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Éfeso

Éfeso fue una de las principales ciudades de la Antigüedad y uno de los centros cristianos más importantes de Asia Menor. La ciudad destacó por su comercio, por el templo de Artemisa, por la predicación de san Pablo y san Juan y, sobre todo, por el Concilio de Éfeso, celebrado en 431, que proclamó la maternidad divina de la Virgen María y defendió la unidad personal de Jesucristo.

Ephesus Celsus Library Façade
Ver información de la imagenFachada de la biblioteca de Celso, en Éfeso, cerca de Selçuk, oeste de Turquía, c. 2010. Original, Benh LIEU SONG, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreÉfeso
CategoríaCiudad santa
DescripciónAntigua ciudad de la Antigüedad, importante centro comercial y cristiano de Asia Menor, sede del templo de Artemisa y del Concilio de 431
ReferenciasCarta a la Iglesia de Éfeso (Apocalipsis), Actas del Concilio de Éfeso
Contexto HistóricoCapital de la provincia romana de Asia, con influencias jonias, lidias, persas y bizantinas; punto de evangelización apostólica y de disputas cristológicas.
DiócesisEphesus
Eventos RelacionadosConcilio de Éfeso (431)
ImportanciaCentro del templo de Artemisa, punto de predicación de San Pablo y San Juan, y lugar del Concilio de Éfeso que definió la maternidad divina de María.
LugarTemplo de Artemisa, Casa de Panaya Kapulu
PaísTurquía
Personas relacionadasAndroclo
Personas RelacionadasSan Pablo, San Juan el Evangelista, San Cirilo, Nestorio, Teodosio II
TipoCiudad santa, Ciudad, Asia Menor

Tabla de contenido

Situación geográfica e importancia histórica

Éfeso estaba situada en la costa occidental de Asia Menor, en la actual Turquía. Su posición favorecía las comunicaciones entre el mundo egeo, el interior de Anatolia y las rutas comerciales mediterráneas. La ciudad llegó a ser capital de la provincia romana de Asia y mantuvo una intensa actividad mercantil, aunque su fama antigua procedía principalmente del santuario de Artemisa.1

La tradición antigua atribuye la fundación de Éfeso a Androclo, hijo del rey ateniense Codro, con la colaboración de colonos jonios. La ciudad pasó sucesivamente bajo el dominio de los reyes de Lidia, del Imperio persa, de los sucesores de Alejandro Magno y de los reyes de Pérgamo. En el año 133 antes de Cristo, el reino de Pérgamo pasó a Roma por disposición testamentaria de Átalo III.1

Durante la época romana, Éfeso se convirtió en la capital de la provincia proconsular de Asia. La ciudad albergó una población cosmopolita y recibió la influencia de diversas corrientes religiosas, filosóficas y culturales. Entre sus personajes célebres figuraron el filósofo Heráclito, el poeta Hiponacte, el pintor Parrasio y el geógrafo Artemidoro.1

El templo de Artemisa

El templo de Artemisa, llamada Diana por los romanos, constituyó el principal monumento religioso de Éfeso. El santuario atraía a peregrinos y visitantes de numerosas regiones y poseía también importancia económica, política y social.

La construcción inicial estuvo vinculada al arquitecto cretense Quersifrón. El edificio sufrió un incendio provocado por Heróstrato en el año 356 antes de Cristo, la misma noche del nacimiento de Alejandro Magno, y posteriormente fue reconstruido con dimensiones semejantes. El templo tenía más de ciento veinte columnas y figuraba entre las grandes maravillas arquitectónicas del mundo antiguo. Con el tiempo perdió sus riquezas y acabó destruido durante las invasiones godas del siglo III.1

El culto de Artemisa también explica algunos episodios de la evangelización cristiana. La predicación apostólica afectó directamente a los intereses de quienes fabricaban imágenes y objetos votivos destinados al santuario.

La llegada del cristianismo

El cristianismo llegó a Éfeso en un ambiente marcado por la presencia judía y por la pluralidad religiosa de la ciudad. Los Hechos de los Apóstoles relacionan la primera expansión cristiana con Apolo, judío originario de Alejandría y discípulo de Juan el Bautista, y con la instrucción que recibió de Aquila y Priscila.1

La actividad de san Pablo

San Pablo desarrolló en Éfeso una de las etapas más importantes de su misión apostólica. Permaneció allí aproximadamente tres años y contribuyó a organizar la comunidad cristiana. Según los Hechos de los Apóstoles, enseñaba en la escuela o sala de conferencias de Tirano y realizó numerosas obras extraordinarias.1

