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Edmund Pellegrino

Edmund Daniel Pellegrino (Newark, 22 de junio de 1920 - 13 de junio de 2013) fue un médico, filósofo de la medicina y especialista en bioética estadounidense, considerado uno de los fundadores de la bioética contemporánea y una de las voces católicas más influyentes en la ética médica del siglo XX. Médico clínico e investigador de formación, fundó facultades y departamentos de medicina, presidió la Universidad Católica de América, dirigió el Instituto Kennedy de Ética de la Universidad de Georgetown y presidió el Consejo de Bioética del presidente de los Estados Unidos. Su obra sostiene que la medicina es una empresa moral orientada al bien del paciente, que la relación de curación contiene una moralidad propia y que la práctica médica necesita médicos virtuosos. Católico practicante, unió la reflexión filosófica con la defensa de la vida humana, la dignidad de la persona y la libertad de conciencia de los profesionales sanitarios.

Edmund D Pellegrino
Ver información de la imagenEdmund D. Pellegrino. En 2008, presidente del Consejo de Bioética del Presidente. c. 2008. Consejo de Bioética del Presidente, biografía del Dr. Pellegrino [1], Gobierno de los Estados Unidos. Fotógrafo no especificado, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEdmund Pellegrino
CategoríaLaico destacado
Nombre CompletoEdmund Daniel Pellegrino
Cargo EclesiásticoPresidente de la Universidad Católica de América
Fecha de Nacimiento22 de junio de 1920
Lugar de NacimientoNewark
Fecha de Muerte13 de junio de 2013
Lugar de MuerteEstados Unidos
NacionalidadEstadounidense
SexoMasculino
Estado de VidaLaico
Fin del Cargo Eclesial1982
Inicio del Cargo Eclesial1978
Lugar de SepulturaBethesda
Obras principalesFundamentos filosóficos de la práctica médica, Por el bien del paciente, Las virtudes en la práctica médica, Las virtudes cristianas en la práctica médica, Ayudar y curar
Premios y reconocimientosMedalla Laetare

Tabla de contenido

Vida y formación

Orígenes y juventud

Edmund Pellegrino nació el 22 de junio de 1920 en Newark (Nueva Jersey) y creció en Brooklyn (Nueva York), en el seno de una familia italoamericana. Su padre trabajaba como sastre. Desde joven destacó por su aplicación en los estudios: obtuvo la licenciatura en Química con la máxima calificación en la Universidad St. John’s, de Brooklyn.1

Cuando solicitó el ingreso en la facultad de medicina, alguien le aconsejó acortar su apellido italiano para facilitar la admisión. Pellegrino rechazó la sugerencia y conservó el apellido familiar durante toda su vida.2

Formación médica

Cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Nueva York y completó su formación clínica en el Hospital Bellevue, en el Hospital Goldwater Memorial y en el Hospital Homer Folks para tuberculosos. Después trabajó como investigador becado en medicina y fisiología renal en el Centro Médico de la Universidad de Nueva York.3 Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el cuerpo médico del ejército.4

Sus primeras investigaciones se centraron en la fisiología cardiorrenal y en el metabolismo de los electrolitos, en particular del calcio. Con el paso de los años su interés se desplazó hacia la filosofía y la moral de la medicina, y en las dos últimas décadas de su vida esa reflexión ocupó el centro de su trabajo.3

Familia y vida personal

Contrajo matrimonio con Clementine Coakley, con quien convivió durante sesenta y ocho años hasta el fallecimiento de ella en 2012. Tuvieron siete hijos; dos de ellos, Stephen y Thomas, murieron antes que su padre.5

Pellegrino cultivaba aficiones muy variadas. Reunió una biblioteca personal de unos seis mil volúmenes, tocaba el piano, cocinaba con esmero platos de la cocina italiana y francesa y redactaba muchos de sus escritos a primera hora de la mañana en una antigua máquina de escribir Olivetti.3,4

Trayectoria profesional

Médico, profesor y fundador de instituciones sanitarias

La carrera de Pellegrino combinó la medicina clínica con una intensa labor de organización académica. Fue el primero en ocupar cargos de responsabilidad en varias instituciones nuevas:

