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Ecuanimidad pastoral

La ecuanimidad pastoral es la disposición estable de quien ejerce una responsabilidad en la Iglesia para atender a las personas con serenidad, justicia, caridad y prudencia, sin dejarse dominar por favoritismos, antagonismos o reacciones desproporcionadas. No equivale a la indiferencia ni a una neutralidad ante la verdad: procura unir la acogida de las personas con la fidelidad al Evangelio y al bien de la comunidad cristiana.

Juan Domingo Gonzalez de la Reguera (cropped)
Ver información de la imagenJuan Domingo González de la Reguera (1720-1805), XVI Arzobispo de Lima, c. 1896. "Tradiciones peruanas" de Ricardo Palma. Octava y última serie. Tomo IV. Barcelona, Reproducción de un grabado de autor anónimo, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEcuanimidad pastoral
CategoríaTérmino
DescripciónEquilibrio de juicio y de ánimo en el ejercicio de la responsabilidad pastoral, uniendo la acogida de las personas con la fidelidad al Evangelio. Disposición estable de quien ejerce una responsabilidad en la Iglesia para atender a las personas con serenidad, justicia, caridad y prudencia
ReferenciasCaridad pastoral, entendida como participación en el modo de cuidar de Cristo, el Buen Pastor.
Doctrinas RelacionadasCaridad unida a la verdad, justicia y misericordia
Personas RelacionadasPapa Pablo VI, Juan Pablo II
TemaCaridad pastoral, equidad canónica, justicia, misericordia, prudencia
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto y significado

La palabra ecuanimidad alude al equilibrio de juicio y de ánimo ante situaciones difíciles. En el ámbito pastoral, ese equilibrio no significa distancia afectiva, sino capacidad para escuchar y discernir antes de actuar; evitar tanto la dureza sin misericordia como una indulgencia que renuncie a la verdad o a la justicia.

El fundamento de esta actitud es la caridad pastoral, entendida como participación en el modo de cuidar de Cristo, el Buen Pastor. En la vida del pastor, esa caridad enlaza la vida interior con las tareas del ministerio y orienta la proclamación de la verdad con paciencia y bondad.1

Por ello, la ecuanimidad pastoral no consiste en tratar todas las situaciones de manera idéntica. Exige atender a las circunstancias y a la responsabilidad de cada persona, sin convertir las diferencias de trato en parcialidad. El papa Pablo VI describió la equidad canónica como una justicia que considera las circunstancias y templa el rigor jurídico conforme a la caridad; su finalidad no es suprimir la justicia, sino aplicarla de forma humana y proporcionada.2

Fundamentos cristianos

Caridad unida a la verdad

La compasión pastoral no obliga a ocultar las exigencias del Evangelio. Pablo VI sostuvo que la comprensión y la sensibilidad han de permanecer unidas a la fidelidad a Jesucristo y a su mensaje: dejar de proclamar parte de las exigencias cristianas haría incompleta la caridad apostólica.3

La ecuanimidad, por tanto, evita dos extremos: corregir de modo que humille o excluya, y callar por temor a afrontar el error. La caridad pastoral procura distinguir entre la persona y aquello que debe corregirse, para acompañar a quien se equivoca sin presentar el error como indiferente. En un discurso dirigido a obispos, Juan Pablo II vinculó la prudencia y la caridad con la fortaleza necesaria para denunciar desviaciones cuando lo requieran el bien de las almas y la fidelidad eclesial.4

Justicia y misericordia

La misericordia no es lo contrario de la justicia. Una actuación pastoral ecuánime atiende a los derechos de las personas, a la verdad de los hechos y a las circunstancias concretas. En el ámbito judicial de la Iglesia, Pablo VI describió el servicio del juez como ayuda a quienes atraviesan dificultades: ha de reconocer los derechos lesionados y ejercer su autoridad respetando a la persona, sin opresión ni absolutismo.2

Esta perspectiva excluye tanto la aplicación mecánica de una norma que ignore el caso concreto como el arbitrio personal que sustituye las normas por impresiones subjetivas. La equidad canónica, en la presentación de Pablo VI recogida por la Rota Romana, requiere considerar la situación personal y las circunstancias, sin abandonar el juicio justo ni la disciplina jurídica.5

Equilibrio interior y comunión

La serenidad pastoral también requiere cultivar una vida interior capaz de sostener el ministerio. Juan Pablo II exhortó a los sacerdotes a buscar una unidad de vida que evitase tanto un espiritualismo ajeno a las circunstancias humanas como una actitud reducida a lo temporal. Propuso la oración, la celebración eucarística y la fraternidad sacerdotal como elementos de ese equilibrio.6

La ecuanimidad no es, por ello, una cualidad exclusivamente psicológica. En la comprensión cristiana del ministerio, nace de la relación con Cristo y se expresa en el servicio, la comunión y la atención a las necesidades concretas del pueblo de Dios.6,1

Criterios para la práctica pastoral

Escuchar y discernir

Ante un conflicto o una decisión delicada, la ecuanimidad pide escuchar a las personas implicadas, distinguir los hechos de las interpretaciones y valorar las circunstancias antes de juzgar. Este discernimiento no garantiza que todas las partes reciban la razón, pero ayuda a evitar que la decisión dependa de simpatías, presiones externas o antagonismos.

