La Iglesia católica en Brasil forma parte de la tradición latinoamericana nacida de la evangelización ibérica y enriquecida por la aportación de pueblos indígenas, africanos, europeos, árabes y asiáticos. Juan Pablo II describió el catolicismo brasileño como fruto de una amplia mezcla histórica de poblaciones y culturas, dentro de la cual la fe cristiana contribuyó a crear una identidad religiosa común.1
La realidad católica brasileña no puede reducirse a una única forma de pertenencia. Conviven:
- Católicos practicantes con asistencia regular a la misa dominical.
- Católicos vinculados principalmente a la familia, las fiestas patronales y los sacramentos.
- Fieles que participan en comunidades, movimientos o nuevas comunidades.
- Personas bautizadas que conservan una identidad católica cultural, aunque mantienen una relación irregular con la vida parroquial.
- Grupos populares cuya religiosidad integra devociones marianas, peregrinaciones, promesas, procesiones y celebraciones locales.
Esta diversidad exige distinguir entre catolicismo sociológico, entendido como identidad religiosa heredada o cultural, y catolicismo practicante, basado en la participación habitual en la liturgia, la recepción de los sacramentos, la formación doctrinal y la pertenencia a una comunidad eclesial.



