La visión del trono blanco
En el capítulo 20 del Apocalipsis se describe una escena en la que «vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él» (Ap 20,11). Ante él aparecen «todos los muertos, grandes y pequeños» y se abren los libros, incluido el libro de la vida; cada persona es juzgada según sus obras (Ap 20,12‑13)1. Aquellos cuyo nombre no está escrito en el libro de la vida son lanzados al lago de fuego, «la segunda muerte» (Ap 20,15)1. Esta imagen subraya la universalidad del juicio y la separación definitiva entre los justos y los injustos.
Relación con otras Escrituras
El relato apocalíptico se complementa con pasajes como Mateo 25,31‑46, donde el Hijo del Hombre separa a las ovejas de los cabritos según sus actos de misericordia, y con la enseñanza de Juan 3,18‑19 sobre la condenación basada en la fe o la falta de ella. Así, el Apocalipsis integra criterios morales y cristológicos en la evaluación final2.
