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El joven rico

El joven rico es el protagonista de un encuentro con Jesús narrado en los Evangelios sinópticos. Aunque desea alcanzar la vida eterna y afirma haber guardado los mandamientos desde joven, se marcha entristecido cuando Jesús le invita a desprenderse de sus bienes, darlos a los pobres y seguirle. El episodio trata sobre la llamada al discipulado, el uso de las riquezas y la libertad interior necesaria para responder a Dios.1,2

Christ and the young rich ruler
Ver información de la imagenHeinrich Hofmann, «Cristo y el joven rico», 1889., c. 1889. Adquirido por John D. Rockefeller Jr., actualmente en la Iglesia Riverside, Nueva York, Heinrich Hofmann, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEl joven rico
CategoríaPersona
DescripciónProtagonista de un encuentro con Jesús narrado en los Evangelios sinópticos
Referencias
  • Mateo 19, 16-22
  • Marcos 10, 17-22
  • Lucas 18, 18-23
ContenidoEl joven pregunta a Jesús qué debe hacer para heredar la vida eterna. Tras afirmar que ha cumplido los mandamientos, Jesús le invita a vender sus bienes, darlos a los pobres y seguirle. El joven se marcha entristecido debido a sus muchas posesiones.
EnseñanzasLlamada al discipulado, uso de las riquezas, libertad interior y exigencia de la perfección cristiana.
Interpretación TradicionalLa tradición cristiana ve el pasaje como una llamada al seguimiento de Cristo que exige que ningún bien creado ocupe el lugar de Dios.
Personas RelacionadasJesús
TemasRiquezas, discipulado, vida eterna, mandamientos
TipoFigura bíblica, Personaje de parábola o relato evangélico

Tabla de contenido

Relato evangélico

El episodio aparece en Mateo 19, 16-22, Marcos 10, 17-22 y Lucas 18, 18-23. Cada evangelista aporta detalles propios. Mateo llama «joven» al interlocutor; Marcos cuenta que se acercó corriendo y se arrodilló ante Jesús, y añade que Jesús lo miró con amor; Lucas lo presenta como un hombre principal. Los tres coinciden en que era rico y en que se marchó apenado tras escuchar la invitación de Jesús.1,3,2,4

El hombre pregunta qué debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús le remite a los mandamientos, entre ellos los que prohíben el homicidio, el adulterio, el robo y el falso testimonio, y los que ordenan honrar a los padres y amar al prójimo. El joven asegura que los ha cumplido desde su juventud y pregunta qué le falta.1,2

Entonces Jesús le invita a vender sus posesiones, entregar el dinero a los pobres -con lo que tendría un tesoro en el cielo- y seguirle. El hombre se retira entristecido porque posee muchos bienes. A continuación, Jesús advierte a sus discípulos de la dificultad que las riquezas pueden suponer para entrar en el reino de Dios, y enseña que lo imposible para los seres humanos es posible para Dios.1

El personaje y sus nombres

La expresión tradicional «el joven rico» reúne rasgos que los evangelios presentan de modo complementario: Mateo habla de un joven, mientras que Marcos y Lucas destacan, respectivamente, su riqueza y su posición. El relato no ofrece su nombre ni permite identificarlo con ningún otro personaje evangélico.1,2

Tampoco todos los evangelistas reproducen exactamente las mismas palabras iniciales. En Mateo, el hombre pregunta qué obra buena debe realizar; en Marcos y Lucas, llama a Jesús «maestro bueno». San Agustín consideró que las dos formulaciones podían armonizarse dentro de la conversación: el interlocutor habla tanto de lo bueno que debe hacer como de la bondad de quien le responde.2,4

La mirada y la llamada de Jesús

Marcos señala que Jesús miró al hombre y lo amó antes de proponerle el desprendimiento. La llamada exigente no nace, por tanto, del desprecio hacia él, sino de una relación personal. La enseñanza pontificia ha presentado este gesto como una pedagogía que acoge, escucha y llama a seguir a Cristo, incluso cuando la persona no acepta la invitación.1,3

