El hombre en busca de sentido
En la tradición católica, la búsqueda de sentido por parte del hombre se presenta como una dimensión esencial de su existencia, arraigada en su condición de ser creado a imagen y semejanza de Dios. Esta indagación fundamental, que interroga el propósito de la vida, el origen del dolor y la orientación hacia la felicidad eterna, encuentra su plenitud en la Revelación cristiana, que propone a Cristo como la respuesta definitiva a los enigmas del corazón humano. El Magisterio de la Iglesia, desde el Catecismo hasta las encíclicas papales, subraya que el hombre, dotado de dignidad inalienable, está llamado a la beatitud divina mediante la gracia, la virtud y la unión con Dios, trascendiendo así las limitaciones del mundo material y espiritual.1,2,3
Tabla de contenido
Fundamentos bíblicos y teológicos
La Sagrada Escritura sitúa al hombre en el centro de la creación como un ser único, capaz de conocer, poseer y donarse libremente. Según el Génesis, Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, lo que implica una vocación originaria a la comunión con el Creador.3 Esta imagen divina confiere al ser humano una dignidad ontológica superior a la de cualquier otra criatura visible, permitiéndole entrar en diálogo personal con Dios y colaborar en la obra de la creación.4
El Catecismo de la Iglesia Católica desarrolla esta idea al afirmar que el hombre posee la dignidad de una persona, no como un mero objeto, sino como alguien dotado de autoconocimiento y libertad para orientarse hacia la beatitud divina.2 En este sentido, la búsqueda de sentido no es un anhelo superficial, sino la expresión de una tendencia innata hacia el bien prometido por Dios, atestiguado por la conciencia moral.1
«Siendo a imagen de Dios, el individuo humano posee la dignidad de una persona, que no es sólo algo, sino alguien. Es capaz de conocerse a sí mismo, de poseerse a sí mismo y de entregarse libremente y entrar en comunión con otros hombres. Y está llamado por la gracia a un pacto con su Creador.»2
Esta perspectiva teológica integra lo espiritual y lo corporal en la unidad de la persona, rechazando dualismos que separen alma y cuerpo.5
La antropología cristiana del hombre
La antropología católica concibe al hombre como un microcosmos, un mundo en miniatura que une lo espiritual y lo material, con un valor que sobrepasa al cosmos inanimado.6 Dios, como Ipsum Esse Subsistens, el Ser Subsistente por sí mismo, es el fin último del hombre, quien por la gracia santificante se eleva a la dignidad de hijo de Dios.7,8
En este marco, la búsqueda de sentido surge de la conciencia de la propia finitud y del deseo de trascendencia. El Concilio Vaticano II, en Gaudium et spes, plantea las preguntas fundamentales: «¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte?». Estas interrogantes reflejan la evolución del mundo y la necesidad de una respuesta teológica que integre la dimensión espiritual del ser humano.9,10,11
Papa Juan Pablo II enfatiza que para conocer al hombre auténtico, en su plenitud, es preciso conocer a Dios. La Revelación ilumina la naturaleza humana, evitando soluciones ateas que ignoran lo espiritual o permisivas que esclavizan al egoísmo.9 Así, el hombre no es un producto de la evolución ciega, sino una criatura llamada a la perfección sobrenatural mediante los sacramentos, la oración y las obras buenas.8
El sufrimiento y la aparente absurdidad de la existencia
El sufrimiento representa uno de los enigmas más profundos en la búsqueda de sentido. En un cosmos a veces hostil, el hombre se enfrenta a la fragilidad corporal y al anhelo espiritual de trascendencia.12 Filósofos como Camus proponen un humanismo intraworldly que acepta la absurdidad sin salvación, pero la fe cristiana ofrece una metafísica del amor: Dios es amor, y este amor trasciende el mundo, inscribiéndose en la creación como tendencia teleológica hacia la perfección.13
San Tomás de Aquino, interpretado por teólogos contemporáneos, ve el sufrimiento como redimible en la Pasión de Cristo. La Cruz reconcilia lo espiritual y lo corporal, iluminando el mundo con el Logos divino presente incluso en el dolor y la muerte.12 La gracia permite creer en los fines salutarios del sufrimiento, superando la dualidad cuerpo-alma mediante la fe.12
«La resurrección de Jesucristo es, pues, la esperanza de toda la humanidad, la esperanza implícita y única de cada persona humana, reconocida o no.»12
Juan Pablo II añade que la dignidad humana perdura en toda condición de salud o enfermedad, desde la concepción hasta la muerte natural, invitando a respetar al hombre en su totalidad.4
