De la veneración del lugar a la devoción con forma escénica
La tradición descrita en la Enciclopedia Católica presenta el desarrollo del belén como un proceso en el que confluyen tres elementos:
la basílica y la gruta del Nacimiento en Belén;
la memoria material conservada mediante reliquias relacionadas con el pesebre;
la devoción que, con el tiempo, se expresa en forma cada vez más «visible» para los fieles.
Esta perspectiva permite entender que el belén no nace «de cero», sino que se apoya en la veneración del lugar y en la práctica eclesial de representar para evocar realidades salvíficas.,
Reliquias del pesebre y su culto
Entre los espacios mencionados en la tradición se encuentra Santa María la Mayor en Roma, donde se conservaron reliquias atribuidas al pesebre. Según la misma tradición enciclopédica, probablemente habrían sido llevadas desde Tierra Santa durante el pontificado de Teodoro y se menciona que la basílica habría recibido el nombre de Sancta Maria ad Praesepe.
También se indica que, durante el pontificado de Adriano I, se erigió el primer altar en la basílica, y que con los siglos aumentó la visita de los fieles que buscaban venerar el lugar de las reliquias.
En la narración se añade información sobre el modo de exposición y algunos aspectos de la conservación del conjunto devocional, como la existencia de un relicario adornado y el restablecimiento de elementos litúrgicos para la veneración anual.
San Francisco de Asís y el belén «moderno» de Greccio
Un hito decisivo para la forma histórica del belén es la figura de san Francisco de Asís. Se afirma que en el año 1223, al crear una representación en Greccio en la víspera de Navidad, el santo «originó el belén de hoy» al popularizar una costumbre que pasaba a tener un carácter más extra-litúrgico y accesible al pueblo.,
La descripción histórica concreta señala que Francisco comunicó al Papa Honorio III su proyecto y obtuvo su aprobación. Luego, ya en Greccio, con la ayuda de un amigo (Giovanni Velita), construyó el pesebre, reunió alrededor figuras como la Virgen, san José, el asno, el buey y los pastores, y actuó incluso como diácono en la misa de medianoche.
La tradición refiere además una escena legendaria vinculada a la proclamación evangélica («y lo acostaron en un pesebre»), con una experiencia espiritual que el relato atribuye a Francisco durante la meditación sobre la Encarnación.
Este enfoque muestra por qué se considera que el belén ayuda a la Iglesia a «tocar» el misterio: no solo se narra, sino que se representa el corazón del acontecimiento.,
Expansión de la devoción en el tiempo navideño
Después de Greccio, el belén se extendió por el mundo cristiano. Se describe que, cada año desde la víspera de Navidad hasta el día de la octava de la Epifanía, en las iglesias católicas se presenta una representación del lugar del nacimiento para recordar a los fieles el misterio de la Encarnación y la memoria de los acontecimientos ligados al nacimiento del Redentor.
Esta prolongación temporal subraya que el belén no es una «escena» aislada, sino una forma de acompañar la comprensión cristiana del misterio navideño hasta su manifestación plena.