Egipto y los patriarcas
El Egipto bíblico aparece relacionado con los patriarcas de Israel. Abrahán descendió allí durante una época de hambre, y José fue llevado a Egipto, donde llegó a ocupar una posición de autoridad. La tradición bíblica presenta estos episodios dentro del proceso por el que Dios conduce providencialmente la historia de Israel.
La identificación de todos los pasajes bíblicos relativos a Misraim con el Egipto africano ha sido discutida por algunos intérpretes, que propusieron relacionarlos con una región del norte de Arabia llamada Musri. Esa hipótesis afectaría a diversos relatos, entre ellos la estancia de Abrahán, la historia de José y la residencia de los israelitas en Egipto; sin embargo, modificaría profundamente la interpretación tradicional de la historia hebrea.1
La esclavitud y el éxodo
El relato del Éxodo presenta Egipto como la tierra de la opresión de los israelitas y como el lugar desde el que Dios llama a su pueblo hacia la libertad y la alianza. La salida de Egipto constituye uno de los acontecimientos fundamentales de la memoria religiosa de Israel y proporciona el marco simbólico de numerosas lecturas cristianas sobre la redención.
La Pascua de Israel, vinculada al sacrificio del cordero y al paso del mar Rojo, adquirió para la Iglesia un cumplimiento cristológico. La liberación de la esclavitud egipcia prefigura la liberación del pecado, mientras que el paso hacia la tierra prometida anticipa, en la interpretación cristiana, el camino sacramental y escatológico del pueblo de Dios.
Egipto en los profetas
Los profetas emplean Egipto con diversos sentidos: como potencia política, como lugar de alianza peligrosa, como memoria de la esclavitud y como escenario de una futura acción salvadora de Dios. La expresión «de Egipto llamé a mi hijo», aplicada originalmente a Israel, recibe en el Evangelio de san Mateo una interpretación cristológica.


