El libre albedrio y la omnisciencia divina
En la doctrina católica, el libre albedrío humano y la omnisciencia divina se concilian perfectamente, afirmando que Dios conoce de manera eterna y perfecta todas las elecciones libres de las criaturas sin coaccionarlas ni determinarlas. Esta enseñanza, arraigada en la Escritura, la Tradición y el Magisterio, rechaza tanto el determinismo como el pelagianismo, subrayando que la libertad humana es un don divino esencial para la responsabilidad moral, la gracia y la predestinación. La Iglesia mantiene que la presciencia divina no implica fatalismo, sino un conocimiento inmutable que respeta la contingencia de las decisiones humanas.1,2
Tabla de contenido
- Definición del libre albedrío en la teología católica
- La omnisciencia divina según la fe católica
- Compatibilidad entre libre albedrío y omnisciencia
- Fundamentos bíblicos
- Contribuciones de los Padres y Doctores de la Iglesia
- Enseñanza del Magisterio
- Controversias históricas y errores a evitar
- Implicaciones éticas y pastorales
Definición del libre albedrío en la teología católica
El libre albedrío, o liberum arbitrium, se entiende en la tradición católica como la capacidad radical del ser humano para elegir entre el bien y el mal, orientándose libremente hacia Dios o rechazándolo. Esta libertad no es absoluta en el sentido de independencia total de Dios, sino que es un don creado que opera en armonía con la gracia divina.1
La Enciclopedia Católica explica que el hombre, creado a imagen de Dios, posee una voluntad libre aunque debilitada por el pecado original. El Concilio de Trento afirma que, tras la caída de Adán, el libre albedrío permanece, pero sus potencias se ven mermadas, requiriendo la asistencia de la gracia para obrar el bien sobrenatural.1 San Agustín, en su obra De gratia et libero arbitrio, defiende que sin libre albedrío no habría justicia en el premio ni en el castigo, ya que «lo que no se hace por voluntad no es ni delito ni mérito».3
En el Catecismo de la Iglesia Católica (CCC), se presenta la catequesis como un eco de esta tradición postconciliar, recordando que la fe y la moral se transmiten reconociendo la libertad humana iluminada por la Revelación.4,5
La omnisciencia divina según la fe católica
La omnisciencia divina implica que Dios conoce todo lo que es, ha sido y será, de manera simultánea e inmutable en su eternidad. No se trata de un conocimiento prospectivo o evolutivo, sino de una visión eterna que abarca todas las realidades posibles y reales.2,6
Según la Enciclopedia Católica sobre el destino (fate), Dios, como Autor del universo, somete la creación a leyes fijas, pero su decreto absoluto es libre y no predetermina el abuso del libre albedrío. Dios permite el pecado sin quererlo, y su providencia general ejecuta sus decretos sin necesidad absoluta.2 Santo Tomás de Aquino distingue la providencia de la «fatalidad secundaria», enfatizando que Dios conoce los actos libres porque ocurren, no al revés.6
El Catecismo subraya que Dios es «siempre el mismo, fiel y justo», invitando a una fe total en su conocimiento perfecto.7
Compatibilidad entre libre albedrío y omnisciencia
La reconciliación clave radica en la distinción entre la eternidad divina y el tiempo creado. Dios no «prevé» nuestras elecciones como si ocurrieran antes de su conocimiento; las conoce todas a la vez en un eterno presente. Así, el libre albedrío permanece genuinamente libre, pues la presciencia divina no causa ni fuerza las decisiones humanas.2,6
En la teología tomista, influida por Molina y Báñez, se debate cómo Dios conoce los futuros contingentes: por su esencia inmutable o por el «conocimiento medio». Sin embargo, la Iglesia afirma que la omnisciencia respeta la libertad finita, como enseña el Compendio del CCC: Dios desea la salvación de todos, pero respeta las decisiones humanas.8 San Juan Duns Scotus enfatiza la primacía de la voluntad, libre incluso ante el bien infinito de Dios.9
Contra el materialismo, que niega el libre albedrío al equipararlo a leyes físicas, la doctrina católica insiste en que sin libertad personal no hay pecado ni mérito.1
Analogías teológicas clásicas
Una analogía común es la del ajedrecista maestro: Dios conoce todas las jugadas posibles sin forzar las del jugador humano.6 Otra, de Agustín, compara el conocimiento divino con el de un autor que conoce eternamente las acciones libres de sus personajes.10
Fundamentos bíblicos
