La palabra eclesiología procede de los términos griegos ekklesía, «asamblea» o «Iglesia», y lógos, «estudio» o «discurso». En el Nuevo Testamento, ekklesía puede designar la asamblea reunida para el culto, una comunidad local, una comunidad cristiana de ámbito más amplio o la única Iglesia de Jesucristo. Esos sentidos se relacionan entre sí porque tienen en Cristo su centro común.1,4
La eclesiología estudia la Iglesia en cuanto misterio de fe y realidad concreta en la historia. No la considera solo una institución religiosa ni un conjunto de ideas compartidas: la fe cristiana vincula a Jesucristo, su mensaje y su vida con la comunidad en la que esa fe perdura y se transmite.5
Su objeto incluye, entre otras cuestiones, el origen y la identidad de la Iglesia, su relación con la Trinidad y con Cristo, su estructura y sus ministerios, la comunión entre las Iglesias particulares, la liturgia y la Eucaristía, así como su misión en el mundo y su destino definitivo.6,7,3