  • En 1953, jefe fundador del servicio de Medicina del Centro Médico Hunterdon, en Nueva Jersey.
  • En 1959, jefe fundador del departamento de Medicina de la Universidad de Kentucky, donde comenzó a impartir ética médica a los residentes.
  • En 1966, vicepresidente fundador de Ciencias de la Salud de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, institución cuya facultad de medicina contribuyó a poner en marcha.
  • En 1973, canciller y vicepresidente de Asuntos Sanitarios de la Universidad de Tennessee, en Memphis, donde impulsó un programa de humanidades médicas.
  • En 1975, primer presidente del Centro Médico Yale-New Haven y presidente de su consejo de administración.3,6

También presidió entre 1972 y 1973 el comité asesor del Consejo Nacional de Examinadores Médicos que supervisó el primer examen nacional de certificación de ayudantes médicos.6

En 1969 participó en la fundación de la Sociedad para la Salud y los Valores Humanos, que más tarde presidió, y fundó la Revista de Medicina y Filosofía, una de las publicaciones de referencia en la filosofía de la medicina.1

Presidente de la Universidad Católica de América

En 1978 Pellegrino asumió la presidencia de la Universidad Católica de América, en Washington. Fue el undécimo presidente de la institución y el segundo laico en ocupar el cargo, hasta 1982.5

Su mandato coincidió con un acontecimiento de gran relevancia: el 7 de octubre de 1979 el papa san Juan Pablo II visitó el campus y dirigió a los educadores católicos un discurso sobre la misión de la universidad católica. Pellegrino participó en la acogida del Pontífice.4,7 La comunidad universitaria recordó después su capacidad administrativa y su cercanía a estudiantes, profesores y personal.5

Georgetown: el Instituto Kennedy y los centros de bioética

En 1978 Pellegrino ingresó también en la Universidad de Georgetown como profesor de Medicina clínica y Medicina comunitaria. En 1982 recibió la cátedra John Carroll de Medicina y Ética Médica y en 1983 asumió la dirección del Instituto Kennedy de Ética, que ejerció hasta 1989.3

Georgetown acogió entonces la mayor parte de sus iniciativas institucionales:

  • En 1989 fundó el Centro para el Estudio Avanzado de la Ética, que dirigió hasta 1994.
  • En 1991 fundó el Centro de Bioética Clínica, que dirigió hasta 1996.
  • En 1993 y 1994 ejerció como jefe interino de la división de Medicina Interna General del Centro Médico.
  • Desde el año 2000 ocupó la condición de profesor emérito de Medicina y Ética Médica.3

Nunca abandonó la docencia ni la asistencia. Enseñó en el curso intensivo de bioética del Instituto Kennedy cada año y visitó pacientes en el hospital universitario hasta la última semana de su vida.3,4 En 2013 la universidad rebautizó el Centro de Bioética Clínica con el nombre de Centro de Bioética Clínica Edmund D. Pellegrino, en reconocimiento a su labor.3

Presidente del Consejo de Bioética

En 2005, con ochenta y cinco años, el presidente George W. Bush lo nombró presidente del Consejo de Bioética, en sustitución de Leon Kass. Pellegrino dirigió el organismo hasta su disolución en 2009.3,4,8

Bajo su presidencia, el Consejo publicó, entre otros documentos, el informe Cuidar: la atención ética en una sociedad que envejece (2005) y el volumen Dignidad humana y bioética (2008), que reunió ensayos de especialistas de distintas tradiciones sobre el significado y el alcance de la dignidad humana. Pellegrino colaboró en esa obra con un ensayo sobre la experiencia vivida de la dignidad.8,9

Pellegrino llevó al Consejo una convicción que repitió a lo largo de su vida: la bioética necesita un fundamento filosófico estable, porque sin él las discusiones se reducen a preferencias y opiniones.10

Vínculos con la Santa Sede y con organismos internacionales

En 1994 san Juan Pablo II creó la Pontificia Academia para la Vida y Pellegrino figuró entre sus primeros cuarenta miembros, junto con otros tres estadounidenses.4,11 En 2004 pasó a formar parte del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO.3 Asesoró además a obispos y a organismos de la Santa Sede en cuestiones de ética médica.1

