La Iglesia, a través de su doctrina social, emite juicios morales sobre asuntos económicos y sociales cuando los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas lo requieren. Su misión es distinta de la de las autoridades políticas, pero se preocupa por los aspectos temporales del bien común en cuanto están ordenados al Bien supremo, nuestro fin último.
El Servicio a la Persona y al Bien Común
La actividad económica tiene como fin proveer a las necesidades de los seres humanos. No está destinada únicamente a multiplicar los bienes producidos, aumentar el beneficio o el poder, sino que está ordenada primordialmente al servicio de las personas, del hombre en su totalidad y de toda la comunidad humana. Debe ejercerse dentro de los límites del orden moral y en consonancia con la justicia social, para corresponder al plan de Dios para el hombre.
El bien común es un criterio primario para la actividad productiva. La norma objetiva de la solidaridad es el bien de «todo hombre y de todos los hombres», considerados en su dignidad de imágenes e hijos de Dios.
Rechazo del Economicismo y la Subordinación Humana
La Iglesia ha rechazado ideologías totalitarias y ateas como el comunismo o el socialismo, así como el individualismo y la primacía absoluta de la ley del mercado sobre el trabajo humano en la práctica del «capitalismo».
Es moralmente inaceptable una teoría que hace del beneficio la norma exclusiva y el fin último de la actividad económica. El deseo desordenado de dinero produce efectos perversos y es causa de muchos conflictos que perturban el orden social. Un sistema que «subordina los derechos fundamentales de los individuos y de los grupos a la organización colectiva de la producción» es contrario a la dignidad humana. Toda práctica que reduce a las personas a meros medios de beneficio esclaviza al hombre, conduce a la idolatría del dinero y contribuye a la difusión del ateísmo.
El Papa Juan Pablo II criticó los defectos de un sistema económico cuyo motor principal es el lucro, donde el hombre se ve subordinado al capital, convirtiéndose en una pieza de la inmensa máquina productiva, y su trabajo es reducido a una simple mercancía a merced de las fluctuaciones de la ley de la oferta y la demanda.
Virtudes en la Economía
En materia económica, el respeto a la dignidad humana exige la práctica de varias virtudes,:
La virtud de la templanza, para moderar el apego a los bienes de este mundo,.
La virtud de la justicia, para preservar los derechos del prójimo y darle lo que le es debido,.
La virtud de la solidaridad, siguiendo la Regla de Oro y la generosidad de Cristo, quien «siendo rico, por vosotros se hizo pobre para que vosotros fueseis ricos con su pobreza» (2 Co 8,9),.
La Moralidad en Cada Fase de la Actividad Económica
La doctrina social de la Iglesia sostiene que la justicia debe aplicarse en cada fase de la actividad económica, ya que esta siempre concierne al ser humano y sus necesidades. La localización de recursos, la financiación, la producción, el consumo y todas las demás fases del ciclo económico tienen inevitablemente implicaciones morales. Así, cada decisión económica tiene una consecuencia moral.
En la era global, la economía se ve influenciada por modelos competitivos ligados a diversas culturas. Las diferentes formas de empresa económica encuentran su principal punto de encuentro en la justicia conmutativa. La vida económica requiere contratos para regular las relaciones de intercambio de bienes de valor equivalente, pero también necesita leyes justas y formas de redistribución gobernadas por la política, y además, obras que emanen del espíritu de donación.