Los Ejercicios espirituales nacen del carisma de san Ignacio de Loyola y están concebidos para ayudar a la persona a «conquistar» su interior y ordenar su vida. En la terminología ignaciana, el objetivo no es simplemente adquirir ideas religiosas, sino mover la voluntad hacia Dios, evitando decisiones tomadas por afectos desordenados y aprendiendo a dejarse guiar por la acción divina.1,2
En su formulación, los Ejercicios incluyen acciones espirituales como examinar la conciencia, meditar, contemplar y orar. El mismo libro indica que el término «Ejercicios» se refiere a varias acciones espirituales, no a una única práctica.1
Un camino con ritmo pedagógico
Aunque pueden variar en duración según el progreso de cada persona, el núcleo de la experiencia se organiza en un itinerario que, tradicionalmente, se presenta como cuatro «semanas» o etapas de contemplación y asimilación espiritual, con contenidos progresivos.1,3