El pensamiento de Pellegrino

Una filosofía de la medicina

El rasgo más característico de Pellegrino consiste en haber situado la ética médica dentro de una filosofía de la medicina. Para él, el análisis moral de los casos clínicos no basta si antes no se responde a una pregunta anterior: qué es la medicina y para qué existe. Rechazó que la medicina sea simple biología aplicada. La definió como una práctica con finalidad propia (telos), que consiste en sanar al enfermo, y de esa finalidad derivó las obligaciones del médico.1,10

Pellegrino afirmaba que el mundo occidental había conocido veinticinco siglos de moral médica y apenas cincuenta años de ética médica en sentido moderno. Con esa observación advertía que la tradición hipocrática había ofrecido durante siglos un fundamento sólido a la profesión, y que la bioética de su tiempo corría el riesgo de olvidarlo.1

Resumió la identidad de la medicina con una fórmula que repetía a menudo: es la más científica de las humanidades y la más humana de las ciencias.10

La moralidad interna de la medicina

De la finalidad de la medicina deduce Pellegrino una moralidad interna: un conjunto de exigencias éticas que brotan de la propia práctica y que no dependen de la opinión del médico, del hospital o del Estado. La relación entre un enfermo vulnerable y un profesional que se compromete a ayudarlo contiene obligaciones que ninguna conveniencia exterior puede anular.10,12

Esta moralidad interna tiene consecuencias concretas:

  • La competencia técnica forma parte del deber moral, porque sirve al bien biomédico del paciente.
  • El médico debe subordinar su interés personal, económico o profesional al bien de quien le ha confiado su salud.
  • La medicina no puede explotar la vulnerabilidad del enfermo ni abandonar a quien no puede pagar.
  • Cualquier fin ajeno a la curación y al cuidado queda fuera de la finalidad propia de la medicina.10,12

Pellegrino no consideraba que esta moralidad interna agotara por sí sola todas las cuestiones morales. La entendía como un punto de partida compartido, accesible incluso en una sociedad plural, desde el cual podían razonarse después los problemas más debatidos.10

La relación de curación

Pellegrino analizó la relación médico-paciente a partir de la experiencia de la enfermedad. Distinguió en ella tres elementos: el hecho de la enfermedad, que sitúa al paciente en una situación de fragilidad y dependencia; el acto de profesar, por el que el médico se compromete públicamente a ayudar; y el acto de medicina, que consiste en una decisión clínica recta y buena para este paciente concreto en estas circunstancias concretas.1,12

De este análisis nace la idea de una beneficencia fiduciaria, es decir, basada en la confianza. El paciente confía su cuerpo y su intimidad a alguien que posee un saber que él no tiene, y esa confianza genera en el médico un deber especial de fidelidad. Pellegrino y David Thomasma desarrollaron esta tesis en Por el bien del paciente (1988) como respuesta al peso creciente que la autonomía había adquirido en la bioética norteamericana.1,13

Los cuatro niveles del bien del paciente

Para evitar tanto el paternalismo como el consumismo médico, Pellegrino y Thomasma distinguieron cuatro dimensiones del bien del paciente:

  • El bien biomédico, que corresponde a la indicación médica y a la eficacia del tratamiento.
  • El bien tal como el paciente lo percibe, según sus valores, su historia y sus preferencias.
  • El bien del paciente como persona, que exige respetar su capacidad de decidir y su dignidad.
  • El bien último, de orden espiritual, que cada persona reconoce como fin de su vida, sea religioso o no.1,10

Este esquema permite al médico actuar con beneficencia sin imponer su criterio. Un médico que respeta la negativa de un testigo de Jehová a recibir una transfusión, por ejemplo, no deja de buscar el bien del paciente, porque reconoce que ese bien incluye una dimensión espiritual que el enfermo valora por encima de la dimensión biomédica.1,10

La ética de las virtudes

Pellegrino defendió que una ética médica basada solo en principios y normas se queda corta, porque los principios necesitan personas capaces de aplicarlos con acierto. En Las virtudes en la práctica médica (1993) propuso una ética del carácter del médico. Entre las virtudes que destacó figuran:

  • La fidelidad a la confianza del paciente.
  • La compasión, que lleva a acompañar el sufrimiento.
  • La prudencia, que ordena los hechos, los principios y las demás virtudes hacia la decisión justa.
  • La justicia, que da a cada paciente lo que le corresponde.
  • La fortaleza, necesaria para afrontar la presión y el riesgo.
  • La templanza, que modera el uso del poder y de los recursos.
  • La integridad, que mantiene la coherencia entre las convicciones y la acción.
  • La abnegación, que pone el interés propio en segundo lugar.14

