Imágenes en iglesias y santuarios
Las imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos forman parte del patrimonio artístico y espiritual de iglesias y santuarios. La tradición cristiana las ha colocado en templos, capillas, altares, muros, retablos, objetos litúrgicos y otros espacios destinados al culto.,
En los lugares sagrados, las imágenes deben mantener la dignidad, la belleza y la calidad que corresponden a la liturgia. Los responsables de iglesias y oratorios deben evitar que una devoción particular imponga a toda la comunidad imágenes carentes de calidad, confusas desde el punto de vista doctrinal o incompatibles con la dignidad del espacio sagrado.
La imagen no debe dominar el altar ni desplazar el centro de la celebración eucarística. Toda auténtica iconografía cristiana posee una función subordinada al misterio de Cristo y a la acción litúrgica.
Imágenes en las viviendas
La presencia de una imagen de la Virgen en una casa puede crear un ambiente favorable a la oración y recordar la vida cristiana en medio de las ocupaciones cotidianas. El II Concilio de Nicea reconoció la legitimidad de colocar imágenes sagradas también en los hogares y en otros espacios de la vida ordinaria.,
Una familia puede colocar una imagen mariana en un lugar digno y acompañarla con prácticas sencillas:
- Rezar juntos ante ella.
- Encomendar a María las necesidades familiares.
- Celebrar las fiestas marianas.
- Rezar el rosario.
- Enseñar a los niños el significado cristiano de la imagen.
- Vincular la devoción a obras de caridad y servicio.
La imagen doméstica no convierte automáticamente la vivienda en un lugar sagrado ni garantiza protección material. Su valor depende del uso cristiano que la familia haga de ella.
Imágenes llevadas por los fieles
Los fieles pueden llevar imágenes pequeñas de la Virgen, colocarlas en un vehículo o conservarlas consigo como recuerdo devocional. La autoridad eclesial pide, no obstante, que esas representaciones no caigan en la banalidad ni induzcan a error.
Una medalla o una estampa puede expresar pertenencia, confianza y memoria. No debe utilizarse como objeto mágico ni como sustituto de la oración y de la vida cristiana.