrero de 303, ordenaba la destrucción de iglesias, la entrega y quema de Libros Sagrados, y la proscripción de los cristianos. Medidas aún más severas en 304 exigían que todos ofrecieran incienso a los ídolos bajo pena de muerte1.
En Numidia, el gobernador Floro fue conocido por su crueldad, lo que llevó a que muchos cristianos fueran mártires o confesores de la fe, mientras que otros cayeron en la apostasía1. La intensa y a menudo exagerada religiosidad africana se manifestó en este período; algunos cristianos se entregaron voluntariamente al martirio, aunque no siempre con motivos puros1.
La Controversia de Ceciliano y Mayorino
El punto de inflexión del cisma fue la elección de Ceciliano como obispo de Cartago en el año 3111. Sus oponentes, principalmente un grupo de obispos numidios liderados por Secundo de Tigisi, lo acusaron de haber sido consagrado por Félix de Aptonga, a quien consideraban un traditor (alguien que había entregado las Sagradas Escrituras a las autoridades romanas durante la persecución)1. Además, se alegó que Ceciliano había prohibido la asistencia a los mártires en prisión1.
Un grupo de obispos numidios, insatisfechos con la elección de Ceciliano, se reunió en un concilio en Cartago. Este concilio, al que Ceciliano se negó a comparecer, lo depuso y eligió a Mayorino como obispo rival1. Mayorino era un lector de la diaconía de Ceciliano y contaba con el apoyo financiero de una rica dama llamada Lucila1.
La Condena de Melquíades y el Concilio de Arlés
La disputa fue llevada ante el emperador Constantino, quien remitió el caso al Papa Melquíades en Roma en el año 3131. Melquíades, junto con diecinueve obispos, examinó las acusaciones contra Ceciliano1. Las acusaciones anónimas y sin pruebas contra Ceciliano fueron desestimadas, y los testigos africanos no pudieron presentar nada en su contra1. Por el contrario, Donato (quien para entonces probablemente había sucedido a Mayorino) fue condenado por haber rebautizado y por imponer penitencia a obispos, lo cual estaba prohibido por la ley eclesiástica1. El Papa Melquíades dictaminó que Ceciliano debía ser mantenido en la comunión eclesiástica1.
Los donatistas, furiosos con la decisión, rechazaron el veredicto y exigieron un nuevo juicio, alegando más tarde que el propio Papa Melquíades era un traditor1. Constantino, reconociendo la fuerza del partido donatista en África, convocó el Concilio de Arlés el 1 de agosto de 3141. Este concilio, que representó a obispados de todo el Occidente romano, reafirmó la inocencia de Ceciliano y condenó las prácticas donatistas, incluyendo el rebautismo1.
