Cada semana se estructura en meditaciones, contemplaciones y coloquios, con preludios (preparación mental) y puntos clave para reflexionar. El objetivo es progresar de la purificación del alma a la imitación de Cristo y la unión con Dios.
Primera Semana: El pecado y la misericordia de Dios
La Primera Semana se enfoca en el reconocimiento del pecado y la necesidad de conversión. Comienza con meditaciones sobre los pecados personales, los de los demás y los de los ángeles caídos. Se invita al ejercitante a contemplar la desordenada inclinación del alma y las penas eternas del infierno, para despertar contrición y lágrimas por los pecados.
Entre los ejercicios clave están la repetición de contemplaciones sobre los pecados, con tres coloquios: uno con la Virgen María, otro con Jesucristo y el último con Dios Padre, pidiendo conocimiento interior de los pecados y aversión al mundo. Las Adiciones para esta semana incluyen preparaciones antes de dormir y al despertar, como imaginar la hora de oración o vestirse con pensamientos de vergüenza por los pecados, comparándose con un caballero ante su rey o un prisionero ante el juez.
El fin es lograr una humildad profunda y un amor agradecido por la misericordia divina, liberando al alma de apegos desordenados.
Segunda Semana: El Reino de Cristo y la vida del Señor
En la Segunda Semana, el enfoque pasa a la imitación de Cristo. Se medita en el «Reino» de Jesús, comparándolo con un rey terrenal que invita a sus súbditos a seguirlo en la pobreza y humillación, respondiendo con generosidad: «¡Adsum! Aquí estoy». Siguen contemplaciones sobre la Encarnación, Natividad, vida pública y hasta la Entrada en Jerusalén.
Ignacio propone dos «ejercicios de elección»: discernir el estado de vida (matrimonio, virginidad, etc.) basado en lo que mejor sirva a Dios, evitando inclinaciones egoístas. Las reglas para el discernimiento de espíritus ayudan a distinguir consolaciones verdaderas de engaños del maligno.
Esta semana fomenta la decisión libre y magnánima, ordenando la vida según la voluntad divina.
Tercera Semana: La Pasión de Cristo
La Tercera Semana invita a acompañar a Jesús en su Pasión, desde la Última Cena hasta la crucifixión. Se contemplan escenas como el prendimiento, el juicio y la muerte en la cruz, pidiendo la gracia de sentir dolor y vergüenza por haber ofendido a Dios con el Hijo sufriente.
El énfasis está en la conformidad con la voluntad de Cristo, uniéndose a su sacrificio. Ignacio sugiere imaginar los detalles sensoriales —vista, oído, olfato— para hacer viva la contemplación. El coloquio final es con Jesús crucificado, expresando amor y disposición al sufrimiento por amor a Él.
Esta fase fortalece la virtud de la paciencia y el desapego de las consolaciones sensibles.
Cuarta Semana: La Resurrección y la vida eterna
La Cuatro Semana celebra la Resurrección y Ascensión de Jesús, contemplando su gloria y apariciones. Se meditan los gozos de los santos y la visión beatífica, con el objetivo de inflamarse en amor a Dios y al prójimo.
Ignacio incluye tres métodos de oración: sobre los Mandamientos, los pecados mortales y la oración vocal repetida. El retiro culmina en un «contemplación para alcanzar amor de Dios», reconociendo que Dios está en todas las cosas y habita en el alma, fomentando gratitud y servicio desinteresado.