Jesús no le pide que abandone los mandamientos, sino que avance desde su observancia hacia una entrega más plena. En Mateo, la invitación aparece ligada expresamente a la perfección: vender los bienes, dar a los pobres y seguir a Jesús. La escena contrapone así la fidelidad moral ya vivida por el joven con la decisión concreta que todavía le cuesta tomar.2

Riqueza y libertad interior

El relato no enseña que toda posesión sea, por sí misma, mala. La dificultad surge cuando la riqueza ocupa el centro de la vida y ata el corazón, hasta impedir la respuesta a Dios y la solidaridad con el prójimo. Una antigua interpretación recogida por santo Tomás de Aquino explica que Jesús no condena sin más a quienes poseen bienes, sino la dependencia de las riquezas y su acumulación egoísta; propone utilizarlas para atender las necesidades humanas.1

La tristeza del joven expresa el conflicto entre su deseo de vida eterna y su apego a lo que posee. El papa Francisco relacionó el episodio con la posibilidad de que los bienes y las comodidades reduzcan la disponibilidad para emprender caminos nuevos y responder generosamente a la llamada de Cristo. El joven busca «algo más», pero no logra desprenderse de aquello que condiciona su libertad.5

La petición de Jesús combina tres elementos: renunciar a los bienes, compartirlos con los pobres y seguirle. La limosna no aparece como un gesto aislado ni como un fin en sí mismo; forma parte de una vida orientada al discipulado. La promesa de un tesoro en el cielo presenta la generosidad como una inversión en los bienes que no perecen.1,2

Interpretación cristiana

La tradición cristiana ha leído este pasaje como una llamada que alcanza a todos los discípulos, aunque no todos la respondan mediante el mismo modo concreto de vida. La renuncia total a las posesiones aparece de manera explícita en la invitación dirigida a aquel hombre; el centro del relato, sin embargo, es que ningún bien creado debe ocupar el lugar de Dios ni impedir el seguimiento de Cristo. Los comentarios antiguos distinguen entre cumplir los mandamientos y avanzar hacia la perfección propuesta por Jesús.1,2

El episodio también evita reducir la vida moral a una lista de prohibiciones. El joven ha guardado los mandamientos que Jesús enumera, pero aún debe discernir qué le falta y responder a una llamada personal. La tradición patrística ve en su pregunta una aspiración auténtica, aunque debilitada por su apego a las riquezas.2,6

La conclusión de Jesús sobre la salvación introduce una nota de esperanza. La entrada en el reino no depende solo de la capacidad humana para desprenderse o actuar con generosidad: Jesús afirma que Dios puede hacer posible lo que resulta imposible para los hombres. La exigencia del relato, por tanto, no desemboca en la desesperación, sino en la confianza en la acción divina.1

Recepción pastoral

En la reflexión pastoral contemporánea, el encuentro también ha servido de modelo para la relación de la Iglesia con los jóvenes. Francisco destacó que Jesús acoge al hombre, escucha su inquietud y le propone seguirle; la invitación no consiste en ofrecer un consuelo superficial, sino en presentar a Cristo como alguien capaz de llamar a una entrega real.3

El pasaje mantiene su fuerza porque plantea preguntas que exceden la riqueza material: qué bienes gobiernan las decisiones, qué impide responder con libertad y cómo puede traducirse el deseo de una vida plena en generosidad y seguimiento. El desenlace no registra la respuesta posterior del joven; los evangelios solo cuentan que se marchó entristecido.1,2

Citas y referencias

  1. Capítulo 10, Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Marcos, 10.3 (1272). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. Capítulo 19, Santo Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Mateo, 19.5 (1272). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 3, 2014, 21 (2014). 2 3
  4. Armonización de Mateo con los demás evangelios, hasta la última cena: de los niños pequeños sobre los que impuso las manos; del hombre rico a quien dijo: vende todo lo que tienes; de la viña en la que los trabajadores fueron contratados a diferentes horas; y de la cuestión sobre la ausencia de discrepancia entre Mateo y los otros dos evangelistas sobre estos temas, San Agustín de Hipona. La concordancia de los evangelios, Libro II. Capítulo 63. 123 (400). 2
  5. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 4, abril, 2019, 7.
  6. Mt 19,16, San Juan Crisóstomo. Homilía 63 sobre Mateo, 1.
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