La consubstanciación es una teoría eucarística que afirma que, en el Sacramento del altar, la sustancia del Cuerpo de Cristo coexiste con la sustancia del pan, y de igual modo la del vino con la de la Sangre de Cristo.1 Este concepto busca explicar la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía sin admitir la conversión total de las sustancias del pan y del vino, que es el núcleo de la transubstanciación católica.2
Según esta doctrina herética, las dos sustancias —la del pan y la del Cuerpo de Cristo— permanecen unidas de manera misteriosa, sin que una destruya a la otra. Los teólogos reformados la denominan a veces imパンación (del latín impanatio, «hacerse pan»), analogando la unión hipostática de la Encarnación, pero aplicada al pan.3 Sin embargo, esta explicación no implica una unión hipostática propiamente dicha, sino una coexistencia «en, con y bajo» las especies eucarísticas, según la fórmula luterana.4
Esta posición ignora la eficacia transformadora de las palabras de Cristo —"Esto es mi Cuerpo"— interpretadas literalmente por la Iglesia desde los primeros siglos. En lugar de una conversión substancial, propone una unión sacramental que no altera la realidad substancial del pan y del vino.1

