La Iglesia católica en Chile se entiende a sí misma como una comunidad que anuncia el Evangelio y, desde esa misma fe, busca iluminar la conciencia para afrontar los desafíos del mundo contemporáneo. En palabras dirigidas a representantes civiles, el magisterio pontificio subrayó que Chile ha hecho de los valores del Evangelio parte de su identidad histórica, y que, por ello, resulta necesario sostener el compromiso por la armonía y la convivencia pacífica.2
En el marco de esa misión, se ha insistido también en la importancia de que la Iglesia trabaje-junto con la sociedad-por una paz fundada en la verdad, la justicia y el amor, es decir, una paz que no sea solo ausencia de conflicto, sino reconstrucción de vínculos humanos y fraternos.2


