La expresión juicio final designa el juicio universal que tendrá lugar al final de los tiempos, cuando Cristo vuelva en gloria. No constituye un acontecimiento aislado de la existencia humana, sino la manifestación pública y definitiva de un proceso que comienza con el juicio particular de cada persona inmediatamente después de la muerte.
La doctrina cristiana distingue, por tanto, dos momentos:
- El juicio particular, en el que cada persona comparece ante Dios después de morir y recibe la retribución correspondiente a su vida.
- El juicio final o universal, en el que toda la humanidad comparece ante Cristo y la sentencia divina se manifiesta públicamente ante todos.
El Catecismo del Concilio de Trento distingue expresamente ambos juicios: el primero ocurre al abandonar esta vida; el segundo tendrá lugar cuando todos los hombres comparezcan juntos ante el tribunal de Cristo.1
El juicio final no modifica una sentencia divina previamente equivocada o incompleta. El juicio particular determina ya el destino eterno de cada alma. El juicio universal manifiesta ante la creación entera la verdad de esa sentencia, la justicia de Dios y las consecuencias históricas de las obras humanas.