La predicación paulina provocó una reacción de los artesanos vinculados al culto de Artemisa. Demetrio, fabricante de objetos votivos, impulsó una revuelta al considerar que la predicación cristiana amenazaba tanto el prestigio de la diosa como el sustento económico de los artesanos. La multitud se concentró en el teatro de la ciudad y durante un tiempo gritó: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!». San Pablo abandonó finalmente la ciudad para evitar una escalada de violencia.1

En su viaje hacia Jerusalén, san Pablo convocó en Mileto a los presbíteros de Éfeso. Allí pronunció un discurso de despedida en el que recordó su servicio apostólico, exhortó a los responsables de la comunidad a custodiar el rebaño y les advirtió de los peligros que podían amenazar a la Iglesia.1

La Iglesia de Éfeso y san Juan

La tradición cristiana antigua atribuye a san Juan una presencia prolongada en Éfeso. Eusebio de Cesarea afirma que la Iglesia de Éfeso fue fundada por san Pablo y que san Juan permaneció allí hasta el reinado de Trajano.2

Diversos escritores cristianos de los primeros siglos relacionaron a san Juan con las Iglesias de Asia Menor y con la ciudad de Éfeso. La tradición recogida por autores antiguos también vinculó con Éfeso la redacción del cuarto Evangelio y la dirección pastoral de las comunidades de aquella región.3

El libro del Apocalipsis incluye a Éfeso entre las siete Iglesias de Asia. La carta dirigida a esa comunidad elogia su perseverancia y su defensa de la fe, pero también la exhorta a recuperar el amor inicial. Este pasaje presenta a Éfeso como una Iglesia sólida en la doctrina, aunque necesitada de renovación espiritual.

La escuela teológica de Éfeso

Un centro de enseñanza apostólica

Éfeso desempeñó una función relevante en la formación del pensamiento cristiano de Asia Menor. San Pablo enseñó públicamente en la sala de Tirano y convirtió la ciudad en una base de evangelización para amplias zonas de la provincia de Asia. La permanencia de san Juan reforzó posteriormente la autoridad apostólica de la comunidad.1,2

La expresión escuela teológica de Éfeso no designa, con la misma precisión histórica, una institución formal comparable a la escuela catequética de Alejandría. Resulta más exacto hablar de un ambiente teológico y eclesial efesino, formado por la predicación apostólica, la tradición joánica, la actividad de los presbíteros y la reflexión cristológica que culminó en el concilio de 431.

La tradición joánica

La herencia de san Juan proporcionó a las Iglesias de Asia Menor un marco teológico centrado en varios temas fundamentales:

  • La verdadera divinidad de Jesucristo.
  • La encarnación del Verbo.
  • La unidad entre la revelación recibida de Cristo y la vida sacramental de la Iglesia.
  • El mandamiento del amor.
  • La lucha contra las interpretaciones que dividían la identidad de Jesús.

La tradición antigua relacionó la presencia de san Juan en Asia con la consolidación de las Iglesias de la región y con la transmisión de la doctrina apostólica.3,2

Éfeso y las corrientes antioquenas

La controversia que desembocó en el Concilio de Éfeso estuvo vinculada principalmente a las diferencias entre la teología alejandrina y la teología antioquena. Los teólogos antioquenos Diodoro de Tarso y Teodoro de Mopsuestia insistieron en la plena humanidad de Cristo y en la riqueza de su vida humana. Sin embargo, su modo de explicar la unión entre la humanidad y la divinidad podía parecer que dividía excesivamente a Cristo en dos sujetos.4

Teodoro de Mopsuestia ejerció una influencia decisiva sobre Nestorio. Su interpretación literal de la Escritura y su análisis de la humanidad de Jesús influyeron en amplios sectores del cristianismo oriental. La tradición teológica vinculada a estos autores alcanzó posteriormente las Iglesias de Mesopotamia y contribuyó a la formación de la escuela cristiana de Edesa y de otras instituciones intelectuales del Oriente.5

Por tanto, Éfeso no debe confundirse con la escuela antioquena ni con la escuela alejandrina. Su importancia propia reside en haber sido un centro apostólico, bíblico y conciliar donde confluyeron la tradición paulina, la herencia joánica y los debates cristológicos de la Antigüedad tardía.

