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El nacimiento de Jesús (Navidad)

El nacimiento de Jesús, celebrado por la Iglesia católica en la solemnidad de la Natividad del Señor, conmemora la entrada del Hijo eterno de Dios en la historia humana como verdadero hombre. Los Evangelios presentan a Jesús como el Mesías prometido, nacido de la Virgen María en Belén, acogido en la humildad de un pesebre y manifestado a Israel y a todas las naciones.

The Adoration of the Shepherds
Ver información de la imagenLa obra representa el momento en que el Niño Jesús, que aparece desnudo y sostenido por su madre, la Virgen María, fue adorado por los pastores de Belén, c. 1650. Museo Nacional del Prado, Bartolomé Esteban Murillo, Dominio Público. 📄
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NombreEl nacimiento de Jesús (Navidad)
CategoríaEvento
DescripciónConmemora la entrada del Hijo eterno de Dios en la historia humana como verdadero hombre. La solemnidad de la Natividad del Señor celebra la encarnación del Verbo, su nacimiento en Belén, la humildad del pesebre y la manifestación de Dios a los pastores y a las naciones. Misterio de la Encarnación; Dios se hace hombre y viene con nosotros para salvarnos
Lugar de NacimientoBelén
Contexto BíblicoRelatos evangélicos de Mateo y Lucas: anunciación, concepción virginal, viaje a Belén, nacimiento en pesebre, visita de pastores y magos.
Fecha de Celebración25 de diciembre
Importancia EclesialPrincipal solemnidad que inaugura el Tiempo de Navidad y conduce al Bautismo del Señor.
OrigenEvangelios de San Mateo y San Lucas
PatronazgoJesucristo, Niño Jesús
Tiempo litúrgicoNavidad
TipoFiesta litúrgica, Celebración litúrgica

Tabla de contenido

Significado cristiano de la Navidad

La Navidad celebra el misterio de la Encarnación: el Hijo de Dios asumió una naturaleza humana sin dejar de ser Dios. La fe cristiana contempla en el niño de Belén a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido de María por obra del Espíritu Santo.

El nombre Jesús significa «Dios salva». El Evangelio según san Mateo relaciona este nombre con la misión salvadora del niño: él salvará a su pueblo de los pecados. El mismo pasaje aplica a Jesús el título Emmanuel, que significa «Dios con nosotros».1

La Navidad no recuerda únicamente el nacimiento de un personaje excepcional. Celebra la presencia personal de Dios entre los hombres. La Iglesia contempla en este acontecimiento el comienzo visible de la vida terrena del Salvador, cuya obra culminará en su muerte, resurrección y glorificación.

Relato evangélico del nacimiento

La anunciación y la concepción virginal

El Evangelio según san Lucas sitúa el origen humano de Jesús en Nazaret de Galilea. Allí el ángel Gabriel anunció a María que concebiría y daría a luz un hijo llamado Jesús. El niño recibiría el título de «Hijo del Altísimo» y heredaría el trono de David. María preguntó cómo podía ocurrir aquello, puesto que era virgen, y el ángel respondió que el Espíritu Santo la cubriría con su poder.2

María acogió el anuncio con fe y obediencia: aceptó la voluntad divina y se reconoció como la servidora del Señor. La concepción de Jesús constituye así una iniciativa gratuita de Dios y no el resultado de una intervención humana ordinaria.

El Evangelio según san Mateo presenta el acontecimiento desde la perspectiva de José. María estaba prometida con él, pero quedó encinta antes de convivir con su esposo. José, descrito como un hombre justo, decidió repudiarla en secreto para evitarle la exposición pública. Entonces un ángel le reveló en sueños que el niño procedía del Espíritu Santo y le pidió que recibiera a María como esposa. José obedeció y dio al niño el nombre de Jesús.1

El viaje a Belén

San Lucas narra que José y María viajaron a Belén, ciudad vinculada a la casa del rey David. Allí llegó el momento del parto. María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron alojamiento adecuado.3

El relato evangélico menciona un pesebre, es decir, un lugar destinado a contener el alimento de los animales. Los Evangelios no describen explícitamente una cueva. La asociación con una cueva pertenece a una tradición cristiana posterior vinculada a la memoria de Belén. Por ello conviene distinguir entre el dato bíblico -el niño fue acostado en un pesebre- y las formas tradicionales posteriores de representar el lugar.

