En la Biblia
Aunque la palabra «egoísmo» no se encuentra literalmente en la Biblia, el concepto subyacente de orgullo y autosuficiencia es recurrente. El Salmo 73:3, por ejemplo, expresa: «Yo era soberbio y orgulloso, y no me afligí por la injusticia», ilustrando cómo la arrogancia puede conducir al error y al sufrimiento. En el Nuevo Testamento, Jesús critica la vanidad y la autopromoción, como se observa en Mateo 23, donde condena la «falsa humildad» de los fariseos (Mateo 23, 27-28). La enseñanza de la Iglesia vincula el egoísmo con la ausencia de caridad y la negligencia hacia el prójimo. La encíclica Caritas in Veritate (2009) de Benedicto XVI describe la caridad como «amor recibido y dado», fundamentado en la gracia (charis), en contraste con la actitud egoísta de «tomar sin dar»1.
En la enseñanza de Jesús
Jesús exhorta a sus discípulos a «ser humildes y servir a los demás» (Mateo 20, 26-28). El Sermón del Monte (Mateo 5-7) enfatiza la importancia de «amar al prójimo» y de «dar sin esperar nada a cambio». Así, la vida cristiana se edifica sobre los pilares de la solidaridad, la generosidad y la entrega desinteresada, valores que se oponen directamente al egoísmo.
