El libro es conocido por varios nombres, lo que refleja su compleja historia textual y canónica1. El título más común en el ámbito católico es Eclesiástico, derivado del latín Liber Ecclesiasticus, que significa «libro de la Iglesia»1. Este nombre sugiere su uso frecuente en la instrucción catequética y litúrgica de la Iglesia primitiva, donde era valorado por sus enseñanzas morales y su utilidad para la edificación de los fieles1. Otro nombre significativo es Sirácides, que proviene del autor, Jesús ben Sira, o simplemente Ben Sira1. En la tradición judía, aunque no forma parte de su canon hebreo, era conocido como Proverbios de Ben Sira o Sabiduría de Ben Sira1.
En cuanto a su estatus canónico, el Eclesiástico es un libro deuterocanónico1. Esto significa que, si bien no se encuentra en el canon hebreo de las Escrituras judías (el Tanaj), sí fue incluido en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, que era ampliamente utilizada por los primeros cristianos1. La Iglesia Católica, basándose en esta tradición de la Septuaginta y en el uso ininterrumpido del libro en la liturgia y la enseñanza, lo reconoció formalmente como parte inspirada de la Sagrada Escritura en el Concilio de Hipona (393 d.C.), el Concilio de Cartago (397 d.C.) y, de manera definitiva, en el Concilio de Trento (1546 d.C.)1. Por otro lado, las comunidades protestantes, siguiendo la tradición del canon hebreo, lo consideran un libro apócrifo, útil para la lectura piadosa pero no normativo para la doctrina1.