Sus colegas lo veían como un ejemplo vivo de estas virtudes. Uno de ellos escribió que enseñó la ética de las virtudes y la encarnó en sus actos.3

Profesionalismo y economía de la salud

Pellegrino se opuso a la transformación del médico en un empleado que administra recursos y niega prestaciones para reducir costes. Aceptaba que la contención del gasto tuviera un lugar en la medicina, pero solo como consecuencia de una buena práctica clínica, no como objetivo que la determine. Recomendaba evitar a la vez el exceso y el defecto de pruebas y tratamientos, y condensó ese ideal en la fórmula de la parsimonia terapéutica y la elegancia diagnóstica.1

Reclamaba un profesionalismo centrado en el bienestar del paciente y dotado de un grado de altruismo. Algunos críticos tacharon esa visión de nostálgica; Pellegrino la defendió como una recuperación de los valores esenciales de la medicina.1 También apoyó el acceso universal a la atención sanitaria y aplaudió la intención de la reforma sanitaria estadounidense de que todo el que necesite asistencia la reciba.2,4

La perspectiva católica de su bioética

Fe y razón en la práctica médica

Pellegrino declaró que su fe católica era el elemento unificador más importante de su vida. Asistía a misa a diario y su fe moldeó su manera de entender la bioética.4 Sin embargo, no presentó la medicina como un campo reservado a creyentes. Argumentaba desde la razón filosófica y buscaba puntos de encuentro con los no creyentes, y reconocía en el pluralismo de la sociedad contemporánea un desafío que exigía argumentos accesibles a todos.1,10

Dos libros escritos con David Thomasma recogen su reflexión sobre la dimensión religiosa de la medicina:

Esta síntesis responde a la enseñanza de la Iglesia sobre el cuidado de los enfermos, que la tradición cristiana entiende como una expresión de la caridad hacia el prójimo y una participación en la misión sanadora de Cristo.17

Defensa de la vida humana

Pellegrino se opuso al aborto, a la eutanasia y al suicidio asistido, y rechazó que los médicos participaran en la pena capital.1 Defendió que matar no forma parte de la finalidad de la medicina y que la compasión verdadera consiste en acompañar y aliviar, no en provocar la muerte. Esta posición coincide con la doctrina de la Iglesia, que enseña que la eutanasia es una grave violación de la ley divina y que ninguna autoridad puede legitimarla.18,19

Como coeditor, participó en Dignidad y morir: una valoración cristiana (1996), obra colectiva que examina la atención al final de la vida desde la perspectiva cristiana.20 Su defensa de una medicina que evita tanto el abandono como el encarnizamiento terapéutico enlaza con la enseñanza católica sobre la licitud de renunciar a tratamientos desproporcionados y con el documento más reciente de la Santa Sede sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida.19,21

La conciencia del médico

En 2002 Pellegrino publicó La conciencia del médico, las cláusulas de conciencia y la creencia religiosa: una perspectiva católica. El estudio expone por qué la objeción de conciencia reviste especial importancia en la medicina actual, cuál es el fundamento moral de la libertad de conciencia, qué elementos componen la conciencia del médico, qué conflictos afrontan los profesionales y las instituciones católicas ante las cuestiones de la vida humana y qué modelos existen para resolverlos.22

La posición de Pellegrino se apoya en la comprensión católica de la conciencia como el juicio de la razón por el que la persona reconoce la calidad moral de un acto concreto, y en la dignidad que exige que nadie sea obligado a obrar contra ella.23,24 Desde esa base, la libertad de conciencia aparece como una garantía de la integridad moral del médico, que no puede reducirse a un mero ejecutor de prestaciones.