La respuesta en Cristo y la Cruz
Cristo, el Verbo encarnado, es la clave para la búsqueda de sentido. Su Pasión revela que el amor triunfa en el sufrimiento, y su Resurrección promete la glorificación definitiva.12 La Iglesia, como signo de la trascendencia humana, evangeliza promoviendo al hombre íntegro mediante los mandamientos del amor a Dios y al prójimo.9
En Veritatis Splendor, Juan Pablo II resume las preguntas esenciales: «¿Qué es el hombre? ¿Qué es la libertad y su relación con la verdad de la ley de Dios?». La respuesta evangélica —"Maestro, ¿qué bien debo hacer para tener la vida eterna?"— ilumina los riddles del corazón humano.10 La ley natural une libertad y naturaleza, respetando los bienes fundamentales inherentes al diseño creador.5
La ética existencial católica, distinta del situacionismo, reconoce la singularidad irreductible de cada acto moral, siempre en armonía con la norma universal.14
Enseñanzas del Magisterio y aplicación práctica
El Magisterio reciente refuerza esta doctrina. Pío XI en Divini Redemptoris proclama los derechos inherentes al hombre por su creación: vida, integridad corporal, medios de subsistencia y camino hacia Dios.6 Juan XXIII en Grata Recordatio invita a meditar los misterios del Rosario para contemplar la Encarnación y Redención.15
En contextos contemporáneos, como prisiones o juventudes, los papas exhortan a interrogantes profundos para descubrir la filiación divina más allá del pecado.11,16 La Nueva Evangelización enfatiza el encuentro personal con Cristo para verificar el sentido religioso.17
Para la vida cotidiana, la Iglesia propone:
Cooperación con la gracia: Cultivar virtudes y evitar el pecado.1
Testimonio comunitario: Compartir la búsqueda en la comunidad eclesial.
Conclusión
La búsqueda de sentido culmina en la entrega a Dios, quien revela al hombre su verdadera naturaleza y destino. En un mundo de contradicciones, la fe cristiana ofrece certeza: el hombre, imagen de Dios, está ordenado a la beatitud eterna mediante Cristo. Esta verdad, arraigada en la Revelación y el Magisterio, invita a una vida de amor y esperanza, trascendiendo el dolor hacia la gloria resucitada.1,12,9
Citas
Sección I: la vida vocacional del hombre en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1700 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Sección II i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 357 (1992). ↩ ↩2 ↩3
Sección II i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 355 (1992). ↩ ↩2
Papa Juan Pablo II. Carta al Presidente de la Academia Pontificia para la Vida y a los participantes del congreso «Calidad de Vida y Ética de la Salud» (19 de febrero de 2005), § 3 (2005). ↩ ↩2
Kevin E. O’Reilly. Ética de la virtud de Hursthous: ¿neoaristotélica o postcartesiana? , § 14 (2008). ↩ ↩2
Papa Pío XI. Divini Redemptoris, § 27. ↩ ↩2
Avery Cardenal Dulles, SJ. Juan Pablo II y la renovación del tomismo, § 8 (2005). ↩
Hombre, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Hombre (1913). ↩ ↩2
VI. El hombre es el camino de la Iglesia, Papa Juan Pablo II. Centesimus Annus, § 55 (1991). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Capítulo II – «no os conforméis a este mundo» (Rom 12,2) – La Iglesia y el discernimiento de ciertas tendencias en la teología moral contemporánea – Enseñar lo que corresponde a la sana doctrina (cf. Tit 2,1), Papa Juan Pablo II. Veritatis Splendor, § 30. ↩ ↩2
Papa Juan Pablo II. Viaje apostólico a Jamaica, México y Denver: vigilia de oración en Cherry Creek State Park de Denver con motivo del VIII Día Mundial de la Juventud (14 de agosto de 1993) – Discurso (1993). ↩ ↩2
Thomas Joseph White, O.P. ¿Sufrimiento redimible? San Tomás de Aquino sobre el significado del sufrimiento humano y la Pasión de Cristo, § 11 (2011). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
III, Thomas Joseph White, O.P. ¿Sufrimiento redimible? San Tomás de Aquino sobre el significado del sufrimiento humano y la Pasión de Cristo, § 6 (2011). ↩
Thomas Berg. Fuente auto‑originaria de reclamaciones morales válidas o testigo de la verdad moral? Relatos revisionistas contemporáneos de la conciencia — una exploración y respuesta, § 13 (2024). ↩
Sobre el rosario: oración por la Iglesia, misiones, problemas internacionales y sociales, Papa Juan XXIII. Grata Recordatio, § 2. ↩
Papa Juan Pablo II. A los presos (10 de abril de 1987) – Discurso (1987). ↩
Keith Lemna, David H. Delaney. Tres vías hacia la mente teológica del Papa Francisco, § 25 (2014). ↩