La Sagrada Escritura integra ambos misterios. Dios invita: «Escoge la vida» (Dt 30,19), presuponiendo libertad.3 Jesús reprende: «¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?» (Lc 12,57), confirmando la responsabilidad humana. La omnisciencia se revela en Sal 139: «Señor, tú me escudriñas y me conoces», pero sin anular la elección: «Ponedme delante lo que queréis que haga» (1 Cro 21,11).2
Contribuciones de los Padres y Doctores de la Iglesia
San Agustín resuelve la tensión en De libero arbitrio: Dios da el libre albedrío para la justicia divina, y su gracia precede o sigue según los casos, sin confundir mérito y misericordia.10,11 San Juan Casiano, en sus Colaciones, debate si la gracia precede al buen querer o viceversa, rechazando extremos.11
Santo Tomás de Aquino enseña dos tipos de verdades divinas: accesibles a la razón (como la existencia de Dios) y reveladas (como la Trinidad), ambas conocidas perfectamente por Dios sin menoscabo de la libertad.12 Duns Scotus defiende la voluntad como causa completa de sus actos, influida pero no determinada.9
Enseñanza del Magisterio
El Catecismo de la Iglesia Católica sintetiza la tradición vaticana II: la Iglesia trasciende la historia con «ojos de fe», uniendo fe, esperanza y caridad bajo la omnisciencia de Dios.13,14 El Concilio Vaticano I proclama a Dios «simple omnino et incommutabilis».6
Contra herejías protestantes (Lutero, Calvino), que niegan el libre albedrío postlapsario, Trento afirma su existencia con gracia.1 Documentos recientes, como la nota de la CDF sobre participación política, vinculan libertad religiosa a la dignidad ontológica, no al relativismo.15
Controversias históricas y errores a evitar
Pelagianismo y semipelagianismo
Pelagio exageraba el libre albedrío sin gracia suficiente; Agustín lo refuta mostrando que la gracia asiste siempre la voluntad.10
Determinismo y predestinación calvinista
Calvino negaba libertad post-caída; la Iglesia responde que Dios predestina por misericordia, no por necesidad.1,8
Modernas objeciones: materialismo y procesualismo
El monismo materialista suprime el pecado al negar libertad; la teología católica lo refuta con la creación libre.1 Teólogos como von Balthasar exploran límites, pero el Magisterio prioriza la libertad responsable.8
Implicaciones éticas y pastorales
Esta doctrina fundamenta la moral católica: responsabilidad por pecados mortales, valor de la oración (que influye en la providencia sin cambiar a Dios) y esperanza en la salvación.6 En la vida cotidiana, invita a elegir libremente el bien, confiando en la omnisciencia misericordiosa de Dios.
En resumen, el libre albedrío y la omnisciencia divina revelan un Dios providente que respeta la libertad creada, llamando a la conversión eterna.
Citas
Pecado, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Pecado (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7
Destino, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Destino (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Jamie Anne Spiering. ¿Qué tan agustiniano es el relato básico de Tomás de Aquino sobre la libre decisión? , § 12 (2024). ↩ ↩2
III. El objetivo y el público al que va dirigido el catecismo, Catecismo de la Iglesia Católica, § 11 (1992). ↩
II. Transmitiendo la fe: Catequesis, Catecismo de la Iglesia Católica, § 10 (1992). ↩
Stephen L. Brock. La causalidad de la oración y la ejecución de la predestinación en Tomás de Aquino, § 7 (2023). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2086 (1992). ↩
Brian Doyle. «Descendió al Infierno»: La teología de Hans Urs von Balthasar y la doctrina católica, § 21 (2016). ↩ ↩2 ↩3
Bl. Juan Duns Escoto, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Bl. Juan Duns Escoto (1913). ↩ ↩2
Chapter 33 [XXXI.]— Pelagio no profesa nada sobre la gracia que no pueda entenderse a partir de la ley y la enseñanza, Agustín de Hipona. Sobre la gracia de Cristo y el pecado original - Libro I, § 33. ↩ ↩2 ↩3
Si la gracia de Dios precede o sigue a nuestra buena voluntad, Juan Casiano. Conferencia 13. Tercera Conferencia del Abad Chaeremon. Sobre la protección de Dios, §Capítulo 11. ↩ ↩2
Roger Pouivet. La ética intelectual de la verdad revelada: un enfoque tomista, § 7 (2022). ↩
Sección dos i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 770 (1992). ↩
V. Directrices prácticas para usar este catecismo, Catecismo de la Iglesia Católica, § 18 (1992). ↩
IV. Consideraciones sobre aspectos particulares, Congregación para la Doctrina de la Fe. La participación de los católicos en la vida política, § 8 (2002). ↩