Dignidad humana

La presidencia del Consejo de Bioética le permitió llevar la dignidad humana al centro del debate público. El volumen Dignidad humana y bioética reunió voces de distintas tradiciones para esclarecer un concepto que muchos invocan y pocos definen, y Pellegrino aportó a esa reflexión su convicción de que todo ser humano posee un valor que ninguna enfermedad, edad o limitación puede borrar. Esta idea enlaza con la doctrina católica sobre la dignidad de la persona creada a imagen de Dios.9,19

Servicio a los pobres y compromiso eclesial

Pellegrino unió la teoría con el servicio directo. En 1984, por iniciativa del cardenal James Hickey y junto con otros dos médicos, fundó la Red Sanitaria de la Archidiócesis de Washington, que presta atención gratuita a personas sin recursos mediante unos doscientos cincuenta voluntarios.4

Presidió la Sociedad John Carroll, asociación de laicos de la archidiócesis de Washington, y contribuyó a poner en marcha su Misa de la Rosa anual. En 2013 la Sociedad le otorgó el Premio James Cardenal Hickey a la Trayectoria de Servicio. Fue feligrés durante muchos años de la parroquia de la Pequeña Flor, en Bethesda (Maryland).4

Obras principales

Pellegrino escribió o coescribió veintitrés libros y publicó más de seiscientos artículos y capítulos sobre ciencias médicas, filosofía y ética.3 Entre sus títulos más influyentes figuran:

  • Fundamentos filosóficos de la práctica médica (1981, con David C. Thomasma), que sienta las bases de su filosofía de la medicina.25
  • Por el bien del paciente: la restauración de la beneficencia en la atención sanitaria (1988, con David C. Thomasma).13
  • Las virtudes en la práctica médica (1993, con David C. Thomasma).14
  • Las virtudes cristianas en la práctica médica (1996, con David C. Thomasma).15
  • Dignidad y morir: una valoración cristiana (1996, como coeditor).20
  • Ayudar y curar: el compromiso religioso en la atención sanitaria (1997, con David C. Thomasma).16
  • La filosofía de la medicina renacida: antología de Pellegrino (2008, edición de H. Tristram Engelhardt y Fabrice Jotterand), que recopila sus ensayos más significativos.26

Reconocimientos

La trayectoria de Pellegrino recibió numerosos galardones y distinciones:

  • La Medalla Laetare de la Universidad de Notre Dame (1998), el premio más antiguo y prestigioso que concede el catolicismo norteamericano.27
  • El Premio Henry Knowles Beecher del Centro Hastings, por su contribución a la ética de las ciencias de la vida.
  • El Premio Benjamin Rush de la Asociación Médica Estadounidense.
  • El Premio Abraham Flexner de la Asociación de Facultades de Medicina Estadounidenses, por su servicio a la educación médica.
  • La condición de Maestro del Colegio Estadounidense de Médicos, miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, miembro del Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias y miembro del Centro Hastings.
  • Más de cincuenta doctorados honoris causa, entre ellos el de Georgetown (1979).3,28

Últimos años y fallecimiento

Pellegrino siguió activo hasta el final. Enseñaba bioética en Georgetown y atendía a enfermos en el hospital universitario durante la última semana de su vida. Murió el 13 de junio de 2013, nueve días antes de cumplir noventa y tres años.4

La familia lo despidió con una vigilia el 18 de junio en la iglesia de la Pequeña Flor, en Bethesda, y con una misa exequial el 19 de junio, seguida de un entierro privado.5 El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, recordó su «conmovedora combinación de pericia científica y profunda fe católica».4

Legado

Pellegrino dejó una huella duradera en tres ámbitos. En el académico, recuperó la filosofía de la medicina como disciplina seria y formó a generaciones de médicos y especialistas en ética en Georgetown. En el institucional, sus centros de bioética y la presidencia del Consejo de Bioética dieron un cauce estable a la reflexión sobre las cuestiones morales de la medicina. En el moral, mostró que un médico creyente puede dialogar con una sociedad plural sin renunciar a sus convicciones.1,28

Su pensamiento también suscitó debate. Algunos autores, entre ellos Tom Beauchamp, Robert Veatch y Baruch Brody junto con Franklin Miller, discutieron que una moralidad interna de la medicina pueda justificarse por sí misma o permanezca fija con el tiempo. Otros estudiosos observaron que entender la curación como finalidad propia de la medicina resulta estrecho para ámbitos como los cuidados paliativos. Los análisis más atentos de su obra han concluido, no obstante, que su propuesta es más dinámica y compleja de lo que sugiere a primera vista: la finalidad del acto médico sigue siendo el bien del paciente, y ese bien adopta la forma del alivio y del acompañamiento cuando la curación ya no es posible.1,29

La figura de Pellegrino encarna un ideal que la tradición católica ha defendido siempre: la medicina como vocación de servicio, ejercida con ciencia, prudencia y caridad, al lado de quien sufre.