Los pastores

San Lucas presenta a unos pastores que vigilaban sus rebaños durante la noche. Un ángel les anunció el nacimiento del Salvador y les dio una señal: encontrarían a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Después, una multitud de ángeles alabó a Dios y proclamó la paz para aquellos a quienes Dios ama.

Los pastores acudieron rápidamente a Belén y encontraron a María, a José y al niño. Después comunicaron lo que habían oído y regresaron glorificando a Dios. Este episodio manifiesta que los primeros destinatarios del anuncio fueron personas humildes y trabajadoras, representantes de los pobres y de quienes permanecen atentos a la acción de Dios.

La circuncisión y el nombre de Jesús

Según la costumbre religiosa de Israel, el niño recibió la circuncisión al octavo día. Entonces recibió oficialmente el nombre de Jesús, el nombre anunciado por el ángel antes de su concepción. El nombre expresa su identidad y su misión: él es el Salvador enviado por Dios.

Belén y el pesebre

Belén, ciudad de David

El Evangelio según san Mateo identifica Belén como el lugar del nacimiento del Mesías. Los sacerdotes y escribas relacionan esta ciudad con la profecía de Miqueas y con la esperanza de un gobernante que pastoreará al pueblo de Israel.4

La elección de Belén posee un sentido teológico. Jesús pertenece legalmente a la descendencia de David mediante José y nace en la ciudad asociada al gran rey de Israel. Sin embargo, su realeza no aparece rodeada de poder político, riqueza o prestigio. El Mesías nace en la pobreza y permanece dependiente de los cuidados de María y José.

El pesebre como signo

El pesebre constituye uno de los signos centrales de la Navidad. Jesús, que la fe cristiana reconoce como el Verbo hecho carne y como el pan de vida, aparece colocado en el lugar donde comen los animales. La tradición cristiana ha visto en esta imagen una anticipación simbólica de la Eucaristía: aquel que yace sobre el heno ofrecerá su cuerpo como alimento para la salvación del mundo.3

El pesebre expresa también la humildad de Dios. La grandeza divina se manifiesta sin ostentación, dentro de una familia pobre y en unas circunstancias que revelan vulnerabilidad. La Navidad presenta así una paradoja fundamental: el Creador entra en la creación como un niño.

La visita de los Magos

El relato de san Mateo

San Mateo narra que unos Magos llegaron desde Oriente a Jerusalén buscando al recién nacido «rey de los judíos». Habían visto su estrella y querían rendirle homenaje. El rey Herodes, inquieto ante la noticia, consultó a los jefes de los sacerdotes y a los escribas, quienes señalaron Belén como el lugar anunciado por los profetas.4

Los Magos siguieron la estrella hasta encontrar al niño con María, su madre. Le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después recibieron en sueños la advertencia de no regresar junto a Herodes y volvieron a su país por otro camino.4

El Evangelio no indica cuántos Magos eran, ni proporciona sus nombres. La tradición occidental los llamó Melchor, Gaspar y Baltasar, probablemente a partir del número de regalos, pero esos nombres no pertenecen al relato evangélico.

Significado teológico

Los Magos representan a las naciones que reconocen a Cristo. Mientras algunos dirigentes de Jerusalén reaccionan con temor o indiferencia, unos extranjeros emprenden un largo camino para adorar al Mesías. La escena manifiesta la universalidad de la salvación.

El oro suele interpretarse como signo de la realeza de Cristo; el incienso, como reconocimiento de su divinidad; y la mirra, como anuncio de su sufrimiento y muerte. Estas interpretaciones pertenecen a la tradición cristiana y ayudan a contemplar la identidad completa de Jesús.

Navidad y Epifanía

La Navidad y la solemnidad de la Epifanía del Señor están estrechamente relacionadas, pero no celebran exactamente el mismo aspecto del misterio.

