El episodio aparece en Mateo 19, 16-22, Marcos 10, 17-22 y Lucas 18, 18-23. Cada evangelista aporta detalles propios. Mateo llama «joven» al interlocutor; Marcos cuenta que se acercó corriendo y se arrodilló ante Jesús, y añade que Jesús lo miró con amor; Lucas lo presenta como un hombre principal. Los tres coinciden en que era rico y en que se marchó apenado tras escuchar la invitación de Jesús.1,3,2,4
El hombre pregunta qué debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús le remite a los mandamientos, entre ellos los que prohíben el homicidio, el adulterio, el robo y el falso testimonio, y los que ordenan honrar a los padres y amar al prójimo. El joven asegura que los ha cumplido desde su juventud y pregunta qué le falta.1,2
Entonces Jesús le invita a vender sus posesiones, entregar el dinero a los pobres -con lo que tendría un tesoro en el cielo- y seguirle. El hombre se retira entristecido porque posee muchos bienes. A continuación, Jesús advierte a sus discípulos de la dificultad que las riquezas pueden suponer para entrar en el reino de Dios, y enseña que lo imposible para los seres humanos es posible para Dios.1




