La relación de Israel con Egipto en el Antiguo Testamento es compleja y fundamental para la identidad del pueblo elegido.
La Esclavitud y el Éxodo
La narrativa más prominente es la de los israelitas viviendo como extranjeros y esclavos en Egipto, un período que culmina con su liberación milagrosa bajo Moisés. Esta experiencia de opresión y eventual salvación es un tema recurrente en la Escritura, recordando a Israel su propia historia para fomentar la compasión hacia los forasteros1. Pasajes como Éxodo 22:21, 23:9, Levítico 19:33-34 y Deuteronomio 24:21-22 instan a tratar al extranjero con amor y justicia, basándose en la memoria de haber sido ellos mismos extranjeros en la tierra de Egipto1.
Profecías de Juicio y Restauración
Los profetas del Antiguo Testamento a menudo se refirieron a Egipto, tanto para pronunciar juicios como para prever una futura restauración. Ezequiel, por ejemplo, profetizó la desolación de Egipto, la dispersión de sus habitantes entre las naciones y la ruptura del poder del Faraón2,3. Se predijo que Egipto sería una desolación durante cuarenta años, con sus ciudades devastadas y su pueblo disperso, aunque también se mencionó una eventual reunión y restauración, convirtiéndose en un «reino humilde»3. Jeremías también anunció la derrota de Egipto por Nabucodonosor de Babilonia, destacando la futilidad de sus muchos medicamentos y la vergüenza de su caída4.
Sin embargo, el profeta Isaías ofrece una visión de esperanza y reconciliación. Predice un día en que cinco ciudades de Egipto hablarán el idioma de Canaán y jurarán lealtad al Señor de los ejércitos, y habrá un altar al Señor en el centro de la tierra de Egipto5. Este pasaje sugiere que el Señor se dará a conocer a los egipcios, quienes lo adorarán con sacrificios y harán votos5. Isaías incluso describe una futura bendición trilateral donde Israel, Egipto y Asiria serán una bendición en medio de la tierra, con el Señor bendiciendo a Egipto como «mi pueblo»5.