El deber pastoral tampoco termina con la escucha: el responsable debe procurar una respuesta justa y proporcionada. La equidad canónica reconoce que las circunstancias pueden requerir una aplicación más comprensiva del derecho, aunque en determinados casos también pueden exigir una respuesta más estricta.2,5

Corregir sin humillar

La corrección fraterna pertenece al servicio pastoral cuando busca la verdad, la conversión y la comunión. Para que resulte evangélica, ha de respetar la libertad y la responsabilidad de la persona. Pablo VI describió la autoridad pastoral como un servicio que guía sin oprimir y que evita tanto el egoísmo como el absolutismo.2

Cuando existe un alejamiento de la comunión, la solicitud pastoral debe buscar la reintegración de quien se ha apartado, sin desatender el efecto de esa situación en el resto de la comunidad. Juan Pablo II presentó la búsqueda de la oveja descarriada y el cuidado de la comunión eclesial como aspectos que han de mantenerse unidos.4

Promover la reconciliación con justicia

La ecuanimidad pastoral puede contribuir a la reconciliación, especialmente cuando una comunidad arrastra heridas o enfrentamientos. Juan Pablo II pidió a los obispos que ejercieran un ministerio de reconciliación y afirmó que el perdón resulta compatible con la justicia. La paz, en esa perspectiva, no nace de negar los daños, sino de trabajar por una convivencia fundada en la justicia, el respeto y el perdón.7

Evitar favoritismos y presiones

La imparcialidad pastoral exige que la autoridad no condicione su juicio por antagonismos, presiones de grupo o falta de solidaridad. Juan Pablo II aplicó este principio al servicio de los obispos y sus colaboradores, llamados a favorecer la justicia y la reconciliación sin quedar sometidos a esas influencias.7

Esta imparcialidad no implica desentenderse de quienes sufren más. La atención a las personas vulnerables y a las comunidades necesitadas forma parte del servicio pastoral; Juan Pablo II elogió a sacerdotes que acompañaban a fieles de parroquias pobres y remotas y contribuían tanto a su vida cristiana como a la promoción de su dignidad humana.6

Ámbitos de aplicación

La ecuanimidad pastoral concierne a obispos, presbíteros, diáconos y demás personas que desempeñan responsabilidades eclesiales. En la predicación y la enseñanza, exige exponer la doctrina católica sin miedo ni agresividad; en el acompañamiento, atender a las personas con compasión y respeto; en el gobierno, decidir con justicia y sin favoritismos.

En los tribunales eclesiásticos, adquiere una forma específica mediante la equidad canónica. El juez debe proteger los derechos y aplicar el derecho con rigor suficiente, pero también valorar las circunstancias y servir al bien de las personas y de la comunidad. Esa tarea sigue siendo pastoral precisamente porque combina justicia, respeto y caridad.2,8

En la vida sacerdotal, la ecuanimidad se relaciona también con la unidad entre oración y ministerio, y con la colaboración fraterna. Juan Pablo II advirtió contra el aislamiento de los sacerdotes y recomendó fortalecer la fraternidad sacramental y la vida comunitaria como apoyo para la santificación y la evangelización.6

Equívocos frecuentes

La ecuanimidad pastoral no es indiferencia ante la verdad, la injusticia o el sufrimiento. Tampoco consiste en evitar toda decisión difícil para conservar una apariencia de paz: la prudencia y la caridad pueden exigir una corrección clara y valiente.3,4

No es tampoco blandura indiscriminada. La misericordia no elimina la responsabilidad, y el perdón no vuelve innecesaria la justicia. A la inversa, la aplicación de la disciplina sin consideración por la persona y las circunstancias puede desfigurar el carácter pastoral del ministerio.7,2

Por último, la ecuanimidad no equivale a una calma meramente exterior. Su fundamento cristiano incluye la conversión personal, la fidelidad a Cristo, la oración y el servicio a la comunión eclesial.6,1

Citas y referencias

  1. Damian G. Astigueta. El «munus docendi» del obispo a la luz del c. 747 1 y el Sínodo de los Obispos de 2001. Segunda parte, 2003, n.o 1, págs. 21-75, 29 (2003). 2 3
  2. Papa Pablo VI. Al Tribunal de la Sagrada Rota Romana (8 de febrero de 1973), 1 (1973). 2 3 4 5 6
  3. Papa Pablo VI. Con motivo de la canonización del obispo San Juan Neumann, 20 de junio de 1977, 1 (1977). 2
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: n.o 12, noviembre, 1988, 104 (1988). 2 3
  5. Tribunal de la Rota Romana. Decisiones seu Sententiae, Tomo CIX (Año de las Decisiones: 2017), 95 (2017). 2
  6. Papa Juan Pablo II. Encuentro con los obispos ecuatorianos en la catedral de Quito (29 de enero de 1985) - Discurso, 1 (1985). 2 3 4 5
  7. Papa Juan Pablo II. A los obispos de Guinea Ecuatorial en su visita «ad Limina» (15 de febrero de 2003) - Discurso, 1 (2003). 2 3
  8. Sancta Sedes. Valor pastoral del «munus iudicandi», Acta Apostolicae Sedis: n.o 2, febrero, 1973, 38 (1973).
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