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Doxología de la plegaria eucarística

La doxología de la plegaria eucarística es la alabanza trinitaria que concluye la oración central de la misa. El sacerdote la pronuncia o canta mientras eleva la patena y el cáliz; la asamblea responde con el «Amén» solemne, que expresa su adhesión a toda la plegaria y a la ofrenda eucarística.1,2

Missale romanum1962
Ver información de la imagenMisal Romano (editio typica 1962), c. 2008. Original, MK777, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDoxología de la plegaria eucarística
CategoríaTérmino litúrgico
DescripciónFórmula breve de alabanza a Dios que sella la plegaria eucarística. Alabanza trinitaria que concluye la oración central de la misa. Expresa la participación de la asamblea en la acción de gracias, la alabanza y la ofrenda eucarística por medio de Cristo en el Espíritu Santo
Personas RelacionadasJuan Pablo II
SimbolismoPresenta a Cristo como mediador de la alabanza y dirige la glorificación al Padre en la unidad del Espíritu Santo.
TemaPlegaria eucarística, Eucaristía, Amén, Liturgia
TextoPor Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Uso LitúrgicoSe pronuncia o canta al final de la plegaria eucarística mientras el celebrante eleva la patena y el cáliz.

Tabla de contenido

Nombre y sentido

La palabra doxología procede del griego dóxa, «gloria», y designa una fórmula breve de alabanza a Dios. Las doxologías aparecen en la tradición cristiana como expresiones de glorificación y, con frecuencia, cierran una oración o un himno.3

En la misa, la doxología final resume y culmina el movimiento de acción de gracias y alabanza que atraviesa la plegaria eucarística. No constituye una oración independiente ni un apéndice ornamental: es la conclusión propia de esa plegaria y recoge su orientación hacia Dios Padre, por Jesucristo y en el Espíritu Santo.4,5

La fórmula romana dice:

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

La asamblea responde: «Amén». La fórmula litúrgica presenta a Cristo como mediador de la alabanza, dirige la glorificación al Padre y sitúa esa glorificación en la unidad del Espíritu Santo.6,1

Lugar dentro de la plegaria eucarística

La doxología aparece al final de la plegaria eucarística, después de sus principales elementos: la acción de gracias, la aclamación del Santo, la invocación del Espíritu Santo, el relato de la institución, la aclamación memorial, la ofrenda y las intercesiones. La plegaria concluye con la doxología, que glorifica a Dios, y con el «Amén» de todo el pueblo.4

La secuencia muestra que la plegaria eucarística pertenece a toda la Iglesia reunida, aunque la preside el sacerdote. El presidente pronuncia la plegaria en nombre de la asamblea y esta participa mediante sus respuestas y aclamaciones. El «Amén» final no es una respuesta secundaria: lleva a su término la oración común.4

La doxología tampoco debe confundirse con la conclusión del padrenuestro. Ambas fórmulas cumplen una función de alabanza, pero ocupan lugares diferentes y pertenecen a momentos distintos de la misa: la doxología de la plegaria eucarística cierra el canon; la del padrenuestro concluye la oración dominical dentro de los ritos de la comunión.7,4

Significado trinitario y eucarístico

Las palabras «por Cristo» expresan que la alabanza cristiana llega al Padre mediante el Hijo. «Con él y en él» manifiestan la unión de la Iglesia con Cristo en la ofrenda eucarística. La referencia a la «unidad del Espíritu Santo» completa la estructura trinitaria de la fórmula: el Padre recibe la gloria, mediante el Hijo y en la unidad del Espíritu. Juan Pablo II describió esta proclamación como la alabanza trinitaria que sella la plegaria del canon.5

Esta alabanza está vinculada al carácter sacrificial de la Eucaristía. La misa no presenta la glorificación como algo separado de la entrega de Cristo: el sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre, constituye el centro de la celebración y la fuente de la alabanza de la Iglesia. Juan Pablo II relacionó la Eucaristía con el «sacrificio de alabanza» y recordó que los fieles ofrecen la víctima divina y se ofrecen también a sí mismos junto con ella.5

Por eso, la doxología no se limita a declarar que Dios merece gloria. Proclama que la Iglesia participa en la alabanza de Cristo y que su acción de gracias culmina en una ofrenda. La fórmula final recoge así el sentido de la plegaria entera: la asamblea da gracias a Dios por la obra salvadora y se une, por Cristo, a la glorificación del Padre.2,5

Elevación de la patena y del cáliz

Durante la doxología, el celebrante eleva la patena con el pan consagrado y el cáliz. Si participa un diácono, este puede elevar el cáliz mientras el sacerdote eleva la patena. Al terminar la doxología y la respuesta del pueblo, los ministros depositan de nuevo los vasos sagrados sobre el corporal.1,8

El gesto acompaña la proclamación sin reemplazarla: la elevación muestra los dones eucarísticos en el momento en que la Iglesia dirige su alabanza al Padre por Cristo. La acción litúrgica y las palabras forman una unidad; la elevación no constituye una consagración nueva ni una plegaria separada, sino el gesto que acompaña la conclusión solemne del canon.1,5

El «Amén» solemne

La respuesta de la asamblea es «Amén», palabra que expresa asentimiento y adhesión. En este lugar, confirma la doxología y, con ella, la plegaria eucarística entera. No equivale solo a «así sea»: manifiesta que el pueblo reconoce como propia la oración pronunciada por el sacerdote y se compromete con aquello que celebra.2,4

La asamblea no responde mediante un coro o de unos pocos representantes: el «Amén» corresponde a toda la comunidad litúrgica. Su carácter comunitario explica que pueda cantarse para realzar la respuesta, sin que el canto de otros sustituya la participación del pueblo.7

La tradición litúrgica llama a esta respuesta «el gran Amén» porque sella la plegaria central de la misa. La afirmación personal de cada fiel queda incorporada a la fe de la Iglesia reunida en torno a Cristo, crucificado y resucitado. Así, el «Amén» no solo concluye un texto: expresa la participación de la asamblea en la acción de gracias, la alabanza y la ofrenda eucarística.2

Citas y referencias

  1. Santa Sede. Misal Romano, 692 (1975). 2 3 4
  2. Segunda parte: Las partes de la misa como guía para el tema del congreso - V. La liturgia de la eucaristía: Comunión con Cristo en la eucaristía - V.C. La plegaria eucarística: un acto comunitario de acción de gracias a Dios Padre, Pontificio Comité para los Congresos Eucarísticos Internacionales. La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros, 87 (2011). 2 3 4
  3. Doxología, Enciclopedia Católica, Doxología (1913).
  4. Pontificio Instituto Litúrgico. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 167 (1999). 2 3 4 5
  5. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 11 de octubre de 2000, 1 (2000). 2 3 4 5
  6. Santa Sede. Misal Romano, 704 (1975).
  7. V. Elementos musicales en los ritos de comunión, Pontificio Instituto Litúrgico. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 246 (1999). 2
  8. Santa Sede. Misal Romano, 715 (1975).
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