El Concilio de Éfeso del año 431

Convocatoria y protagonistas

El Concilio de Éfeso fue el tercer concilio ecuménico. El emperador Teodosio II lo convocó para resolver la controversia cristológica que alteraba la unidad de la Iglesia y la paz del Imperio. Los protagonistas principales fueron Nestorio, arzobispo de Constantinopla desde 428, y san Cirilo, patriarca de Alejandría.6

Nestorio manifestó reservas ante el título mariano Theotokos, traducido habitualmente como Madre de Dios o Madre de Dios hecho hombre. Prefería expresiones como Christotokos, «Madre de Cristo», porque quería proteger la plena humanidad de Jesús y evitar una interpretación que confundiera o absorbiera su humanidad en la divinidad. Su preocupación por conservar la humanidad completa de Cristo tenía un fundamento legítimo; sin embargo, la solución que proponía no expresaba adecuadamente la unidad personal de Jesucristo.6

San Cirilo defendió que el sujeto nacido de María es el mismo Hijo eterno de Dios que asumió una verdadera naturaleza humana. Por esta razón, María puede recibir legítimamente el título de Theotokos: no porque la Virgen sea origen de la divinidad del Verbo, sino porque dio a luz, según la carne, a la persona divina del Hijo encarnado.7

Desarrollo del concilio

La asamblea debía comenzar en Pentecostés, pero las dificultades de viaje retrasaron la llegada de varios obispos. San Cirilo y sus partidarios iniciaron las sesiones el 22 de junio de 431 sin esperar a los obispos antioquenos ni a los legados romanos. El concilio examinó las cartas de Cirilo y Nestorio, aprobó la primera y condenó la segunda. Nestorio se negó en tres ocasiones a comparecer y los obispos presentes declararon su deposición.6

Más tarde llegó Juan de Antioquía con un grupo numeroso de obispos orientales. Este grupo celebró una reunión separada, condenó a Cirilo y rehabilitó a Nestorio. Los legados del papa Celestino I llegaron posteriormente y apoyaron la posición de Cirilo. La complejidad del procedimiento explica que el reconocimiento y la recepción del concilio atravesaran nuevas tensiones antes de alcanzar una solución de unidad.6

La doctrina de Éfeso

El concilio defendió la unidad de Cristo. Jesucristo no es una unión accidental entre un hombre y el Verbo, ni una cooperación entre dos sujetos independientes. El mismo Hijo eterno de Dios nació de María según la carne.

Los anatematismos atribuidos a san Cirilo expresan esta doctrina afirmando que el Emmanuel es verdaderamente Dios y que, por ello, la Virgen María es Madre de Dios, porque llevó en su seno al Verbo de Dios hecho carne.8

La definición conciliar puede resumirse en tres afirmaciones:

  1. El Verbo eterno es verdadero Dios.
  2. El Verbo asumió una humanidad completa y verdadera.
  3. El sujeto nacido de María es la única persona divina del Hijo.

La doctrina de Éfeso no enseña que María sea origen de la divinidad ni que haya existido antes que Dios. Enseña que el Hijo eterno, sin dejar de ser Dios, nació realmente de la Virgen según su humanidad. Por eso el título Theotokos protege simultáneamente la verdad sobre Cristo y la verdad sobre María.

La maternidad divina de la Virgen María

El título Madre de Dios ocupa el centro de la enseñanza mariana del Concilio de Éfeso. La Iglesia no lo entiende como una afirmación sobre el origen eterno del Verbo, que procede del Padre, sino sobre la identidad personal de Jesucristo.

El Hijo que María concibió y dio a luz es el Verbo eterno hecho hombre. La maternidad de María afecta a la persona de su Hijo, aunque la divinidad del Hijo no tenga comienzo temporal. San Juan Pablo II resumió esta doctrina afirmando que Cristo es el mismo Verbo eterno, Dios de Dios, nacido eternamente del Padre y nacido en el tiempo, según la carne, de la Virgen María.7

La decisión de Éfeso tuvo también una importancia soteriológica. Si Cristo estuviera dividido en dos sujetos, la unión entre Dios y la humanidad quedaría debilitada. En cambio, si el único Hijo de Dios asumió verdaderamente la naturaleza humana, entonces la encarnación, la redención y la glorificación de la humanidad pertenecen a la acción del mismo Señor Jesucristo.

La Virgen María y Éfeso: tradición y documentación histórica

Una antigua tradición relaciona a la Virgen María con Éfeso, especialmente a través de san Juan. La tradición piadosa identifica en Panaya Kapulu, cerca de las ruinas de la ciudad, una casa como el lugar donde María habría vivido sus últimos años. Muchos peregrinos veneran actualmente ese lugar.