La Navidad centra la atención en el nacimiento de Jesús y en la manifestación de Dios en la humanidad del niño. La Epifanía contempla la manifestación de Cristo a las naciones, representadas especialmente por los Magos. En la tradición litúrgica latina, la liturgia eucarística de la Epifanía concentra su atención en la visita de los Magos; el Bautismo del Señor recibe una celebración propia posterior.5

La liturgia también ha relacionado con la Epifanía tres manifestaciones de Cristo: la adoración de los Magos, el Bautismo del Señor y el signo realizado en las bodas de Caná. Sin embargo, la celebración actual distribuye estos aspectos en distintas jornadas del tiempo de Navidad.6

Por tanto, la representación de los Magos junto al pesebre pertenece a una costumbre devocional legítima, pero el relato evangélico no obliga a situar su visita la misma noche del nacimiento. San Mateo habla de una visita posterior y encuentra al niño en una casa, no explícitamente en el pesebre.4

La huida a Egipto

Después de la partida de los Magos, un ángel avisó a José de que Herodes quería matar al niño. José tomó de noche a Jesús y a su madre y huyó a Egipto. Allí permaneció la familia hasta la muerte de Herodes. Más tarde, José regresó con Jesús y María y se estableció en Nazaret de Galilea.4

Este episodio presenta a Jesús como un niño perseguido y refugiado. La Sagrada Familia comparte la inseguridad de quienes deben abandonar su tierra para proteger la vida. La tradición cristiana ha contemplado en la huida a Egipto una revelación de la solidaridad de Cristo con los perseguidos y desplazados.

Fecha de la celebración de Navidad

Ausencia de una fecha exacta en los Evangelios

Los Evangelios no proporcionan el día ni el mes del nacimiento de Jesús. Las indicaciones sobre el censo, los pastores y el servicio sacerdotal de Zacarías no permiten establecer una fecha segura. Las reconstrucciones cronológicas antiguas han producido resultados diversos y no ofrecen una conclusión histórica definitiva.7

La Iglesia no fundamenta la solemnidad en la certeza de que Jesús naciera exactamente el 25 de diciembre. La fecha pertenece al desarrollo del calendario litúrgico y expresa sacramentalmente el misterio de la venida de Cristo.

El 25 de diciembre

La celebración romana de la Navidad el 25 de diciembre quedó consolidada durante la Antigüedad cristiana. Algunos historiadores han relacionado esta fecha con la fiesta romana del Natalis Invicti, dedicada al Sol invicto, especialmente difundida a partir del reinado de Aureliano.7

Sin embargo, la explicación no admite una formulación simplista. La propia tradición cristiana antigua pudo llegar al 25 de diciembre mediante un cálculo teológico basado en la concepción de Cristo el 25 de marzo, fecha que también estaba vinculada a la Anunciación y a la muerte de Jesús en ciertos calendarios. El Directorio homilético reconoce ambas posibilidades y evita presentar como segura la idea de una simple sustitución de una fiesta pagana.8

La luz en el solsticio de invierno

En el hemisferio norte, la Navidad coincide con el periodo del año en que los días comienzan a alargarse después del solsticio de invierno. La Iglesia vio en este fenómeno un símbolo apropiado para anunciar a Cristo como la luz verdadera que vence las tinieblas.

La liturgia navideña desarrolla este simbolismo en sus lecturas, oraciones y prefacios. Uno de los prefacios proclama que, mediante el misterio del Verbo hecho carne, una nueva luz de la gloria divina ha brillado ante los ojos humanos.8

La luz navideña no depende del culto solar ni se confunde con él. El cristianismo emplea una imagen cósmica para expresar una verdad teológica: Jesucristo ilumina la existencia, revela al Padre y abre el camino de la salvación. La oscuridad representa el pecado, la muerte, la ignorancia y la desesperanza; la luz manifiesta la vida nueva ofrecida por Dios.

Celebración litúrgica

El tiempo de Navidad

La Navidad inaugura el tiempo de Navidad, que comienza con las primeras vísperas de la solemnidad de la Natividad del Señor y se prolonga hasta la fiesta del Bautismo del Señor, aunque la duración concreta del calendario depende de la ordenación litúrgica de cada año.

La solemnidad cuenta con varias celebraciones eucarísticas: la misa vespertina de la vigilia, la misa de medianoche, la misa de la aurora y la misa del día. Cada celebración contempla un aspecto propio del misterio: la espera vigilante, el nacimiento del Salvador, el anuncio a los pastores y la contemplación del Verbo eterno hecho carne.

La octava de Navidad

La Iglesia prolonga la solemnidad durante una octava. Dentro de estos días celebra fiestas relacionadas con el misterio de la Encarnación:

  • San Esteban, protomártir, testigo de Cristo hasta la entrega de la vida.
  • San Juan, apóstol y evangelista, testigo privilegiado del Verbo hecho carne.
  • Los Santos Inocentes, niños asesinados por orden de Herodes.
  • La fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, en el domingo comprendido dentro de la octava o el 30 de diciembre cuando no existe ese domingo.
  • La solemnidad de Santa María, Madre de Dios, el 1 de enero.

