El documento se organiza en una introducción, seis capítulos y una conclusión. Sus capítulos desarrollan, de forma progresiva, el encuentro con Cristo, la realidad americana, la vida espiritual, la comunión eclesial, la solidaridad y la misión evangelizadora.
Introducción
La introducción explica el origen de la Asamblea Especial para América y presenta sus objetivos pastorales. Vincula la misión de evangelizar con la tarea de estrechar la unión espiritual de los pueblos del continente y de fomentar entre ellos un espíritu de solidaridad.,
Capítulo I: «El encuentro con Jesucristo vivo»
El primer capítulo sitúa a Jesucristo en el centro de la vida cristiana y de la misión eclesial. El encuentro con él no queda reducido a una idea o a una experiencia pasajera: transforma la existencia y llama al seguimiento, la conversión y el anuncio del Evangelio. Esta experiencia funda el resto de las propuestas de la exhortación.
Capítulo II: «El encuentro con Jesucristo en la América de hoy»
El segundo capítulo dirige la atención a las circunstancias concretas del continente. Aborda la diversidad de sus pueblos y los retos pastorales y sociales que afronta la Iglesia. La evangelización requiere comprender esas realidades y anunciar a Cristo de manera capaz de llegar a las personas en sus circunstancias concretas.
Capítulo III: «Guiados por el Espíritu hacia un nuevo estilo de vida»
El tercer capítulo presenta la espiritualidad cristiana como una forma de vida orientada por el Espíritu Santo. La define no como una esfera separada del resto de la existencia, sino como la vida entera guiada por Dios. La oración, tanto personal como litúrgica, y la vida sacramental sostienen el encuentro con Cristo y ayudan al creyente a reconocer las exigencias del Evangelio en sus deberes hacia los demás.
Capítulo IV: «La Iglesia, sacramento de comunión»
El cuarto capítulo desarrolla la comunión como rasgo esencial de la Iglesia. Esta es signo e instrumento de la comunión querida por Dios y, por tanto, debe expresarla mediante vínculos concretos: la oración compartida, la cooperación entre obispos y conferencias episcopales, las relaciones fraternas entre diócesis y parroquias y el trabajo común en la misión.
El capítulo también trata la renovación eclesial y la vocación de los fieles laicos. El bautismo confiere a todos los cristianos dignidad y responsabilidad misionera. Los laicos están llamados a vivir el Evangelio tanto en la comunidad eclesial como, de manera propia, en la familia, la vida profesional, la cultura y la actividad social y política, al servicio del bien común.
Capítulo V: «El camino de la solidaridad»
El quinto capítulo aplica la comunión cristiana a las relaciones sociales. La solidaridad exige atender a quienes padecen pobreza y exclusión, y comprometerse con la justicia, la paz y el respeto de la dignidad humana. En esta perspectiva, la fe no se separa de la responsabilidad ante los problemas que afectan a los pueblos del continente.
Capítulo VI: «La misión de la Iglesia hoy en América: la nueva evangelización»
El sexto capítulo retoma la evangelización como misión común de la Iglesia. El anuncio de Cristo debe adoptar formas adecuadas a las culturas y situaciones del continente, sin alterar la integridad de la fe. La nueva evangelización no significa reemplazar el Evangelio, sino comunicarlo con renovado impulso y mediante expresiones capaces de interpelar a la sociedad contemporánea.
Conclusión
La conclusión vuelve a la responsabilidad misionera de todos los bautizados y a la transmisión de la fe en la vida cotidiana. Presenta la familia como ámbito fundamental para vivir y comunicar la fe, y llama a los cristianos a participar activamente en la evangelización del continente.