Tres bienes a preservar en el cuidado de la infertilidad
Una ampliación del magisterio posterior (en relación con «nuevas cuestiones» surgidas tras la publicación de Donum Vitae) formula un criterio de evaluación aplicable a las nuevas técnicas médicas orientadas al cuidado de la infertilidad. Se indica que deben observarse tres bienes fundamentales:
El derecho a la vida y a la integridad física de cada criatura humana, desde la concepción hasta la muerte natural.
La unidad del matrimonio, entendida como respeto mutuo de los derechos de los esposos, de modo que puedan llegar a ser padre y madre solo el uno a través del otro.
Los valores específicamente humanos de la sexualidad, de manera que la procreación pueda entenderse como fruto del acto conyugal, signo propio del amor conyugal recíproco.
Además, el mismo texto reafirma que la intervención técnica puede ser ayuda «en cuanto» asista a la procreación, pero no puede introducir como tal el desorden moral: la valoración ética de las técnicas debe remitirse a la dignidad de la persona, llamada a realizar su vocación al don del amor y al don de la vida.
Límites respecto a la fecundación artificial heteróloga
En continuidad con esos criterios, se declara que ciertas técnicas —identificadas como fecundación o procreación artificial heteróloga— no pueden ser utilizadas. El texto expresa que, «bajo la luz de este criterio», no pueden aplicarse por completo esas técnicas y busca preservar la coherencia moral entre el origen de la vida y el sentido del vínculo conyugal.
Aunque el documento y sus desarrollos posteriores se esfuerzan en precisar el lenguaje, la conclusión práctica que se deduce es clara: el recurso a procedimientos de reproducción asistida queda moralmente condicionado por el deber de respetar la unidad del matrimonio y el modo propio en que la procreación ha de ser el fruto del amor conyugal.
El papel de la técnica: asistir sin usurpar
El discernimiento católico no se limita a discutir la existencia de técnicas médicas, sino el modo moral de su intervención. En la reflexión doctrinal vinculada al marco de Donum Vitae se subraya que lo determinante no es simplemente «tener o no tener tecnología», sino si las intervenciones respetan o usurpan el papel propio de los esposos en la procreación.
En esa lógica, una intervención médica es conforme a la dignidad personal cuando busca asistir al acto conyugal para facilitar su realización o permitir que alcance su fin propio una vez que se ha realizado de forma adecuada.