Citas y referencias

  1. Daniel P. Sulmasy. The Good Doctor. The New Atlantis, n.º 39, otoño de 2013. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
  2. Bioethics Today. Edmund D. Pellegrino (June 22, 1920 - June 13, 2013). Bioethics Today, 2013. 2
  3. Georgetown University Medical Center. Edmund Pellegrino, 1920-2013. GUMC Stories, Universidad de Georgetown, 2013. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  4. National Catholic Reporter. Physician and renowned bioethicist Edmund Pellegrino dies at age 92. National Catholic Reporter, 2013. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  5. Universidad Católica de América. Edmund Pellegrino, former CUA president, dies at 92. Oficina de Comunicaciones, 14 de junio de 2013. 2 3 4
  6. Physician Assistant History Society. Edmund D. Pellegrino, MD, MACP (1920-2013). Semblanza biográfica. 2
  7. Juan Pablo II. Discurso a los educadores católicos, Universidad Católica de América, Washington, 7 de octubre de 1979.
  8. President’s Council on Bioethics. Taking Care: Ethical Caregiving in Our Aging Society. Washington, 2005. 2
  9. President’s Council on Bioethics. Human Dignity and Bioethics: Essays Commissioned by the President’s Council on Bioethics. Washington, 2008. 2
  10. The Philosophy of Medicine Reborn. First Things, reseña de la antología de Pellegrino. 2 3 4 5 6 7 8 9
  11. Juan Pablo II. Motu proprio Vitae mysterium, por el que se instituye la Pontificia Academia para la Vida, 11 de febrero de 1994.
  12. Edmund D. Pellegrino; David C. Thomasma. A Philosophical Basis of Medical Practice: Toward a Phenomenology and Ethics of the Healing Relationship. Oxford University Press, 1981. 2 3
  13. Edmund D. Pellegrino; David C. Thomasma. For the Patient’s Good: The Restoration of Beneficence in Health Care. Oxford University Press, 1988. 2
  14. Edmund D. Pellegrino; David C. Thomasma. The Virtues in Medical Practice. Oxford University Press, 1993. 2
  15. Edmund D. Pellegrino; David C. Thomasma. The Christian Virtues in Medical Practice. Georgetown University Press, 1996. 2
  16. Edmund D. Pellegrino; David C. Thomasma. Helping and Healing: Religious Commitment in Health Care. Georgetown University Press, 1997. 2
  17. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1503-1509 (1992).
  18. Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 27 (1965).
  19. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2276-2279 (1992); Juan Pablo II. Carta encíclica Evangelium vitae, n. 65 (1995). 2 3
  20. John F. Kilner; Arlene B. Miller; Edmund D. Pellegrino (eds.). Dignity and Dying: A Christian Appraisal. Eerdmans, 1996. 2
  21. Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta Samaritanus bonus sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida, 22 de septiembre de 2020.
  22. Edmund D. Pellegrino. The Physician’s Conscience, Conscience Clauses, and Religious Belief: A Catholic Perspective. Fordham Urban Law Journal, vol. 30, n.º 1, 2002, pág. 221.
  23. Concilio Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 16 (1965).
  24. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1776-1782 (1992).
  25. Edmund D. Pellegrino; David C. Thomasma. A Philosophical Basis of Medical Practice. Oxford University Press, 1981.
  26. H. Tristram Engelhardt; Fabrice Jotterand (eds.). The Philosophy of Medicine Reborn: A Pellegrino Reader. University of Notre Dame Press, 2008.
  27. Universidad de Notre Dame. Dr. Pellegrino will receive the 1998 Laetare Medal. Notre Dame News, 19 de marzo de 1998.
  28. Center for Bioethics and Human Dignity. Edmund Pellegrino. Semblanza de miembro distinguido de la Academia de Fellows. 2
  29. Biblioteca de la Universidad de Georgetown. Edmund D. Pellegrino Papers. Nota biográfica y alcance de la colección.
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