«Pérdida» de funciones: el conflicto entre modelos explicativos
El texto contrapone dos marcos interpretativos:
Un enfoque basado en la exigencia de una pérdida total de funciones cerebrales para afirmar la desintegración del cuerpo como «todo integrador».
Otro enfoque alternativo («mode of being», es decir, «modo de ser»), presentado como más compatible con la idea de que incluso si se pierde respiración espontánea y conciencia, podría continuar una cierta integración y alguna función cerebral pese al diagnóstico.
En esa misma línea, se afirma que el enfoque alternativo no se consideraría coherente con la doctrina citada asociada a un concilio (en el texto, el Concilio de Vienne), y que se le atribuye un giro materialista, pues evaluaría el estatus del paciente no por su condición ontológica, sino por la manifestación de funciones «específicamente humanas».
En consecuencia, el rol de Pellegrino en el debate aparece vinculado a un rechazo del planteamiento de la definición «operativa» sustentada por el criterio neurológico tal como se discutía en el informe mencionado.
Incertidumbre científica y prudencia ética
Un elemento característico del análisis donde se menciona a Pellegrino es la preocupación ética por el riesgo de equivocación cuando existe duda razonable sobre si la persona está realmente muerta.
En un texto centrado en las consecuencias prácticas de la obtención de órganos, se menciona el principio de precaución expresado como «cuando hay duda, déjalo fuera» (o, en formulación similar), y se explica que, en casos de incertidumbre, la regla de acción debería inclinarse hacia la vida, o al menos hacia la probabilidad de presencia de vida humana, con el fin de evitar actuar sobre la base de un supuesto potencialmente erróneo.
El mismo pasaje indica que la discusión no se situaría «primariamente» en el nivel ético, sino también en un nivel antropológico y médico, precisamente porque las decisiones sobre muerte y trasplantes no son meramente terminológicas, sino que dependen de cómo se interpreta el estado humano del paciente.
Además, el texto afirma que no haría falta certeza absoluta: bastaría una probabilidad razonable de que la persona no esté muerta en el momento en que se considera «muerte cerebral».