Estas celebraciones muestran que la Navidad no constituye un episodio aislado. El nacimiento de Cristo conduce al testimonio, al martirio, a la vida familiar, a la maternidad de María y a la misión universal de la Iglesia.

Iconografía de la Natividad

La iconografía cristiana representa habitualmente a Jesús niño junto a María y José. También aparecen el pesebre, los pastores, los ángeles, el buey y el asno, la estrella y, en muchas composiciones, los Magos.

Los Evangelios mencionan el pesebre, a María, a José, a los pastores y a los ángeles; no mencionan expresamente el buey y el asno. Estos animales proceden de la tradición interpretativa cristiana, que relacionó la escena con textos proféticos y vio en ellos una imagen de la creación que reconoce a su Señor.

Las representaciones antiguas aparecen en iglesias, mosaicos, sarcófagos y manuscritos. Con el paso de los siglos, la escena incorporó paisajes, arquitecturas, personajes locales y elementos propios de cada cultura. La iconografía de la Natividad no pretende ofrecer una reconstrucción arqueológica completa, sino hacer visible el misterio de la Encarnación y conducir a la contemplación.

Teología de la humildad

El nacimiento de Jesús manifiesta una lógica divina distinta de los criterios habituales del poder. El Salvador no aparece en un palacio, sino en la pobreza; no recibe primero el homenaje de los poderosos, sino el de unos pastores y unos extranjeros; no ejerce violencia, sino que depende de la protección de sus padres.

La humildad de Belén no significa que la pobreza constituya un bien absoluto ni que la injusticia deba aceptarse pasivamente. La escena revela, más bien, la cercanía de Dios a los pequeños y la dignidad de toda vida humana. El niño vulnerable de Belén reclama acogida, protección y cuidado.

La Navidad también ilumina la vida familiar. José acoge una misión difícil, María ofrece su consentimiento y ambos protegen al niño. La Sagrada Familia aparece sometida a desplazamientos, amenazas y precariedad, pero permanece unida por la obediencia a Dios y por el amor.

Proyección espiritual y social

La celebración de la Navidad invita a recibir a Cristo con fe, como María; a obedecer con disponibilidad, como José; a buscarlo con perseverancia, como los Magos; y a anunciarlo con alegría, como los pastores.

La Navidad exige también una respuesta concreta ante quienes carecen de hogar, padecen hambre, huyen de la violencia o viven abandonados. La contemplación del niño acostado en un pesebre no puede separarse de la defensa de la dignidad de los débiles.

El misterio de Belén alcanza su plenitud en el conjunto de la vida de Cristo. El niño que nace es el mismo Señor que anuncia el Reino, perdona los pecados, entrega su vida en la cruz y resucita. Por eso la Navidad no constituye una celebración sentimental separada del misterio pascual: el nacimiento inaugura la obra salvadora que culminará en la Pascua.

Conclusión

La Navidad proclama que Dios ha entrado verdaderamente en la historia humana. Jesús nace de la Virgen María, en Belén, y es colocado en un pesebre. Los pastores reciben el primer anuncio; los Magos representan a las naciones; María y José custodian al Salvador; y la Iglesia contempla en el niño la luz que vence las tinieblas.

La solemnidad de la Natividad del Señor invita a reconocer en la humildad de Belén la grandeza del amor divino: Dios está con nosotros y viene para salvarnos.

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 1 (1993). 2
  2. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Lucas 1 (1993).
  3. Papa Francisco. Admirabile signum, 2 (2019). 2 3
  4. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 2 (1993). 2 3 4 5
  5. Parte dos ars praedicandi - IV. La época navideña - D. La solemnidad de la Epifanía, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 124 (2014).
  6. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 217 (1999).
  7. Navidad, Enciclopedia Católica, Navidad (1913). 2
  8. Parte dos ars praedicandi - IV. La época navideña - A. Las liturgias de Navidad, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 111 (2014). 2
  9. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: El año litúrgico y la piedad popular - En adviento - La cuna, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio de la piedad popular y la liturgia: Principios y directrices, 104 (2002).
Modificado el 14 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.57Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/6975pgfhv

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