Convocatoria y protagonistas
El Concilio de Éfeso fue el tercer concilio ecuménico. El emperador Teodosio II lo convocó para resolver la controversia cristológica que alteraba la unidad de la Iglesia y la paz del Imperio. Los protagonistas principales fueron Nestorio, arzobispo de Constantinopla desde 428, y san Cirilo, patriarca de Alejandría.
Nestorio manifestó reservas ante el título mariano Theotokos, traducido habitualmente como Madre de Dios o Madre de Dios hecho hombre. Prefería expresiones como Christotokos, «Madre de Cristo», porque quería proteger la plena humanidad de Jesús y evitar una interpretación que confundiera o absorbiera su humanidad en la divinidad. Su preocupación por conservar la humanidad completa de Cristo tenía un fundamento legítimo; sin embargo, la solución que proponía no expresaba adecuadamente la unidad personal de Jesucristo.
San Cirilo defendió que el sujeto nacido de María es el mismo Hijo eterno de Dios que asumió una verdadera naturaleza humana. Por esta razón, María puede recibir legítimamente el título de Theotokos: no porque la Virgen sea origen de la divinidad del Verbo, sino porque dio a luz, según la carne, a la persona divina del Hijo encarnado.
Desarrollo del concilio
La asamblea debía comenzar en Pentecostés, pero las dificultades de viaje retrasaron la llegada de varios obispos. San Cirilo y sus partidarios iniciaron las sesiones el 22 de junio de 431 sin esperar a los obispos antioquenos ni a los legados romanos. El concilio examinó las cartas de Cirilo y Nestorio, aprobó la primera y condenó la segunda. Nestorio se negó en tres ocasiones a comparecer y los obispos presentes declararon su deposición.
Más tarde llegó Juan de Antioquía con un grupo numeroso de obispos orientales. Este grupo celebró una reunión separada, condenó a Cirilo y rehabilitó a Nestorio. Los legados del papa Celestino I llegaron posteriormente y apoyaron la posición de Cirilo. La complejidad del procedimiento explica que el reconocimiento y la recepción del concilio atravesaran nuevas tensiones antes de alcanzar una solución de unidad.
La doctrina de Éfeso
El concilio defendió la unidad de Cristo. Jesucristo no es una unión accidental entre un hombre y el Verbo, ni una cooperación entre dos sujetos independientes. El mismo Hijo eterno de Dios nació de María según la carne.
Los anatematismos atribuidos a san Cirilo expresan esta doctrina afirmando que el Emmanuel es verdaderamente Dios y que, por ello, la Virgen María es Madre de Dios, porque llevó en su seno al Verbo de Dios hecho carne.
La definición conciliar puede resumirse en tres afirmaciones:
- El Verbo eterno es verdadero Dios.
- El Verbo asumió una humanidad completa y verdadera.
- El sujeto nacido de María es la única persona divina del Hijo.
La doctrina de Éfeso no enseña que María sea origen de la divinidad ni que haya existido antes que Dios. Enseña que el Hijo eterno, sin dejar de ser Dios, nació realmente de la Virgen según su humanidad. Por eso el título Theotokos protege simultáneamente la verdad sobre Cristo y la verdad sobre María.