La elaboración de Ecclesia in Europa responde al contexto de la Europa de finales del siglo XX y principios del XXI, un continente que, tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la reunificación de Alemania, avanzaba hacia una mayor integración política y económica con la Unión Europea. Sin embargo, el Sínodo de 1999 identificó desafíos profundos: el declive de la práctica religiosa, el individualismo, el relativismo ético y la pérdida de raíces cristianas en medio de un proceso de secularización acelerada.2
Juan Pablo II, polaco de origen y testigo de las divisiones ideológicas de Europa durante la Guerra Fría, había insistido repetidamente en la necesidad de una «Europa de los pueblos» unida espiritualmente en el cristianismo. En discursos previos, como el dirigido a las autoridades austriacas en 1998, recordaba que «Europa necesita un rostro espiritual» y que su historia está inextricablemente ligada al cristianismo.3 De igual modo, en su mensaje al Cuerpo Diplomático en Polonia en 1991, destacaba el papel de la Iglesia en la integración europea postcomunista, promoviendo valores como la dignidad humana y la solidaridad.4
El Sínodo, convocado por Juan Pablo II, reunió a obispos de toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales, para reflexionar sobre la misión de la Iglesia en un continente que había sido cuna del cristianismo pero que ahora enfrentaba un «invierno eclesial». La exhortación integra las propuestas sinodales, enriquecidas con la visión profética del Papa.
