Una filosofía de la medicina
El rasgo más característico de Pellegrino consiste en haber situado la ética médica dentro de una filosofía de la medicina. Para él, el análisis moral de los casos clínicos no basta si antes no se responde a una pregunta anterior: qué es la medicina y para qué existe. Rechazó que la medicina sea simple biología aplicada. La definió como una práctica con finalidad propia (telos), que consiste en sanar al enfermo, y de esa finalidad derivó las obligaciones del médico.,
Pellegrino afirmaba que el mundo occidental había conocido veinticinco siglos de moral médica y apenas cincuenta años de ética médica en sentido moderno. Con esa observación advertía que la tradición hipocrática había ofrecido durante siglos un fundamento sólido a la profesión, y que la bioética de su tiempo corría el riesgo de olvidarlo.
Resumió la identidad de la medicina con una fórmula que repetía a menudo: es la más científica de las humanidades y la más humana de las ciencias.
La moralidad interna de la medicina
De la finalidad de la medicina deduce Pellegrino una moralidad interna: un conjunto de exigencias éticas que brotan de la propia práctica y que no dependen de la opinión del médico, del hospital o del Estado. La relación entre un enfermo vulnerable y un profesional que se compromete a ayudarlo contiene obligaciones que ninguna conveniencia exterior puede anular.,
Esta moralidad interna tiene consecuencias concretas:
- La competencia técnica forma parte del deber moral, porque sirve al bien biomédico del paciente.
- El médico debe subordinar su interés personal, económico o profesional al bien de quien le ha confiado su salud.
- La medicina no puede explotar la vulnerabilidad del enfermo ni abandonar a quien no puede pagar.
- Cualquier fin ajeno a la curación y al cuidado queda fuera de la finalidad propia de la medicina.,
Pellegrino no consideraba que esta moralidad interna agotara por sí sola todas las cuestiones morales. La entendía como un punto de partida compartido, accesible incluso en una sociedad plural, desde el cual podían razonarse después los problemas más debatidos.
La relación de curación
Pellegrino analizó la relación médico-paciente a partir de la experiencia de la enfermedad. Distinguió en ella tres elementos: el hecho de la enfermedad, que sitúa al paciente en una situación de fragilidad y dependencia; el acto de profesar, por el que el médico se compromete públicamente a ayudar; y el acto de medicina, que consiste en una decisión clínica recta y buena para este paciente concreto en estas circunstancias concretas.,
De este análisis nace la idea de una beneficencia fiduciaria, es decir, basada en la confianza. El paciente confía su cuerpo y su intimidad a alguien que posee un saber que él no tiene, y esa confianza genera en el médico un deber especial de fidelidad. Pellegrino y David Thomasma desarrollaron esta tesis en Por el bien del paciente (1988) como respuesta al peso creciente que la autonomía había adquirido en la bioética norteamericana.,
Los cuatro niveles del bien del paciente
Para evitar tanto el paternalismo como el consumismo médico, Pellegrino y Thomasma distinguieron cuatro dimensiones del bien del paciente:
- El bien biomédico, que corresponde a la indicación médica y a la eficacia del tratamiento.
- El bien tal como el paciente lo percibe, según sus valores, su historia y sus preferencias.
- El bien del paciente como persona, que exige respetar su capacidad de decidir y su dignidad.
- El bien último, de orden espiritual, que cada persona reconoce como fin de su vida, sea religioso o no.,
Este esquema permite al médico actuar con beneficencia sin imponer su criterio. Un médico que respeta la negativa de un testigo de Jehová a recibir una transfusión, por ejemplo, no deja de buscar el bien del paciente, porque reconoce que ese bien incluye una dimensión espiritual que el enfermo valora por encima de la dimensión biomédica.,
La ética de las virtudes
Pellegrino defendió que una ética médica basada solo en principios y normas se queda corta, porque los principios necesitan personas capaces de aplicarlos con acierto. En Las virtudes en la práctica médica (1993) propuso una ética del carácter del médico. Entre las virtudes que destacó figuran:
- La fidelidad a la confianza del paciente.
- La compasión, que lleva a acompañar el sufrimiento.
- La prudencia, que ordena los hechos, los principios y las demás virtudes hacia la decisión justa.
- La justicia, que da a cada paciente lo que le corresponde.
- La fortaleza, necesaria para afrontar la presión y el riesgo.
- La templanza, que modera el uso del poder y de los recursos.
- La integridad, que mantiene la coherencia entre las convicciones y la acción.
- La abnegación, que pone el interés propio en segundo lugar.
Sus colegas lo veían como un ejemplo vivo de estas virtudes. Uno de ellos escribió que enseñó la ética de las virtudes y la encarnó en sus actos.
Profesionalismo y economía de la salud
Pellegrino se opuso a la transformación del médico en un empleado que administra recursos y niega prestaciones para reducir costes. Aceptaba que la contención del gasto tuviera un lugar en la medicina, pero solo como consecuencia de una buena práctica clínica, no como objetivo que la determine. Recomendaba evitar a la vez el exceso y el defecto de pruebas y tratamientos, y condensó ese ideal en la fórmula de la parsimonia terapéutica y la elegancia diagnóstica.
Reclamaba un profesionalismo centrado en el bienestar del paciente y dotado de un grado de altruismo. Algunos críticos tacharon esa visión de nostálgica; Pellegrino la defendió como una recuperación de los valores esenciales de la medicina. También apoyó el acceso universal a la atención sanitaria y aplaudió la intención de la reforma sanitaria estadounidense de que todo el que necesite asistencia la reciba.,