Primacía educativa de los padres
La familia constituye el ámbito originario de la educación sexual. Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos porque su misión educativa nace de la misma transmisión de la vida y de la relación singular de amor que mantienen con ellos. Su derecho y deber educativo es original, primario, irrenunciable e insustituible.,
La escuela, la Iglesia y el Estado pueden ayudar a los padres, pero no apropiarse de una responsabilidad que les corresponde de manera propia. La colaboración de otras instituciones debe respetar el principio de subsidiariedad: las instituciones educativas prestan asistencia a la familia y completan su tarea, sin desplazarla ni imponer una orientación contraria a sus convicciones legítimas.,
La responsabilidad parental tampoco significa que los padres deban afrontar solos todas las necesidades formativas. La familia puede contar con profesores, orientadores y centros educativos, especialmente cuando carece de tiempo, preparación o recursos suficientes. Sin embargo, la ayuda externa debe permanecer al servicio de la misión de los padres y ejercerse con su consentimiento y autorización.
Subsidiariedad de la escuela
La escuela desempeña una función educativa real y valiosa. Su misión incluye desarrollar las capacidades intelectuales, creativas y afectivas del alumno, formar su juicio y su voluntad, cultivar el sentido de los valores y promover actitudes prudentes y responsables.
En el ámbito de la educación sexual, esta misión exige que el centro educativo actúe en armonía con la familia. La escuela debe informar y formar de modo adecuado a la edad, respetar la intimidad de los alumnos, evitar la presión ideológica y mantener una comunicación transparente con los padres.
El centro escolar no puede tratar la sexualidad como un asunto exclusivamente técnico. La educación sexual debe insertarse en el conjunto de la formación humana y presentar la sexualidad como un valor y una responsabilidad que afectan a toda la persona, creada como varón y mujer a imagen de Dios.
Formación integral frente a la reducción de la sexualidad
La Iglesia rechaza tanto la ignorancia como una educación sexual reducida a datos aislados. La mera información biológica, separada de la formación moral, puede dejar al alumno sin criterios para discernir el significado de sus decisiones y de sus relaciones.
La educación sexual ha de integrar:
- El conocimiento del cuerpo y de sus procesos.
- La maduración afectiva.
- El respeto a la dignidad propia y ajena.
- La responsabilidad personal.
- La capacidad de autodominio.
- La comprensión del amor como entrega.
- El reconocimiento del valor de la intimidad.
- La formación de la conciencia moral.
- La apertura a la vocación personal.
La información adquiere su verdadero valor cuando ayuda al crecimiento de la persona. Una enseñanza que presenta la sexualidad únicamente como fuente de placer ofrece una visión empobrecida y puede separar la conducta sexual de sus consecuencias humanas y morales.,