La palabra Adviento procede del latín adventus, que significa «venida» o «llegada». En la liturgia católica, esta venida posee una doble dimensión:
- La primera venida: Jesucristo viene al mundo como verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de la Virgen María.
- La segunda venida: Cristo regresará gloriosamente al final de la historia para llevar a plenitud la salvación.
La normativa general del año litúrgico presenta el Adviento como un tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad y, al mismo tiempo, como un período que orienta la mente y el corazón hacia la venida definitiva de Cristo. Esta doble perspectiva convierte el Adviento en un tiempo de espera fervorosa y de esperanza gozosa.1
La Iglesia no contempla la Navidad como un acontecimiento aislado del conjunto del misterio de Cristo. La Encarnación inaugura el camino de la salvación, que alcanza su centro en el Misterio pascual y llegará a su consumación en la manifestación gloriosa del Señor. La espera de la segunda venida nace, por tanto, de la certeza de que Cristo ya ha venido y permanece presente en medio de su Iglesia.2