Sin embargo, la tradición devocional y la certeza histórica no poseen el mismo grado. La documentación antigua no permite demostrar de manera concluyente que María residiera o muriera en Éfeso. La interpretación de una expresión ambigua relacionada con una iglesia dedicada a la Virgen y a san Juan tampoco ofrece una prueba definitiva. Además, algunos autores antiguos presentan datos cronológicos o geográficos discutibles.9

Las visiones de Ana Catalina Emmerick contribuyeron a popularizar la identificación de la casa de Panaya Kapulu, pero el valor histórico de esas visiones no ha recibido una aceptación unánime. La propia tradición católica permite distinguir entre la veneración legítima de un lugar asociado a María y la afirmación histórica de que aquel edificio fue realmente su residencia.9

Por ello, conviene formular la cuestión con prudencia: la estancia de la Virgen María en Éfeso pertenece a una tradición antigua y piadosa, pero no constituye un hecho histórico demostrado con certeza plena. Esta cautela no afecta en absoluto a la doctrina definida en el Concilio de Éfeso sobre la maternidad divina de María.

Influencia patrística y doctrinal

Éfeso ocupa un lugar central en la historia de la patrística por tres motivos principales.

Defensa de la unidad de Cristo

El concilio obligó a precisar el lenguaje cristológico. La distinción entre naturaleza y persona todavía no poseía la terminología técnica que alcanzaría en los siglos posteriores. El debate mostró que una defensa unilateral de la humanidad de Cristo podía terminar separando al hombre Jesús del Verbo eterno.4

Protección de la plena humanidad

La doctrina de Éfeso no absorbió la humanidad de Cristo en la divinidad. Al contrario, defendió que el Verbo asumió una humanidad verdadera. La controversia posterior demostraría que la Iglesia debía mantener simultáneamente dos afirmaciones: Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.

Desarrollo de la reflexión mariana

El título Theotokos no constituye una devoción aislada, sino una consecuencia directa de la cristología. La dignidad de María depende de la identidad de su Hijo. Al confesarla como Madre de Dios, la Iglesia protege la verdad de que el nacido de ella es el único Hijo eterno encarnado.

Éfeso en la tradición eclesial posterior

La memoria de Éfeso quedó vinculada a la defensa de la fe nicena y a la recepción de la doctrina cristológica. La ciudad conservó durante siglos un importante prestigio eclesial como sede apostólica y conciliar.

La tradición también relacionó Éfeso con san Juan y con la difusión del cristianismo en Asia Menor. Eusebio presentó la Iglesia efesina como testigo fiel de la tradición apostólica, fundada por san Pablo y vinculada posteriormente a la presencia de san Juan.2

Con el declive económico de la ciudad, los cambios políticos y la transformación de las rutas comerciales, Éfeso perdió progresivamente su importancia urbana. La ciudad antigua quedó finalmente reducida a un conjunto de ruinas, aunque su relevancia para la historia de la Iglesia permaneció intacta.

Significado teológico de Éfeso

En la historia del cristianismo, Éfeso representa la convergencia de evangelización, reflexión teológica y definición dogmática. La predicación de san Pablo inició una comunidad que llegó a ser una de las más influyentes de Asia. La tradición vinculada a san Juan enriqueció su identidad apostólica. Finalmente, el concilio celebrado en la ciudad afirmó que el Salvador es una sola persona: el Verbo eterno hecho hombre.

La enseñanza fundamental de Éfeso puede expresarse así: Jesucristo es el único Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre; por eso María es verdaderamente Madre de Dios según la carne. Esta confesión constituye el núcleo doctrinal que hizo de Éfeso uno de los lugares decisivos de la historia católica.

Citas y referencias

  1. Éfeso, . Enciclopedia Católica, Éfeso (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Narrativa sobre Juan el apóstol, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro III. Capítulo 23, 4 (325). 2 3 4
  3. San Juan el Evangelista, . Enciclopedia Católica, San Juan el Evangelista (1913). 2
  4. J. Ibáñez-Ibáñez; F. Mendoza-Ruiz. La maternidad divina de María, dogma proclamado en Éfeso. A propósito de un libro de Th. Camelot, 3 (1972). 2
  5. John Henry Newman. Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, 297 (1878).
  6. Éfeso, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Éfeso (2015). 2 3 4
  7. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 16 de marzo de 1988, 3 (1988). 2
  8. Concilio de Éfeso (d.C. 431) - Sesión I.1 - Las doce anátemas de San Cirilo contra Nestorio, Documento conciliar. Concilio de Éfeso (d.C. 431), Sesión I.1 (431).
  9. La bienaventurada virgen María, . Enciclopedia Católica, La Bienaventurada Virgen María (1913). 2
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